Itinerario 68: lecturas para aproximarse a la masacre

Cultura ColectivaMartes, 2 de octubre de 2018 19:17

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A pesar de sus convicciones de juventud, Paz encontró su lugar en la soledad de su cuarto desde donde escribió y disparó siempre a favor de la libertad.

Por Joaquín Guillén.


La limpidez

Meses antes de la inauguración de las Olimpiadas que se celebraron en México en 1968, el comité organizador le propuso a Octavio Paz escribir una cantata que sería leída en la inauguración. Declinó la invitación, según le dijo a Carlos Fuentes, porque “la única cantata que yo escribiría sería en honor de los estudiantes que se manifiestan en Varsovia, París, Berlín y Madrid”. Tras los sucesos de la matanza de Tlatelolco, Paz escribe un poema que manda al comité olímpico pero que no estuvo presente en la ceremonia inaugural. El texto apareció después en Ladera Este bajo el título “Intermitencias del Oeste (3): (México Olimpiada de 1968)” y abre así:


La limpidez

                   (quizá valga la pena

escribirlo sobre la limpieza

de esta hoja)

                   no es límpida:

es una rabia

                 (amarilla y negra

acumulación de bilis en español)

extendida sobre la página.


El laberinto

El primer libro que leí de Octavio Paz fue El arco y la lira, cuando estaba en la preparatoria. Decir que mi vida cambió sería subestimar el efecto que Paz tuvo en mí. Hasta ese momento no sospechaba que la palabra pudiera ser tan lírica, ni que alguien pudiera hablar así de la lengua y de la poesía. Estoy consciente de que es una opinión poco popular porque Paz es una figura complicada, principalmente por ser un escritor tan abiertamente político. Pero ¿cómo no serlo? ¿Cómo es un escritor no político?


No es algo que Paz siquiera se plantea: su vida y obra están marcadas por los acontecimientos del país de una manera tan íntima que parece profética. Su abuelo, Ireneo Paz, fue allegado a Porfirio Díaz y su padre, Octavio Paz Solórzano, cercano a Emiliano Zapata. A sus veintidós años, Paz recibe una invitación para participar en un congreso de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, en España. Para ese momento, ya había editado su primera revista y había publicado sus primeros poemas, Barandal y Raíz del hombre, pero se encontraba fuera de la Ciudad de México: había decidido convertirse en maestro rural. La invitación al congreso lo cambió todo, desde su compromiso político y poético hasta el acercamiento que tuvo con otros escritores de su tiempo. Empezó el peregrinaje: de España a Estados Unidos, Francia y, eventualmente, la India, a donde llegó como embajador, puesto que dejó atrás la matanza de Tlatelolco.


Aventuro una teoría: quizá el movimiento estudiantil del 68 fue el acontecimiento político y social más importante en la vida de Octavio Paz (y, con toda certeza, el más importante en la historia del México moderno). A pesar de sus convicciones de juventud, Paz encontró su lugar en la soledad de su cuarto desde donde escribió y disparó siempre a favor de la libertad. Es por eso que Octavio Paz en 1968: el año axial me parece un libro fundamental para echar un vistazo íntimo en el pensamiento político y en la obra del nobel mexicano. Este título es una compilación, hecha por Ángel Gilberto Adame, de la correspondencia que Paz mantuvo a propósito de los movimientos estudiantiles que empezaron a brotar en el mundo y, con más fuerza, después de la matanza de estudiantes de Tlatelolco. Entre los destinatarios encabezan Carlos Fuentes, Gerardo Deniz, Pere Gimferrer y José Luis Martínez, con quienes Paz pudo compartir la tristeza, frustración e ira que dejó el 2 de octubre. Y si esto no bastara, la segunda parte del libro es una antología de textos y fragmentos correspondientes a lo que Paz escribió sobre 1968. 


No nos faltó entereza: nos faltó humildad

No hay mejor biógrafo de Paz que Paz mismo. Ya sea a través de sus poemas o sus ensayos, la obra paciana está enmarcada en su tiempo: a veces, en la poesía, lo hace para rememorar y reflexionar sobre su condición personal, pero en la prosa da un salto: ocupa sus vivencias y su posición para escribir de aquello que lo obsesiona. Así, Octavio Paz en 1968 es un título importante para entender una de las cicatrices del México moderno de la mano de uno de los pensadores más importantes del país. No es un libro con novedades para los conocedores del nobel, pero sí es un acercamiento nuevo a hechos y opiniones ya muy marcadas en su obra, acaso más interesante todavía porque se presentan en cartas enviadas a amigos, escritores, traductores y editores con la única intención de comprender su presente.





 *Este texto es publicado con la ayuda de nuestros amigos de Langosta Literaria. Lee más artículos y reseñas de Joaquín Guillén aquí.

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