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MUNDO

Niños que crecen cerca de la naturaleza tienen mejor desarrollo cerebral

Científicos españoles comprueban que los niños que crecen en contacto con la naturaleza tienen mayor capacidad de atención, análisis y memoria

Crecer con la naturaleza a la vista de la ventana o de una breve caminata, incluso en las ciudades más pobladas y contaminadas del mundo, es bueno para la salud.

Así lo aseguran investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), quienes a través de una serie de pruebas determinaron que «la exposición a zonas verdes en la infancia está vinculada con cambios positivos en las estructuras cerebrales».

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Si se apela a la cultura popular parece obvio, pero hasta ahora no se tenían mediciones exactas del vínculo entre la exposición a áreas verdes y el desarrollo positivo de las estructuras cerebrales.

La muestra de 253 niños de distintas zonas de Barcelona le probó a los investigadores algunas hipótesis, como que los niños que viven en hogares rodeados de espacios más verdes tienden a presentar mayores volúmenes de materia blanca y gris en áreas del cerebro vinculadas a la función cognitiva, lo que implica beneficiosos en el desarrollo de los niños.

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Las pruebas de memoria y atención fueron hechas a 253 niños de 39 escuelas en Barcelona. (Foto: Pexels)

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El Proyecto Breathe cobija esta investigación dentro de una serie de análisis que indagan sobre el impacto de la contaminación en la salud y el desarrollo cerebral de niños, y a través de las cuales han probado que la contaminación genera un efecto negativo en la capacidad de atención, el análisis de problemas y la memoria.

Las pruebas tomaron en cuenta el desarrollo cerebral de los niños desde su nacimiento hasta los 7 y 11 años y siguieron su educación en 39 escuelas de Barcelona. A lo largo de este tiempo, los investigadores realizaron cuatro visitas de control y en ellas les hicieron pruebas de análisis de información, atención y memoria.

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Las pruebas del impacto de la naturaleza resultaron positivas a nivel neurológico para los niños que crecieron en ambientes con poca contaminación y en contacto con la naturaleza, en cambio para los que crecieron en zonas urbanas con poco contacto natural fueron negativas respecto a la restauración neurológica y la estimulación psicológica como la creatividad.

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