OPINIÓN: Cartas de madres a sus hijas víctimas de feminicidio

Cultura ColectivaViernes, 11 de mayo de 2018 15:51

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Otro 10 de mayo sin ellas, ¿algo que celebrar?


El feminicidio aniquila y rompe familias. He tenido la oportunidad de observar, leer y abrazar a algunas de las madres que se quedan rotas: dejan de comer, no duermen y ya no disfrutan la vida.


Son aquellas que a gritos piden volverse locas, que las madrugadas las llenan de sufrimiento, quienes se abrazan unas a otras y las únicas que saben que el dolor no se irá.


También son quienes tienen claro que la justicia no llegará aunque detengan al asesino de sus hijas. Son las violentadas y quienes se arrodillan ante las tumbas de sus niñas.


Cada una de ellas se ha convertido en la voz en medio del silencio de las autoridades, voces de las ausencias exigiendo justicia para sus hijas y para las hijas de otras mujeres.


Gracias a cada una de ellas por los actos de humildad, gracias por no dejar en el olvido a ninguna de sus hijas, gracias por mantenerse, que aún contra la adversidad, el dolor y el corazón vacío, no dejan de buscar y exigir justicia por nuestras mujeres y nuestras niñas.


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Cuatro madres escriben a sus hijas asesinadas, puede que ellas no puedan leer sus cartas, pero sí sensibilizar sobre el dolor que sufren a diario a la espera de justicia para miles de víctimas de feminicidio en México. (Foto: Frida Guerrera)



Aquí cuatro cartas de madres a sus hijas asesinadas: Un diez de mayo sin ellas, ¿algo que celebrar?


Blanca Estrada, mamá de Diana Lizeth Ramírez Estrada.

Asesinada en 2016. Tenía once años. Coahuila

Yo siempre había celebrado el 10 de mayo, pero desde dos años atrás, desde que me arrebataron a mi Dianita, desde que la asesinaron, ha sido un viacrucis este caminar.


Un golpe duro en el pecho que no me deja respirar, que me asfixia, un nudo en la garganta que me atraganta y no puedo hablar. Hoy que es 10 de mayo siento tantas ganas de llorar y sacar de una vez todo, todo lo que traigo dentro, quiero llorar y llorar hasta que mis ojos queden secos de tantas lágrimas.


Vivimos en un mundo de pena, de desgracias e injusticias porque nos asesinaron a nuestras mujeres, a nuestras hijas, a nuestras hermanas, madres, tías, primas, sobrinas, cuñadas.


Y mi pregunta es ¿por qué nos festejan? Si nos están asesinando. ¿Por qué sólo una fecha, un día, un mes? Debería de ser todos los días cuidarnos, respetarnos y valorarnos; todos los días, no sólo una vez al año.


Exigimos justicia y justicia para las víctimas de feminicidio. Ni una más, para así poder celebrar este 10 de mayo, Día de la Madre.


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En Ciudad Juárez una madre juega con su hijo cerca de una cruz rosa, símbolo del recuerdo del feminicidio en la frontera (Foto: Reuters)


Rosalinda Silvia García Montero, mamá de Rosalinda Estephanie Morales García.

Asesinada en diciembre 2017, tenía 29 años y era madre de un bebé. Estado de México.

Hoy me puse a escribir una carta para ti, pero más que eso son unas líneas llenas de amor, tristeza y dolor...


Hija, mi Beba, mi Fanny. Sé que sabes cómo me siento y cuánto te extraño y más aún el dolor tan grande que me produce tu partida. Me han preguntado cómo voy a festejar este 10 de mayo y pienso si hay algo qué festejar. ¿Hay alguna madre que festeje el hecho de que le hayan arrancado lo más valioso de tu vida misma? A mi hija. Mi corazón hecho pedacitos, roto, no puede festejar, mis ojos cansados de llorar en silencio y por las noches para continuar. Y me pregunto: ¿por qué sucedió? ¿Qué fue lo que pasó?


Eso no lo sé y no lo sabré. Sólo sé que eras una mujer hecha y derecha, con principios y valores, con virtudes y errores, eras mi hija, una hermosa mujer ejemplar y creo que me faltó tiempo para seguirte diciendo esto, pero déjame decirte que fuiste una bebé deseada y amada por mí. Todo mi amor se te dio.


Sé que no era demasiado amorosa y cariñosa contigo como lo deseabas, pero mi amor te lo demostré de otras maneras, sé que cuando empezaste a crecer la rebeldía de una adolescente no se escondió deseosa de ver el mundo y conquistarlo, pero sobreviviste. Tuviste muchas experiencias que te hicieron madurar y ser mejor persona, disfrutaste de esas experiencias y en cada logro tus ojos, tu sonrisa y risa radiaba de felicidad y sé que lograste conquistar en parte el mundo porque algunos proyectos y metas quedaron inconclusos.


Pero uno de esos proyectos se hizo presente y era muy importante para ti: ser mamá y ese brillo de tus ojos y toda tú tenían un brillo especial, te veías hermosa, ese mayo 2017 festejamos juntas que pronto serías mami, que tendrías a Chemita en tus brazos y yo orgullosa de ser abuelita y que este 10 de mayo de 2018 festejarías en grande tu primer año con tu bebé en brazos el ser mamá.


Pero ahora no hay nada que festejar, será el primer 10 de mayo que no estés conmigo, ya nadie me dirá mami felicidades, no hay nada que festejar, es el día más triste y doloroso para mí. Ya no estás a mi lado, en mi vida, mi hija Fanny, mi Beba hermosa, mi compañera, mi cómplice, mi amiga, sólo espero que me hayas perdonado mis torpezas y mis actitudes, pero nadie me enseñó a ser mamá y quiero que sepas que yo a ti te perdoné todo.


Ya no estás a mi lado mi niña hermosa, la que me defendía de esta vida apática y triste y sobre todo monótona en la que vivía por las diversas circunstancias que en mi vida me han pasado y tú lo sabías. Pero eso no me prohibió el amarte más que a mi vida y ten por seguro que daría mi vida como siempre te lo dije por ti.


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Una mujer sostiene una rosa en la frontera de Tijuana, un 10 de mayo del 2017 sin abrazar a sus seres queridos. (Foto: Reuters)


Mi beba, no pienses que no te amaba, te amaba demasiado y te amo y amaré siempre hasta el último aliento de vida, pero lo que más siento es no haberlo dicho más veces y darte más besos que se quedaron en mi boca y en mi corazón.


Ahora quiero que sepas que me angustia la responsabilidad tan grande que me dejaste: a tu bebé hermoso, a tu Chemita y lo peor aún en una familia que quedó fracturada por tu partida, por eso inicié preguntando por qué sucedió, qué fue lo que pasó, por qué a mí y a mi hija.


Pero sólo escucho el silencio del tiempo, del dolor de las lágrimas. Tú no pediste que te quitaran la vida, no te lo merecías. Sólo eras una mujer enamorada y que depositaste la confianza en quien no lo merecía. Eras sólo eso mi Beba, mi niña, mi todo. No sé cómo vivir con este dolor que taladra mi corazón todos los días y con este odio y rencor hacia el que te quitó la vida y te arrancó de la mía.


Le pregunto a Dios: ¿dónde estabas en ese momento que ella te necesitaba para que la protegieras y cuidaras? Espero, Dios, que el calvario que ella vivió sea para que esté contigo y que mi sufrimiento sea expiación de sus pecados.


Qué más puedo pedir, todos me dicen que tengo que soltarla, que tengo que continuar y caminar para adelante. Pero nadie te dice cómo y cómo vivir con este dolor que te parte la vida.


No soy perfecta: soy una mujer con virtudes y errores y ahora con muy poca fe en Dios. Sé que él no tiene la culpa, pero dónde estaba.


Ahora sé que no soy tan fuerte como me sentía, pero tengo que sacar fuerzas desde lo más profundo de mi ser, de mi corazón para continuar.


Por eso con una mano, con un brazo levanto a mi Chemita para continuar, y con la otra y el otro brazo me levanto cada que me caigo, cada mañana.


la columna rota cartas de madres a sus hijas victimas de feminicidio 4 Una mujer espera sentada para ver entre las rejas de la frontera de Tijuana con San Diego a uno de sus familiares un 10 de mayo del 2017. (Foto: Reuters)


No tengo derecho a enfermar, ni a estar cansada, ya que mi nieto Chemita me necesita. Es duro reconocer que estoy sola sin una mano que me ayude a levantarme, estoy sola en este proceso, pero es bueno reconocer que tengo mucho amor de familiares, [email protected] Pero me siento sola, creo que no basta.


Fanny, dame fuerzas porque no sé cómo le hacías tú para continuar, de dónde sacabas fuerzas y coraje ante las adversidades. Reconozco que soy una cobarde.


Un día te dije que quería ser como tú de alegre, fuerte, amorosa, pero no me contestaste la pregunta sólo me dijiste: «Mami, ma, gordiss, yo te amo mucho como eres, no lo dudes». Ahora dime cómo serlo. Dios, cómo ser fuerte ante este dolor y pena.¿Por qué a mí, señor? ¿Qué acaso he sido muy mala en mi vida, como hija, hermana, esposa, madre, amiga? ¿Es un castigo o es una prueba para ser más fuerte, piadosa y cambiar? ¿Cuántas veces te ofrecí mi vida a cambio de la de ella? Yo ya había vivido, disfrutado, a ella le faltó mucho, le hace falta a su bebé Chemita.


Por qué a ella, tan especial, linda, hermosa, preocupada por los demás y por los animales, por eso mucha gente la quería, su peor error fue confiar y amar a un miserable, mentiroso, bestia, hipócrita, poco hombre, mala entraña que no le bastó engañarla, sino que quería más y lo hizo: su gran trofeo fue el quitarle la vida.


No le importó dejar a un bebé huérfano, una familia fracturada, inmersa en este mar de dolor y llanto, Dios, qué hacer con este dolor, hija, Fanny qué hago. ¡AYÚDAME!


Sabes que no descansaré hasta que se te haga JUSTICIA Y JUSTICIA. QUE SE ESCUCHE MI VOZ. QUE SE ESCUCHE TU VOZ.


Trataré de seguir sobreviviendo por tu bebé Chemita, para hacerlo un hombre de bien como lo deseabas, siempre estarás en mi mente, en mi alma, en mi vida. Pido a Dios la fortaleza y la fe que me falta para continuar.


Algún día nos reuniremos, así que espérame, pero aún no es tiempo. «ME DEJASTE LO MÁS VALIOSO PARA TI QUE CADA MAÑANA LO VEO AL DESPERTAR». Nunca te olvidaré TE AMO, TE AMÉ, TE AMARÉ ETERNAMENTE, HASTA EL ÚLTIMO ALIENTO DE MI VIDA... TE EXTRAÑO... DIOS TE DIO ALAS ANTES DE TIEMPO...». Mi ángel del cielo... Tu mamá, tu gordiss.


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Una madre grita en la marcha del Día de las Madres en Reforma para exigir justicia para los hijos e hijas víctimas de desaparición forzada. (Foto: Reuters)


Saira Valenzuela, mamá de Mariana Joselin Baltierra Valenzuela.

Asesinada en julio 2017, tenía 18 años. Estado de México

Mi Jos...


Se acerca mi primer 10 de mayo sin ti, aún recuerdo los anteriores, pero sobre todo el último que estuviste a mi lado.


Ese 10 de mayo en el que tú y tu hermano me llevaron a comer como cada año que buscaban festejarme, y tú siempre preocupada por darme un regalo que me agradara, no te importaba gastar lo poco o mucho que tenías.


Recuerdo mucho ese 10 de mayo porque te dije que no tenías que darme nada, me molesté un poco y te hice sentir mal, no supe decirte de manera adecuada que no quería que te gastaras tu dinero en mí, pues lo importante era tenerlos a mi lado.


Pero igual herí tus sentimientos, te pedí perdón y tú como el ángel que siempre fuiste me abrazaste y me perdonaste, sin embargo, yo no me puedo perdonar por haber herido tus sentimientos, te pido perdón de nuevo por aquel día, mi vida.


¿Sabes? Aquel día de las madres fue el último para mí, en él fui feliz, pues estabas a mi lado y tenía todos los motivos del mundo para celebrarlo porque mis hijos estaban conmigo. Hoy tú ya no estás para cantarme las mañanitas, para abrazarme y decirme lo mucho que me quieres o para acompañarme en todo momento, los días de las madres ya no tienen el mismo significado pues te arrancó de mi lado un animal, el mismo que me robó todo y te lastimó tanto sin ningún derecho ni motivo.


El 10 de mayo se acerca y yo me siento tan triste y sola, me cuesta trabajo dormir y sólo pienso en ti, en lo mucho que te extraño, y que desearía estar en una pesadilla. No tengo ni siquiera el consuelo de verte en mis sueños pues parece que ni eso merezco.


No puedo pensar en otra cosa que poder hacerte justicia, pero ese día parece estar más lejano cada vez.


Lo único que deseo para este 10 de mayo es volverte a ver y tenerte a mi lado de nuevo, pero parece que eso tampoco es posible.


Entonces sólo aspiraré a que aparezca tu asesino Juan de la Cruz Quintero Martínez y pague todo el daño que nos hizo, sólo eso sería bueno para mí en este 10 de mayo.


Morenita, no es suficiente pero siempre estás en mis pensamientos y en mi corazón, me duele el alma cada día que paso sin ti, sin tus ocurrencias ni tus risas por culpa de ese desgraciado, pero seguiré buscando porque mereces justicia, dame fuerza y guía mi camino para lograrlo.


Ojalá pudieras leer estas palabras o asomarte a mi corazón para que sepas lo mucho que te amo, lo mucho que te extraño y lo mucho que me duele tu ausencia. Una vez más perdóname por no haberte sabido proteger: esa era mi misión más importante en la vida, protegerte y ser buena madre para ti y fallé.


#JusticiaParaMarianaJoselin


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Mujeres se manifiestan este 10 de mayo para mostrar los rostros de sus hijos y familiares desaparecidos en México. (Foto: Reuters)


Wendy Vázquez, mamá de Luz Adriana Castillo Vázquez.

Asesinada en abril de 2017. Tenía 19 años. Ciudad de México.


Tengo dos hermosos hijos: Luz Adriana y César Alan, soy una orgullosa mamá, no la mejor. El único legado que les podemos y podíamos dejar era nuestro ejemplo. Un ejemplo de lucha, trabajo, valores, ideales, ayudar, dar, compartir, pero sobre todo lo mejor que tenemos para ellos es el AMOR, un amor inmenso que ni la muerte puede arrancar.


César hoy en día ha tomado el papel de los dos hijos, piensa que así no extrañaré a su hermana. Me ayuda a cosas de damitas (Luz así decía, es tiempo de damitas). César, gracias, te amo, eres mi persona favorita y el consentido.


Luz fue mi primera hija (es desolador hablar en pasado, pero es mi realidad), tenía una manera muy peculiar de felicitarme: ella decía que todos los días era mi día, se esperaba hasta el último minuto del día para decirme «feliz día de la jefecita».


Fue una hija muy detallista, siempre tenía un regalo para mí, una paleta, un chocolate, unas flores, un corazón, una carta con dos líneas pero era una carta, un nuevo perro, un gato, un cuyo, de niña una vez llegó con su carriola de muñecas lleno de gusanos verdes pero fue un regalo, despegaba a los ratoncitos de las ratoneras y eran un regalo, un labial de su color favorito, un barniz con tonos de "mírame de lejos" pero eran regalos para mí, un vestido de su talla me lo compró a mí, pero como no me quedó fue para ella. Era muy ocurrente, la recuerdo y sonrío.


Los benditos festivales, una lucha eterna por poder peinarla, nunca le gustó peinarse, siempre traía el pelo suelto y un hermoso fleco que ella misma se cortaba. No le gustaba que nadie le tocara su fleco. Un fleco todo mocho, chueco, a la mitad de la cabeza.


Hoy me hace mucha falta, la extraño de pies a cabeza, cómo poder celebrar y pensar que no pasa nada. Al día de hoy luchamos por JUSTICIA Y JUSTICIA, un camino largo y pesado.


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Una mujer junto a un niño sostiene una lona con el logo de "No más sangre", símbolo de la lucha del poeta Javier Sicilia a quien narcotraficantes asesinaron a su hijo. (Foto: Reuters)


El papel de mamá nada ni nadie me lo quita, aquí estoy, tu partida me enseñó a seguir adelante, a que la vida es una línea recta “dolor y amor”, a la aceptación, a elegir, a construir, a que siempre hay algo para sonreír, los nada, los nunca, los todos y los siempres no existen, a ser mejor cada día, pero sobre todo a vivir la vida. A honrar la vida.


Pero es un gran paradigma en mi vida: como mujer estoy rota, incompleta, insegura, con mucho miedo, coraje, rabia, frustración, impotencia, anulada, herida, vulnerable y con un inmenso dolor que inunda toda mi ser. Y ese no sé y no entiendo cómo sana, un día estoy mal y pienso que no puede ser peor, pero sorpresa, hay otro peor y otro más peor.


Pero aquí estoy lista para lo que viene, lista para seguir gritando y exigiendo JUSTICIA Y JUSTICIA.


Pero Wendy es sólo un eslabón de una gran cadena.


Evelía, Rosario, Clarita, Mirna, Lore, Saira, Cony, Roby, Irinea, Sacrisanta, Blanca, Claudia, Elvira, Ely, Laura, Ligia, Martha, Verónica, y a las que omití su nombre las llamaré guerreras.


Todas incompletas, vacías por uno o unos asesinos que decidieron arrancarnos lo más preciado de nuestras vidas, gracias a ellos estamos en este camino que nosotras no elegimos, ustedes asesinos eligieron por nosotras. Nosotras no pedimos estar aquí, a nosotras nos pusieron ustedes aquí.


Quisieron apagar la luz de nuestras mujeres, pero no contaron que nosotras las haríamos brillar más y no dejaremos que su luz se extinga. Su esencia y su voz están con más fuerza que nunca.


A cada una de ustedes todo mi cariño, amor y respeto, un abrazo y “FELIZ DÍA DE LA MADRE”.


“TU LUZ ES MI FUERZA”. Te amo y vives en mí.


Mi hermosa y amada hija LUZ ADRIANA CASTILLO VÁZQUEZ.


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