'No tengo miedo, tengo coraje': reportera amenazada por presunto violador

Cultura ColectivaMartes, 12 de febrero de 2019 18:41

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Reportera amenazada por denunciar a un violador pide a las mujeres no quedarse calladas ante una agresión o amenaza y se suma al #NIUNAMENOS.


Por Monserrat Ortiz.


Tenía 15 años, eran las seis de la mañana e iba rumbo a la preparatoria. Al subir al transporte público, un hombre me metió la mano debajo de la falda. Entré en pánico, no quise voltear a mirar quién había sido; me quedé callada.


A los 17, un hombre me tocó y persiguió a bordo de un vagón del Metro cuando regresaba de la Universidad a las tres de la tarde. Me alejé de él, salí corriendo y me quedé callada.


A los 25, un sujeto amenazó con abusar sexualmente de mí y asesinarme tras hacer pública su violencia hacia otras mujeres, a través de una investigación periodística en un medio de comunicación nacional.


Protegido detrás de la pantalla de un dispositivo electrónico, el presunto abusador de mujeres me dirigió estas palabras:

…ahora tú por hacerlas famosas me las vas a pagar a mi Te voy a violar y después te vas a morir pendeja Y se donde trabajas te voy a esperar y no la vas a contar. Yo ya no tengo nada que perder. (sic)

amenaza contra reportera 1



La violencia sexual es, ante todo, violencia simbólica. Es desde el lenguaje donde se instauran las características de las cosas, los contrastes, las diferencias y las exlcusiones. Los insultos, las humillaciones y descalificaciones inician desde la enunciación de una ideología y anteceden a los demás estados de la violencia.


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Judith Butler (1997) explica que el lenguaje tiene una naturaleza performativa, es decir, capaz de poner al otro en una situación de subordinación a partir de la enunciación de ciertas palabras, como los insultos.


Los mensajes que recibí provienen de un discurso misógino cuyo fin principal es denigrar y subordinar no sólo a mí, sino a todas las mujeres. Cuando nos encontramos en esas situaciones de desventaja y sumisión es cuando la violencia sexual y el feminicidio cumplen con un objetivo lingüístico inicial. Por eso, en esta ocasión ya no me quedé callada.


Como las tres mujeres víctimas de violencia que ofrecieron su testimonio para mi trabajo periodístico, decidí alzar la voz con ellas y salirme de la situación de subordinación en la que me pusieron esas amenazas. Decidí que no quería ser más la víctima de él ni de ningún otro.

amenaza contra reportera 2

(Foto de la campaña No te calles).


Y no me motivó el miedo, sino el coraje: por una parte, ya no puedo tolerar las ofensas hacia la libertad de expresión, pan de cada día de las y los periodistas mexicanos. Porque cuando tocan a uno, nos tocan a todos.


Pero lo que me provoca más rabia, es que las mujeres no debiéramos salir a la calle con miedo, o preferir no salir para estar seguras en casa. No deberíamos pedir respeto a nuestras parejas, sino darlo y recibirlo como iguales. 


No debiéramos salir de casa con tasers, navajas ni tomar clases de defensa personal. En un mundo justo, deberíamos estar seguras de que vamos a salir y regresar con vida.


En México, casi el 44% de las mujeres que se encuentran en una relación afectiva, han sido víctimas de algún tipo de violencia íntima (1) por parte de su pareja. Poco más del 5 por ciento se atreve a denunciar o pedir ayuda.


La violencia inicia desde casa, con padres que no enseñan a sus niños a respetar al prójimo, hombres o mujeres; o cuando se dedican a educar a sus hijas como princesas, no como guerreras. 


Mujeres, sepan que la violencia no se puede evitar, pero es detectable e inicia desde el lenguaje: una broma pesada, un insulto; un “no te pongas ese vestido” o revisar nuestros celulares.


Un empujoncito, que luego se convierte en una cachetada, un puñetazo, una violación.


Caballeros, sepan que hablar de género no es colocarnos por encima de ustedes ni creernos superiores. Hablar de género es hablar de derechos humanos: el derecho a ser respetadas, a la no violencia, al acceso a los mismos privilegios que ustedes han gozado por siglos. El derecho a la vida.


Ya no es opción callarnos ni sentarnos a esperar que un príncipe azul llegue a salvarnos: hay que rescatarnos solas y salirnos de la subordinación en la que nos colocaron desde hace décadas.


Ya no estamos solas, nos tenemos a nosotras mismas y está en nosotras salirnos de un círculo de violencia o permitirla. Lo más importante es hablar, no quedarnos calladas ante ningún abuso.


Como mujeres y como periodistas, no nos van a callar.

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La autora es reportera en ADN40 Noticias. Hace periodismo de género y derechos humanos.

1. ENDIREH 2016.


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*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.


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