OPINIÓN: México, sede del Mundial por tercera ocasión

Cultura ColectivaJueves, 14 de junio de 2018 16:30

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En su columna "¡Órale! ¿Y eso?" Enrique G de la G, nos comparte como es que el futbol nos enseña muchas cosas, entre otras, que la vida se ha vuelto más complicada.


Nuestros tres mundiales

En medio de la avalancha de sandeces que se oyen estos días previos a las elecciones resultó una muy grata sorpresa enterarnos ayer que México será cosede del Mundial en 2026, aunque sea sólo de 10 partidos. Hasta Juan Alberto, el único de mis amigos que ayer reaccionó de manera negativa en Facebook, para hoy en la mañana ya había cambiado de opinión y estaba contento.


México 70

Cuentan mis tíos que asistir a los partidos de México 70 no fue, en términos de logística, nada del otro mundo: se iban en camión desde Monterrey hasta los estadios en el centro del país, llegaban directo a taquilla a comprar sus boletos, pedían una cerveza y a disfrutar el partido. A la antigüita, literalmente.


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México tuvo ya un Mundial en dos ocasiones anteriores. (Foto: Enrique G de la G)


México 86

Para nuestro siguiente Mundial –el primero que recuerdo–, las cosas seguían siendo bastante fáciles. Incluso el pitching fue facilísimo, casi de risa: al delegado mexicano le bastaron diez minutos a puerta cerrada con el comité de la FIFA para convencerlos de que México era el mejor candidato.


¿Le habrá dado una mordida al comité? Como sea, le hizo túnel al propio Henry Kissinger, que presentó la candidatura de Estados Unidos, y sombrerito al emisario del primer ministro canadiense, que era el papá de Justin Trudeau.


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(Foto: Annie Leibovitz)


Acá, a nivel de cancha, yo estaba en primero de primaria, y mi mayor logro del año fue convencer al prof. de ver el partido: le expliqué que mis abuelos vivían cerca, me prestó un teléfono, le llamé a la abuela, accedió, fuimos en el coche del profesor a recogerlo y llevamos la telecita –que no debía tener más de 15 pulgadas– al salón. Hoy sería imposible, los papás ya habrían demandado a la escuela y desollado al profesor.


Me acuerdo de todos los alumnos hechos bola para ver el partido.


Todos menos Gabriel. Porque cuando había partido en la ciudad llegaba un autobusito blanco con el logo del Mundial enorme a los dos lados y él se iba al estadio. Todos nos quejábamos y pataleábamos, pero nada se podía hacer.


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(Foto: Annie Leibovitz)


La historia es que habían invitado a su papá a formar parte del comité local. Le dieron dos chambas: ayudar en la administración y ser el anfitrión de la selección de Polonia. Como todo era más fácil que hoy, simplemente se pepenó a sus parientes para que le choferearan al equipo técnico.


Cuando se plantearon de dónde sacar a los recogebolas, fue fácil buscar chavos en el colegio de sus hijos. Así fue como Gabriel tuvo la excepcional suerte de estar en todos los juegos del Mundial celebrados en Monterrey (¡lo que significa que fue testigo presencial del nacimiento de La Ola!).


Como apenas tenía 7 años y poco podía hacer recogiendo balones, lo enviaron al palomar con los locutores. Pero le dieron una tarea genial: cada vez que cayera un gol, él debía escribir con un teclado la palabra GOOOOOOOL, con tantas o´s como quisiera, para animar la pantalla del estadio.


(Hoy sería inconcebible tener un niño sentado en la cabina de transmisiones del estadio picándole a la computadora.)

Pasados más de treinta años, Gabriel dice que haber visto el funcionamiento tras bambalinas de los medios de comunicación influyó de manera importante para convertirse en publicista.


Coincido con Gabriel: ningún Mundial ha tenido mejor publicidad que México 86. Claro, la hizo Annie Leibovitz. Conectó inteligentemente lo etnochic de México –en esa época la onda no era tan chic, era simplemente “neo-mexicanismo”–, sobre todo el juego de pelota prehispánico, con el soccer.


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(Foto: Annie Leibovitz)


México-USA-Canadá 2026

He visto cómo se ha complicado la vida a lo largo de los Mundiales. En Alemania fue muy fácil comprar boletos en reventa; en Sudáfrica, aunque los boletos llevaban nombre, pude entrar con boleto ajeno; del Mundial de Brasil no digo nada porque se me peló; y para el Mundial de Rusia había que hacer todo un papeleo digital para comprar boletos, y en el estadio no basta con presentar el boleto: te piden también el pasaporte y el Fan ID.


A ver qué tanto complican las cosas para el Mundial del 2026. Por lo pronto, los chistes ya empezaron.


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Para leer


Revista istor

Número 72 – primavera 2018

269 páginas



Acaba de salir un número extraordinario sobre la historia de los Mundiales de la revista istor, que dirigen Jean Meyer y David Miklos. Es una lectura obligada para acompañar a la televisión –o los viajes largos en avión o tren rusos– las próximas cuatro semanas. Contiene 20 ensayos sobre geopolítica e historia en torno al futbol.


El número abre con un ensayo de Paul Dietschy, uno de los más reconocidos historiadores del futbol, donde explica el uso político que le dio Francia al Mundial de 1938. El sociólogo argentino Sergio Levinsky presenta una relación entre el futbol y los ríos Danubio y de la Plata. Rainer Matos Franco, un experto en Rusia del Colmex, traza la evolución del futbol ruso desde 1860 hasta el Mundial que comienza hoy. La joven Adriana Islas Govea, que se tituló con una tesis sobre la sociología del futbol femenino en México, explica cómo el Mundial de 1986 ayudó a sanar las heridas que había causado el terremoto del año anterior.


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Y así, el resto de los ensayos son pases que se dan los autores a nivel internacional: Maradona, potenciado por la narración cósmica de Víctor Hugo Morales; las relaciones futbopolíticas entre Inglaterra y Argentina; en qué quedó toda la infraestructura que se produjo para Brasil 2014 y los efectos que causó; el futbol de Egipto y la Primavera Árabe, y un etcétera que despierta un interés genuino.


“Casi nadie puede escapar actualmente al futbol, menos a un Mundial”, escriben los presentadores del número. Tampoco esta columna, porque este número de istor me ha sorprendido muy gratamente. Son más de 250 páginas de buenas historias, de reflexiones estudiadas y de datos históricos que llevan a pensar hasta dónde hemos transformado el juego de la pelota, porque nadie hace caso a la advertencia de Maradona: “la pelota no se mancha”.


Enrique G de la G

[email protected]


*Las columnas de opinión de Cultura Colectiva News reflejan sólo el punto de vista del autor.


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