OPINIÓN: Arte en México y Alemania

Enrique G de la GJueves, 15 de noviembre de 2018 15:51

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Enrique G de la G traza similitudes y diferencias entre México y Alemania en cuanto a producción y consumo de arte.


El taller de réplicas

Hace 199 años, al emperador prusiano se le ocurrió fundar un taller de réplicas de estatuas. Desde entonces, la Gipsformerei de Berlín ha acumulado moldes de más de 7,000 estatuas. La más alta es la columna romana de Marco Aurelio, que mide 42 metros, y la más pequeña es un escarabajo egipcio del tamaño de una uña.


Este taller es el más importante en el mundo. Jeff Koons mandó hacer aquí una serie de estatuas griegas para su serie “Gazing Ball”.


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Foto: Jeff Koons


Y también aquí se hizo la copia de la estatua ecuestre de Federico Guillermo I de Brandeburgo, que se encuentra a la entrada del Palacio de Charlottenburgo, y que se envió puntualmente a Puebla para la inauguración del Museo Internacional del Barroco. Los moldes son tan precisos que los expertos dicen que, paradójicamente, esta copia es más fidedigna al original que la misma original, pues esta ha sufrido daños por estar a la intemperie.


Mientras paseaba por el taller de réplicas me acordé de la Academia de San Carlos, que está repleta de copias de esculturas clásicas. El cuidado de los alemanes contrasta con la negligencia de los mexicanos: estas esculturas han sobrevivido a dos guerras mundiales, mientras que el San Jorge de Donatello chilango sufrió degüello y múltiples fracturas por parte de los vendedores ambulantes, porque se les ocurrió usar el cuello para amarrar los mecates de sus puestos.


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Preparando la estatua del caballo para el museo de Puebla. (Foto: Thilo Rückeis)


Las artotecas

Pensando en qué podemos aprenderles a los alemanes en términos de arte, me fui a otra institución alucinante de Berlín: la artoteca. Aunque debo decirlo en plural, pues son ocho. Son una especie de biblioteca pública con la salvedad de que, en lugar de libros, uno se lleva prestadas a casa obras de arte: esculturas, pinturas, collages, videos, acuarelas, gouaches, fotografías, dibujos y litografías.


Todo usuario de la red de bibliotecas públicas tiene acceso al banco de obras de arte. Basta navegar un poco para darse cuenta de que se trata una oferta seria: hay obras de Picasso, Dalí, Matisse, Man Ray, Gerhard Richter, Andy Warhol, Rodin, Hermann Nitsch, Ai Weiwei, Thomas Demand… Y todo tan fácil como tomar un libro, meterlo a tu mochila y llevártelo a tu casa.


En la artoteca del centro de Berlín me tardé tres minutos en llenar el formulario. Y por tres euros me llevé un tríptico de André Kirchner. Kirchner es un fotógrafo de Erlangen que está celebrando sus sesenta años con una gran exposición en Berlín. Y aunque quería ir desde hace varias semanas no había logrado ver su expo, tuve ahora la graciosa fortuna de que me prestaran tres fotazas suyas de esa serie donde se respira el vacío, el perfecto contrapunto al trabajo fotográfico que ha desarrollado Wim Wenders en Estados Unidos, no solo por la geografía, sino porque Kirchner utiliza el blanco y negro, mientras que Wenders colores muy saturados.


Y como sucede en las bibliotecas, de las que sale uno amigo de autores que no conocía al entrar, salí también con una foto de Frank Silberbach, fotógrafo desconocido para mí. La tengo aquí solo porque me gustó. Gracias a eso, ahora sé quién es Silberbach, ya me metí a su sitio web, ya leí sobre su cámara japonesa y demás.


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(Foto: Enrique G de la G)


En Alemania, “el arte de prestar arte”, como lo llaman los encargados de las fototecas, tiene una tradición de doscientos años. Surgió con la idea –¿utópica, romántica, idealista?– de hacer más comprensivo el arte y ponerlo al alcance de cualquiera. No solo el archimillonario puede tener su colección, cualquier hijo de vecino puede tener arte y disfrutarlo en su casa, aunque sea prestado por unos meses. Precisamente la precariedad económica de las dos posguerras alemanas le dio alas a las artotecas, pues la gente tenía gastos prioritarios y, sin embargo, podían darse el pequeño gusto de tener arte de primera frente a sus ojos.


Existen hoy más de 130 artotecas en Alemania. Preguntarse si el carácter alemán ha permitido que se multipliquen las artotecas o si precisamente el arte ha forjado el carácter de los alemanes es preguntarse por el huevo y la gallina. No sé qué sea primero, quizá sea justo la conjunción de las dos cosas lo que haga que funcionen estas instituciones.


André Malraux copió la idea en Francia y la propagó con el ánimo de que la gente de la provincia, y no solo los parisinos, pudieran gozar del arte. Luego, en los años ochenta, Miterrand lo secundó y fundó artotecas en otros municipios.


En México, el MUAC lanzó el programa “El MUAC en tu casa”, que consiste en prestar algunas obras a estudiantes de prepa. Es un inicio muy modesto y el préstamo se entiende más como premio que como servicio. Celebro esta idea, pero creo que debe evolucionar y ser más directo y amplio. Claro, no es difícil imaginar lo que podría pasar –piezas robadas, perdidas, estropeadas, falsificadas, clonadas, pirateadas–, pero hay que abrir brecha a base de machetazos de arte. Porque si el arte no es subversivo, ¿qué lo es hoy?


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Para leer


Arthur C. Danto

Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia

Paidós (2010), 320 páginas



¿Cómo es posible que Jeff Koons mande hacer en un taller alemán una copia de una escultura griega y que con tan solo ponerle encima una esfera azul ya sea una obra suya? ¿Y por qué eso vale tanto dinero? ¿Y por qué si Banksy rasga su obra vale el doble, y si yo la rompiera tendría que pagarla por haberla destruido? ¿Cuáles son, pues, las reglas del arte contemporáneo?


Hay por ahí voces que gritan sinsentidos y barbaridades. Es mejor ignorarlas y, si se quiere entender, acudir a los que sí saben. Por eso sugiero, de entre los entendidos, comenzar quizá por Arthur Danto, aunque debe saberse filosofía para seguirle bien el hilo.

Desde hace cincuenta años, Danto piensa que hoy ya no se “puede aplicar la estética de la pureza”, por lo que el arte está muerto.


Danto no quiso decir que ya no se puede hacer arte –eso habría sido absurdo–, sino que la narrativa del arte ya no se hace lineal o cronológicamente, sino que hay una explosión de discursos inconexos. Por lo tanto, el arte contemporáneo utiliza el arte del pasado para el uso que quiera darle, dice Danto. Esto ayuda a entender que Koons vaya a Berlín y pague para que el taller de réplicas le tenga su pedido listo para su siguiente exposición. Pero mejor hay que leer a Danto directamente.


Enrique G de la G

[email protected]


*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.



ETIQUETAS: cultura
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Enrique G de la G Enrique G de la G Ghostwriter y editor

Escritor fantasma y columnista cultural. Regio por nacimiento, berlinés por elección. Me muevo en bici y viajo en moto.

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