OPINIÓN: Las ineficiencias energéticas están destruyendo nuestro planeta

José María RamosMartes, 20 de noviembre de 2018 12:02

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Nuestra producción y consumo energético se está volteando contra nosotros y nos está destruyendo.


Una parte importante de la energía que se consume en México y el mundo proviene de plantas termoeléctricas, aquellas que queman derivados pesados del petróleo y aquellas que usan combustible nuclear, las cuales aprovechan la radioactividad de elementos radioactivos como el uranio y plutonio.


Así es, aunque no es bien conocido, México cuenta con dos reactores nucleares totalmente funcionales instalados en la planta de la CFE de Laguna Verde, Veracruz, con capacidad instalada de mil 640 mega watts, suficiente para proveer de energía a un millón de hogares.


Al paso del tiempo nos hemos dado cuenta que generar electricidad usando estos y otros métodos vienen con un alto costo, que, aunque no paguemos con nuestra cartera, lo vemos en el deterioro ambiental. Los derivados del petróleo que se destinan para su conversión a electricidad en las termoeléctricas son ricos en azufre, contaminante que se vaporiza directamente al ambiente creando compuestos tóxicos que respiramos o que caen como lluvia ácida al ser lavados por las lluvias destruyendo así cultivos y contaminando los mantos acuíferos, nuestras reservas de agua potable.


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No es tan conocido que en México existen reactores nucleares en Laguna Verde, Veracruz. (Foto: Energía Nuclear)


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No hace falta ser científico para apreciar este fenómeno, basta circular por las carreteras que rodean las grandes ciudades del mundo a la hora del atardecer para ver las grandes chimeneas de las termoeléctricas lanzando un caudal aparentemente infinito de gas neblinoso a la atmósfera que al interactuar con la luz del atardecer produce una serie de colores naranjas y rojos tan espectaculares como tóxicos.


Las plantas nucleares también tienen un gran problema ambiental al cual no se le ha podido encontrar una solución definitiva. Aunque a la hora de operar las plantas nucleares son aparentemente limpias y no generan residuos más que vapor de agua, después de un tiempo determinado su combustible o elementos radioactivos tienen que ser retirados y almacenados. Sí, pero ¿almacenados dónde? Esos residuos son altamente peligrosos, debido a su radioactividad pueden causar daños irreversibles si humanos, plantas y animales entran en contacto cercano con ellos. 


Una cantidad bestial de residuos radioactivos han sido enterrados y almacenados, muchos responsables de catástrofes ambientales que todavía dañan nuestro medio ambiente. Algunos ejemplos de lugares en donde existen desechos nucleares con concentraciones peligrosas para visitar incluyen: 


  • Chernobyl, Ucrania.
  • Lago Karachay, Rusia.
  • Isla de Ruinit, Islas Marshal.


Para todo el daño ambiental que implica generar energía de las maneras antes descritas seguramente te sorprenderá saber que en dichas plantas, aproximadamente el 66% de la energía que contiene el combustible usado se desperdicia. Así es, sólo un 34% de la energía química disponible en el petróleo o el elemento radioactivo se convierte en electricidad. El restante se disipa como calor de desecho en aire caliente, columnas de vapor y otras ineficiencias.


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Chernobyl es un ejemplo del peligro que representan las plantas nucleares. (Foto: ABC News)


Cuando hablamos de combustibles líquidos como la gasolina y el diésel tampoco aprovechamos enteramente la energía química almacenada en dichas moléculas: los motores de gasolina típicamente convierten no más de 30% de la energía de este combustible en movimiento, así como lo escuchas, de los $20 pesos que pagas por litro 70% se pierde en calor. Los motores diésel son más eficientes al aprovechar más del 50% de su energía. 


Ahora pensemos en los desperdicios adicionales a los que ya nos acostumbramos: autos circulando con 1 persona a bordo (a veces camionetas), un baño de agua caliente de 15-30 minutos, un desperdicio total de toda la comida que producimos entre el 25-50%, mismos cultivos que fueron trasladados a las centrales de abastos de las ciudades en camiones de combustible diésel.


Es preciso reducir el desperdicio e ineficiencia en nuestro consumo energético de combustibles ya de por si ineficientes. Aunque vienen en camino mejores alternativas de transporte que bien puedan ayudarnos a ser más eficientes el deterioro está sucediendo ahora y es real.


Por más que podamos pagar nuestros "lujitos" como tener una camionetota sólo para trasladarme yo solo de manera cómoda o servirme toda la comida que quiera para después tirar la que ya no me apetecía el medio ambiente está pagando el precio que no vemos reflejado en nuestro ticket de consumo.


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Es este deterioro que las generaciones de hoy estamos infringiendo en el medio ambiente dado que no consiente o inconscientemente sabemos que no seremos nosotros quien paguemos los platos rotos. Sin embargo, son nuestros hijos y nietos quienes ya comienzan a sentir los estragos no sólo del cambio climático sino de una tierra, agua y aire que se han ido toxificando, haciendo la vida mucho más problemática pero también mucho más cara.


El intenso deseo por obtener dinero a corto plazo nos llevará a no poder habitar de manera saludable en ciudades como lo son hoy Nueva Delhi la capital de la India, o Beijing, la capital de China, metrópolis en donde su aire ya hoy en día excede los valores permisibles de contaminación para garantizar una vida saludable. Es en estos escenarios donde la expectativa de vida ha decaído considerablemente, principalmente por cuestiones pulmonares, pero también por un incremento en los casos de cáncer, enfermedad que está relacionada con la exposición de ciertos compuestos petrolíferos, como es el caso del benceno.



El benceno es un probado compuesto cancerígeno de la familia de los aromáticos, un coctel de moléculas que son abundantes en la gasolina. Seguramente has notado el olor típico de una gasolinera, agradable para muchos. Son estos los compuestos aromáticos y un poco de benceno.


Me parece que el ejemplo más extremo y triste con respecto a la peligrosidad química de compuestos como los aromáticos son los ‘traga fuegos’, aquellas personas, que, para entretener a los automovilistas en los semáforos, escupen gasolina lanzando humeantes llamaradas. Tristemente este espectáculo los lleva muy seguramente a padecer cáncer de garganta o lengua.


Nuestro entorno y ecosistema ha aguantado y pagado el precio por nuestro consumo ineficiente sin mucha queja, pero nuestra insaciable sed por más consumo y más lujo nos está haciendo que nos comencemos a destruir nosotros mismos.


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ETIQUETAS: Contaminación Medio ambiente
REFERENCIAS:
José María Ramos José María Ramos

Especialista en refinería de petróleo, biocombustibles e innovación tecnológica enfocada a start-ups.

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