OPINIÓN: El ganso arreando al elefante

Samuel PrietoMartes, 5 de marzo de 2019 15:29

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De los cinco presidentes más recientes de la historia, Vicente Fox y Felipe Calderón lograron índices de aprobación del 70%.


Los primeros 100 días marcan el paso, el ritmo, la narrativa, el estilo, las expectativas ya reales, más allá de la campaña electoral, y el perfil de un gobierno. El del presidente Andrés Manuel López Obrador cruza ese umbral el domingo 10. 


Dice que su mayor satisfacción es el contacto constante con la gente y los apoyos de su administración a personas vulnerables como los adultos mayores. ¿Qué es lo más complejo de encabezar un gobierno como el mexicano, además con el enfoque del cambio de régimen? Su respuesta, por supuesto, tiene mucho que ver con las estructuras que dejó lo que llama el periodo neoliberal.

Qué más complejo en el gobierno, pues empujar ¿no?, al animal, porque es como un elefante, con todo respeto a los elefantes, que camina muy lento, es un cuerpo de avance lento el gobierno, porque además no estaba hecho para atender a la gente. Estos tecnócratas aprendieron de algunas fórmulas que en esencia consistían en facilitar que se hicieran negocios al amparo del poder. Eso es lo que aprendieron, eso es lo que ellos piensan que debe ser el gobierno. Así como existía antes la idea de que el gobierno tenía que ser el policía para garantizar el orden y que esa era su misión principal y dejar que las fuerzas el mercado se ocuparan de la economía y del bienestar con la idea de que si llovía fuerte arriba, goteaba abajo. Como si la riqueza fuese permeable o contagiosa. Es decir ‘que no se meta el Estado, que no se ocupe del desarrollo porque eso se da solo’. Bueno, esa misma visión es la de los tecnócratas de todo este periodo, toda esta forma de ver la administración pública, de decir ‘facilita las cosas para que se hagan negocios’, no ver al pueblo como objetivo preferente sino la realización de negocios, cómo facilitas un contrato, cómo facilitas una compra. Cuándo atendían a la gente, cuándo un servidor público hablaba con la gente, con el ciudadano, no era su función, nadie hablaba con la gente. Incluso ese es un asunto que tenemos que resolver nosotros porque hemos avanzado, tenemos comunicación con la gente pero falta más. Todavía hay quienes piensan que ser servidor público es llegar a la oficina a las 9:00, 10:00, ir a comer a las 2:00, regresar si acaso a las 5:00, irse a las 7:00, no salir de la oficina y estar ahí viendo papeles, recibiendo oficios, en reuniones, sin conocer el territorio, sin conocer a los pueblos.



Las encuestas dicen que el presidente es muy popular. Entre en 70 y el 80 por ciento de la población aprueba lo que está haciendo. Si llegó al poder con 30 millones de votos, el cálculo es que hoy el doble de personas aprueba lo que hace.


A la gente le gusta que haya conferencia de prensa todas las mañanas, que tienen bastante rating en vivo y en reproducciones posteriores por internet. También aprueba que el presidente reduzca los salarios y privilegios de los empleados del gobierno, considera un éxito el que se deshaga del avión presidencial y uno mucho mayor el combate al huachicoleo, aun con los problemas que hubo en el abasto de combustible. El pueblo bueno y sabio confía en la creación de la Guardia Nacional 


La percepción general sobre el desempeño del gobierno en temas como la lucha contra la inseguridad pública, el respeto a la libertad de expresión, la transparencia y rendición de cuentas, el combate a la corrupción y el manejo de la economía, le otorga todavía un voto de confianza bastante amplio.


De los cinco presidentes más recientes de la historia, los del llamado periodo neoliberal, Vicente Fox y Felipe Calderón lograron índices de aprobación del 70 por ciento en algún momento de sus periodos. 


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¿Una paradoja? Únicamente Carlos Salinas de Gortari, al final de su administración, alcanzó el nivel que tiene ahora Andrés Manuel López Obrador, quien lo considera la antítesis de su forma de gobernar. 


Ya nos sabemos la historia ¿no? Hoy, Salinas es visto como el villano favorito de la historia reciente, el jefe de la mafia del poder, el padre del neoliberalismo en México, el causante de la crisis que hundió a México en 1995 y hasta de la aparición del Chupacabras. 


Lo que sí es claro, es que tras la conclusión de su periodo como presidente de México, a causa de él o de las decisiones de su sucesor, el país pasó por la peor crisis económica de su historia, muchas familias perdieron sus patrimonios, miles de empresas quebraron y todavía seguimos pagando, después de tantos años, el archimillonario rescate bancario de ese entonces.


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Hoy, hablando de economía, si bien las condiciones del país son muy distintas, ese es uno de los temas en que AMLO enfrenta sus riesgos más evidentes. El viernes, la calificadora internacional Standard & Poor’s ya había reducido la nota de México de estable a negativa por sus perspectivas de crecimiento cada vez más limitadas y la incertidumbre que genera la política energética del gobierno, que ya no está permitiendo más inversión privada. Esa nota es importante porque influye en el acceso del país a financiamiento internacional y en las tasas de interés que tiene que pagar por él.


Más aun, para el lunes esa calificadora también bajó la nota a 77 instituciones mexicanas más como la Comisión Federal de Electricidad, Nacional Financiera, Banobras, Bancomext, Bansefi y hasta al Infonavit. El golpe alcanzó a bancos privados como BBVA Bancomer, Banorte, Citibanamex, HSBC, Inbursa y Scotiabank entre otros.


¿Qué tan preocupado está López Obrador por esto? Ni tanto.

Lo que considero acerca de esta calificación es que se está castigando al país por la política neoliberal que se aplicó en los últimos 36 años, que fue un rotundo fracaso, sobre todo en los últimos años y para ser más preciso, el año pasado que no teníamos nosotros nada que ver con el gobierno pero nos toca pagar los platos rotos (…) Lo único que puedo reprochar de manera fraterna, respetuosa, a las calificadoras es que durante todo ese tiempo en que imperó la corrupción en Pemex y en la Comisión Federal de Electricidad, permanecieron callados. Calificaban con 10, con excelencia.



¿Tropiezos, desaciertos y escándalos? Como todo gobierno, el de López Obrador ha tenido los suyos. Nombramientos controvertidos en el Conacyt donde la directora tenía a una modista y a un estudiante fósil entre sus mandos medios, las controversias por las declaraciones patrimoniales de funcionarios de alto nivel como la propia secretaria de Gobernación, e incluso las dudas de una parte mayoritaria en las encuestas sobre la investigación de la muerte de la gobernadora de Puebla, Martha Érika Alonso, y su esposo el senador Rafael Moreno Valle. La construcción de obras como el Tren Maya y el aeropuerto en Santa Lucía apenas sí alcanzan el apoyo de la mitad.


Hay desacuerdos claros con respeto al cambio en la política de apoyo a las estancias infantiles donde muchas madres de familia inscriben a sus hijos mientras trabajan para ganarse el sustento y a los refugios para mujeres maltratadas.


Si los temas referentes a la economía, el bienestar y la seguridad pública no muestran una evolución positiva, pueden marcar la diferencia entre la prolongación de la luna de miel y la llegada del matrimonio disfuncional. ¿O tú qué piensas?


Sigue la conversación con Samuel Prieto en Twitter a través de @Samuel_Prieto 




*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.

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