Abuelito con alzheimer cree que aplausos de los balcones son para él

Lau AlmarazLunes, 23 de marzo de 2020 11:41

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Una mujer hace creer a su esposo que los aplausos que dan sus vecinos a los médicos, son para él.


Hermann Schreiber es octogenario como su esposa, Teresa Domínguez. Los dos sufren alzheimer. Ella, gallega, dominaba el alemán, pero ya no. Ni siquiera habla. Él, oriundo del país germano, no recuerda apenas el español que tanto controlaba. Pero de lo que no se olvida es de tocar su inseparable armónica.


Aprendió la técnica a los cinco años, en ello se entretenía mientras su madre preparaba mantequilla y ahora, cada día, cuando la gente aplaude a los sanitarios desde sus balcones, él acude presto a su ventana, en la ciudad de Vigo. Cree que esos vecinos de las casas de al lado son su público y no duda en ofrecerles un auténtico recital con ese instrumento de viento que siempre lo ha acompañado.


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"Es muy sensible, de emoción fácil”

A esa sensación, la de sentir que está ante el respetable, no ha llegado él por una ocurrencia cualquiera. Se lo ha hecho creer así la persona que lo asiste, Tamara Sayar, que dedica la cuarentena a los “cuidados de su segundo de a bordo”, como lo llama, y que para hacerlo debidamente ha tenido que dejar a su única hija, todavía menor, al cuidado de su abuelo, el padre de ella, bombero jubilado.


”No sé si he creado un monstruo, porque ahora Hermann ensaya todo el día”, cuenta emocionada a la agencia de noticias Efe, y no duda en confesar el enorme cariño que siente hacia el intérprete al que el estado de alarma no frena. “Simpático, muy sensible, de emoción fácil”. Así lo define. “Pedazo concierto, eh, Hermann”, “¿Ves? Te has puesto nervioso. Mucho público. Yo entiendo”, le dice esta sanitaria en cada vídeo que graba de sus conciertos. Él sonríe, sigue soplando y al final bate sus propias palmas sobre la dulzaina, sumándose a la ovación.


Después, cómo no, ha de lavarse las manos. Para que jamás se le pase por alto hacerlo Tamara ha diseñado un gigantesco cartel con esa recomendación escrita en alemán y el dibujo de un varón, que se asemeja físicamente, y mucho, a su músico predilecto, el de casa.



Los dos, enfermos

Se conocieron y se casaron. Venían a España en los períodos vacacionales. También, los dos, se dedicaron durante un tiempo a repartir periódicos, eso sí, siempre juntos. Esta unión la trastocó la salud. Los hijos de Teresa empezaron a darse cuenta de que ella estaba perdiendo su segundo idioma y de que se desorientaba mucho. Todo esto ocurrió hace ya más de un lustro.

Decidieron entonces que lo mejor era que estuviese en Galicia. Hermann se quedó en la casa alemana, que aún conservan, e iba y venía. Pero la fatalidad hizo que hace un año su memoria empezase, igualmente, a resquebrajarse.


Tamara Sayar, que en su domicilio gallego no les quita ojo, describe lo ocurrido de una manera tan sucinta como clarificadora: “Esta enfermedad los confinó. Como estamos ahora todos”. Hermann y un hijo de Teresa tenían previsto un viaje a Alemania, pues él sigue conservando a sus médicos allí y necesitaba seguimiento y hacerse con las medicinas que le han recetado. Por las restricciones que ha desencadenado la pandemia del Covid-19 en España y por ser él persona de alto riesgo, no pudieron tomar ese avión. Tras un proceso burocrático latoso, consiguió esos fármacos.


Con información de EFE.


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Periodista egresada de la FES Acatlán.

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