Campesinos prefieren mierda capitalina que agua limpia para sus cultivos

Cultura ColectivaMiércoles, 26 de abril de 2017 12:21

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Una inversión de 530 millones de dólares por parte del gobierno mexicano es el centro del conflicto entre campesinos y las autoridades. Las intenciones son las de construir la planta purificadora de agua más grande en su tipo de toda América Latina, algo que podría interpretarse como una acción a favor de los habitantes de Atotonilco, en el céntrico estado de Hidalgo, pero los campesinos se oponen; ellos quieren seguir regando sus cultivos con el agua con mierda que reciben de la Ciudad de México.

“Mis abuelos andaban con el pico, con la pala, abriendo los canales”, cuenta a AP Teresa Álvarez, una abuela de 69 años que cultiva alfalfa, maíz y trigo en Tepatepec, una localidad que aprovecha las aguas residuales de la capital del país para irrigar sus cultivos. “Entonces no es justo que ahora de buenas a primeras nos están quitando el agua, vamos a luchar”.

Desde 1895 un decreto presidencial permitió que los campesinos del Valle del Mezquital pudieran usar las aguas residuales de la Ciudad de México para irrigar sus cultivos, aún sin ser tratada, y hasta la fecha es una situación que tiene satisfechas a las personas que trabajan las tierras de esa zona, pues están seguras que ese maloliente líquido está repleto de nutrientes que funcionan como fertilizantes y por eso es que pueden abastecer la demanda de alimentos para el estado de Hidalgo, el Estado de México y también la capital del país.

Es por eso que el proyecto de una planta tratadora de agua, lejos de hacerlos estallar en júbilo por al fin tener agua limpia para cubrir sus necesidades, desató el enojo de los pobladores de la zona, pues aseguran que sin los nutrientes de la mierda capitalina, la cantidad de vegetales que cosechan caerá hasta en un 50 por ciento.

En entrevista para AP, Fernando Sánchez, un campesino de 37 años que se opone rotundamente a tener agua limpia para sus tierras, dijo que tan sólo las plantaciones de maíz producen en promedio entre 15 y 18 toneladas al año, pero si empiezan a regar la siembra con agua purificada, su producción ni siquiera se acercará a las 10 toneladas.

Además, varios campesinos están preocupados porque posiblemente aumentarán los costos de cosecha y por lo tanto, también de venta y esto ahuyentará a sus compradores, los cuales son principalmente mayoristas de la Ciudad de México y vendedores de la Central de Abasto capitalina; el agua residual funcionaba también como fertilizante debido a los desechos orgánicos humanos que contenía, situación que se evitará con la planta tratadora de agua y tendrán que gastar en productos químicos para estimular sus cultivos.

Las autoridades están apegándose a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, las cuales advierten que usar aguas residuales aumenta el riesgo de que los alimentos se contaminen con bacterias que pueden provocar enfermedades como salmonella y cólera, así como infecciones estomacales severas.

“Ojalá haya menos enfermedades en los humanos”, declaró Silvino García, un campesino de 62 años que cultiva cebada gracias al agua residual, sin embargo él también está convencido de que la planta tratadora de agua disminuirá su producción.

Una realidad es que la mayoría de los cultivos de la zona no son peligrosos para los humanos; la alfalfa, por ejemplo, se usa para alimentar animales, mientras que el maíz crece alejado de la tierra y posee una cáscara gruesa que lo protege, pero hay otros, como la coliflor, el brócoli y cilantro que se venden en mercados y, si no se cocinan ni se desinfectan bien, representan un riesgo para la salud.

Pero los campesinos no creen que esta situación sea tan importante; Manuel Ortega, de 89 años, asegura que toda su familia se crió comiendo vegetales que ahí se cultivan y nunca se enfermaron, incluso asegura que es común que se laven las manos con el agua sucia y pestilente antes de sentarse a comer.

“Nunca me ha dado chorrillo”, dice riendo, refiriéndose a la diarrea.

Las autoridades han rechazado varias solicitudes de frenar la construcción de la planta y se espera que a finales de este año comience a funcionar, pero los campesinos amenazan que si no los dejan seguir regando sus tierras con aguas residuales, tomarán las instalaciones para evitar que la obra de millonaria inversión comience a operar.

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