OPINIÓN: Fake news sin calorías

Enrique G de la GJueves, 9 de agosto de 2018 17:54

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Enrique G de la G propone el concepto de noticias falseadas para referirse al periodismo que evade la noticia informativa

Desayuno light

Mientras bruncheaba el domingo, tomé el periódico y me sorprendió un texto sobre ropa veraniega: si las mujeres tienen calor, se ponen falda o shortsitos, y listo, ¿pero qué les queda a los hombres? Era una discusión sobre el derecho social del varón a vestir shorts cuando hace calor.


Bajé el periódico y les dije a mis amigos que el artículo me parecía una frivolidad. “Es el típico vacío de verano”, me dijeron, usando esa expresión de conocedor para referirse a la falta de “noticias reales” y a la publicación de cualquier contenido para mantenerse a flote durante las vacaciones.


Puede ser. Pero me quedé con la sensación de que el periódico me estaba dando atole con el dedo. Fue como desayunarme fake news sin calorías, porque evadir los temas acuciantes o tratarlos frívolamente es una versión light de las noticias falsas, que también (des)informan pero sin engordar.


¿En quién podemos confiar?

Las noticias falsas no son un fenómeno nuevo. Desde hace décadas, las grandes industrias no solo vierten información falsa sino que sobornan a científicos para que publiquen estudios sesgados. No podemos fiarnos de cualquier estudio que presuma ser científico.


Y hasta quienes consideramos muy inteligentes se equivocan en temas básicos de vida o muerte: Steve Jobs desconfió de sus médicos y se autorrecetó zanahorias para combatir el cáncer; y, como recordó hace poco Julio Hubard, tampoco Michel Foucault creyó en el sida.


fake news que evaden las noticias informativas 1

Foto: Vlad Tchompalov


Necesitamos confiar

Ni Foucault ni Steve Jobs ni nadie puede sobrevivir sin confiar aunque sea un poco en un grupo de personas y convenciones. Confiamos en el lenguaje, confiamos en las aerolíneas, confiamos en los cómputos de la base de datos, confiamos en que los chiles en nogada no están envenenados, confiamos en algo a diario y en todo momento.


También en tiempos de posverdad necesitamos seguir confiando en la verdad. ¿Pero dónde está la verdad? ¿Dónde está el periodismo más objetivo posible? Ante la avalancha de noticias falseadas, ¿quién se merece mi confianza de lector?


Dónde me informo

Informarse es contratar el servicio de un periodista o de un medio de comunicación, servicio que pagamos siempre con nuestro tiempo y a veces también con dinero. Eugenio Garza Sada decía que podía equivocarse al contratar a un empleado pero que nunca se equivocaba al despedirlo.


Esta debe ser la actitud ante los medios: darles el voto de confianza pero alejarse de ellos si no dan el ancho, porque como empleadores-consumidores tenemos el derecho a exigir calidad en la veracidad del periodismo. Y, además, contrastar las versiones de las distintas fuentes de información para armar el rompecabezas. No hacerlo es frivolidad.


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Para leer


Carlos Pereda

Sobre la confianza

Herder (2009), 286 páginas


Mucho antes de que se hablara de las noticias falseadas, el filósofo Carlos Pereda ya había escrito un libro fundamental: Sobre la confianza. Pereda parte de la premisa de que la confianza es un bien. Pero hay engaños que fracturan nuestra confianza y que nos llevan al fracaso. Para evitar este problema sugiere establecer formas reflexivas de la confianza.


Pereda ofrece dos mapas de la confianza que permiten entender los distintos tipos de confianza con los que navegamos en el día a día: confianzas directas, confianza general prerreflexiva, confianzas particulares y singulares reflexivas, confianzas desplazadas; y también las confianzas interpersonales, confianzas institucionales, confianzas comunicativas, la confianza de cada persona en sí misma y la confianza en la naturaleza.


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Por tratarse de un sistema de confianzas que se traslapan, Pereda estudia las herramientas epistemológicas para producir y validar nuestras creencias y conocimientos. Quiere Pereda construir una cultura de la confianza basada en la cultura de la argumentación. Este esfuerzo comienza con el lenguaje.


Pereda advierte del vértigo argumental: una atracción descontrolada ante lo que se considera verdad. La atención presa del vértigo argumental solo considera esa serie de creencias e ignora las demás.


Visto desde el lado de los medios de comunicación, este es, justamente, el peligro de las noticias falseadas sin calorías: centran la atención en temas que periféricos y conducen a ignorar las cuestiones centrales, algo que como consumidores no podemos permitir.


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ETIQUETAS: cultura
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Enrique G de la G Enrique G de la G Ghostwriter y editor

Escritor fantasma y columnista cultural. Regio por nacimiento, berlinés por elección. Me muevo en bici y viajo en moto.

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