OPINIÓN: El desfile de la SEDENA y el #19S

Enrique G de la GJueves, 20 de septiembre de 2018 15:46

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mexico el desfile de la sedena

En su columna semanal, Enrique G de la G condena la puesta en escena de los rescatistas de la SEDENA durante el desfile del 16 de septiembre.


El carro alegórico

A todos nos sorprendió ver en las redes sociales un breve video de un carro alegórico que presentó la SEDENA el fin de semana durante el desfile: los rescatistas saludan ante la recreación de las ruinas de una vivienda causada por un terremoto, y de entre los escombros se yergue un brazo ensangrentado que saluda a los espectadores.


Si se hizo con intenciones de mercadotecnia, se consiguió el objetivo siempre deseado de causar conversación: ese carro alegórico y ese brazo han sido lo más comentado de un desfile desde el accidente de los cuatro aviones que chocaron en el aire durante el desfile de 1995.


Por lo demás, qué mala idea.


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El 16 de septiembre de 1995, un F-5 perdió velocidad, fue alcanzado por un T-33 y la colisión derrumbó dos aviones más.

(Foto: El Universal)


Pachanga

Sí, lo que más nos gusta en México es la pachanga. Cualquier excusa es buena para chupar y andar de parranda, no importa si es un con el embajador de Corea o una taquiza después de un velorio.


Supongo que con ese sentido de pachanga se pensó en el carro alegórico del temblor. En el video se oyen risas, quizá de quienes descubren el brazo saludador.


Hay esa dizque convicción de que el mexicano está medio por encima de la muerte, que la muerte no nos puede, y que por eso hacemos altares en noviembre con flores de cempasúchil. Pero cuando se nos muere alguien, la perspectiva cambia.


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Los binomios caninos que participaron en el Desfile del 16 de septiembre. (Foto: El Universal)


La era del cinismo

Los políticos que desgobiernan el mundo en estos momentos han dado muestras de un cinismo desorbitado. Mala cosa que ese cinismo haya llegado ya al desfile del 16 de septiembre: ¿en qué momento el dolor de los demás se convierte en espectáculo? En el momento en que cínicamente nos valemos del otro como escalón para posicionarnos más arriba, en el momento en que se trivializa a la víctima del temblor para mostrarse como héroe. Mala cosa.


¿A quién se dirige el espectáculo del brazo que sale de los escombros? Claramente no a los supervivientes ni a los familiares de quienes perdieron la vida en alguno de los temblores. Con ello se les afrenta al ignorar su dolor y al convertirlo en circo.


¿A quienes donaron su tiempo y energía para ayudar a los damnificados? Se les ningunea al no estar representados en el carro alegórico.


Parece más un happening macabro de Halloween que el despliegue de los servicios que prestan las fuerzas armadas en momentos de tragedia indecible. Hay que ponerle un alto al cinismo que está devorándolo todo mientras nos saluda muy campante desde los escombros del país.


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Este también fue parte del carro alegórico de la SEDENA en el Desfile del 16 de septiembre (Foto: El Universal)


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Para leer


Susan Sontag

Ante el dolor de los demás

Alfaguara (2003), 112 páginas


En esta misma columna recomendé el fotolibro “Grandeza mexicana”, que glorificó el trabajo de los voluntarios, pues las fotografías que circularon por las redes sociales ayudaron a que la sociedad saliera a las calles a acarrear escombro. Sin embargo, la escenificación en tercera dimensión va más allá de los que Susan Sontag pensó cuando escribió Ante el dolor de los demás, pues no se trata de una imagen sino de una recreación y de una actuación.


Susan Sontag escribió este largo ensayo, publicado como librito, hace 15 años, cuando –los lectores jóvenes ni se acordarán– salieron a la luz los escándalos en la prisión de Abu Ghraib, durante la invasión a Iraq.


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Aunque la reflexión gira en torno al uso y abuso de la fotografía en el contexto de la guerra, se puede extrapolar una tesis principal para el caso del #19S como espectáculo por parte de los soldados: ¿a quién se dirige ese espectáculo? Dice Sontag que “no hay un nosotros que pueda darse por supuesto cuando se está mirando el dolor ajeno”.


La lección moral del texto es que nos rebajamos al volvernos insensibles ante el sufrimiento de los demás. ¿Qué lugar queda para la compasión? Así como Sontag sostiene que las fotos no pueden conducir a la verdadera compasión por parte del que observa el sufrimiento ajeno, mucho menos la escenificación del damnificado por el temblor.


Enrique G de la G

Contacto: [email protected]


*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.


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ETIQUETAS: cultura
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Enrique G de la G Enrique G de la G Ghostwriter y editor

Escritor fantasma y columnista cultural. Regio por nacimiento, berlinés por elección. Me muevo en bici y viajo en moto.

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