OPINIÓN: El poderoso signo del triunfo del pueblo

Samuel PrietoSábado, 1 de diciembre de 2018 16:36

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mexico el poderoso signo del triunfo del pueblo

Nuestro héroe, el pueblo bueno y sabio, ganó la batalla suprema tan abrumadoramente que puso a su impulsor de la ‘cuarta transformación’.


Sábado 1 de diciembre. 2018. 10 de la mañana. Momento cumbre. El instante justo que retrata una victoria épica, memorable, digna de las páginas de la historia. El pueblo ha triunfado. Se apresta a entrar triunfante a la casa que representó por 84 años el dominio de la autocracia, ‘la presidencia imperial’, ‘la mafia del poder’, el antipueblo poderoso que gobernó y oprimió con autoritarismo y corrupción al pueblo bueno y sabio que por fin se ha librado del yugo.


Las puertas de la otrora Residencia Oficial se abren para inaugurar una nueva era, el Complejo Cultural Los Pinos. El mapa del lugar tomado y recuperado por los ciudadanos liberados por sí mismos con su valiente adopción de la ‘cuarta transformación’, es un documento para los archivos de la posteridad. 


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Una extensión 14 veces más grande que el terreno que ocupa la Casa Blanca, hogar del presidente de Estados Unidos. 54 mil metros cuadrados de un símbolo del poder que habitaron 14 mandatarios mexicanos, transferido al pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Pantallas gigantes instaladas en el jardín de la hondonada, ahí adentro, para ver mediante ellas la toma de posesión del nuevo gran tlatoani y el ambiente festivo, lo dejan muy claro.


Cuanta historia por respirar. En esa residencia, Lázaro Cárdenas decidió el destierro de Plutarco Elías Calles, la expropiación petrolera y la creación del INAH y del Politécnico, no sin olvidar la concreción del reparto agrario con la constitución del ejido. El general, quien decidió no vivir en la opulencia del Castillo de Chapultepec como sus antecesores, optó por el rancho La Hormiga y le cambió el nombre a Los Pinos en recuerdo del sitio en Michoacán donde había enamorado a su esposa, Amalia Solórzano, con quien ya había procreado a su hijo, Cuauhtémoc Cárdenas, al llegar a la presidencia.


Así nos lo contó el ingeniero en el documental “Cárdenas: Oportunidad, Poder, Desolación”, que produje en 2015 para Azteca Documentales y es posible disfrutar en Amazon Prime Video.



La llegada de Miguel Alemán al poder en 1946, el primer presidente civil después de la Revolución Mexicana, también fue la que desvirtuó la idea de Los Pinos como una residencia con honrosa medianía. Llegaron los grandes candelabros, los muebles de estilo francés y otras adquisiciones que fueron multiplicándose y adaptándose de acuerdo con los gustos y estilo de cada familia sexenal. 


¿Te acuerdas del Toallagate? Un ejemplo de opulencia escandalosa y corrupción que explotó en junio de 2001 cuando la periodista Anabel Hernández publicó en el periódico Milenio una nota titulada “Presidencia compra toallas de 4,025 pesos”, que mostró además los precios de otros muebles y artículos lujosísimos, adquiridos para el entonces presidente Vicente Fox.


Los Pinos ha sido escenario de muchas ocasiones, unas grandes y otras muy oscuras. Ahí despachaba Gustavo Díaz Ordaz, cuya administración es responsable de lo sucedido en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968. Desde ahí gobernaba Luis Echeverría cuando el halconazo del 10 de junio de 1971. Ahí habitaba José López Portillo, quien llevó al país de los excesos de administrar la abundancia a la profunda crisis que devaluó al peso y ocasionó la nacionalización de la banca. Ahí dejaron pasmado y sin saber qué hacer los sismos de 1985 a Miguel de la Madrid. Desde ahí condujo Carlos Salinas al país hacia el libre comercio internacional. Ahí le explotó el error de diciembre y la gran crisis de 1995 a Ernesto Zedillo. Ahí se casó Vicente Fox con su exvocera, Martha Sahagún. Desde ahí comandó Felipe Calderón su sangrienta guerra contra el crimen organizado. 


Al bastante desacreditado y muy impopular Enrique Peña Neto, último habitante de Los Pinos, fue a quien le tocó apagar la luz y cerrar la puerta para dar paso a la nueva era del lugar como el complejo cultural más grande de América Latina, como se pretende que lo sea.


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(Presidencia de la República)

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(Presidencia de la República)


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(Presidencia de la República)


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(Presidencia de la República)

 

Llegó la hora de hacer a un lado al pasado. Es tiempo del pueblo. Adiós a la corrupción, nos han prometido. Nada de aeropuertos por imposición, ni casas blancas de origen dudoso, ni obras con sobreprecios inexplicablemente estratosféricos, ni desaparecidos, ni crímenes de Estado... ni tipo de cambio menor a 20 pesos y, ya que estamos en eliminar todo lo viejo, adiós también a las ganancias que había acumulado la Bolsa Mexicana de Valores en el sexenio terminado, pulverizadas con incertidumbre e iniciativas sobre las comisiones bancarias, la minería y las afores que el equipo cuarto transformador ha tenido que desacreditar aunque fueron hechas por su propio partido y sus aliados.


Llegó la hora del despacho en Palacio Nacional, el catre y la hamaca. Este será un gobierno austero, nos dijeron.


¿Te conté sobre “el viaje del héroe”? Bueno, pues este es el pináculo de la historia que ha estado contándonos el nuevo presidente de la República, con la narrativa usual para las de este tipo, en que el valeroso pueblo de México ve alterado su mundo ordinario por la irrupción en el poder de una mafia corrupta y opresora. El llamado a la aventura para recuperar la honestidad y la cordura pasó por un rechazo convertido en un intento tibio de cambio en el 2000, con la elección de dos presidentes de otro partido que terminaron siendo parte de la misma mafia.


Las circunstancias cambian cuando el heroico pueblo decide hacer caso de un maestro, una especie de consciencia al estilo de Pepe Grillo o el señor Miyagi al que, para los efectos de esta historia, llamaremos AMLO. Ese gran instructor muestra al pueblo el camino democrático y lo hace cruzar el umbral hacia la lucha, preparándolo para enfrentar todo tipo de pruebas en que sabrá quiénes son sus aliados y adversarios. 


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Nuestro héroe, el pueblo bueno y sabio del que somos parte, ganó la batalla suprema tan abrumadoramente que puso a su impulsor de la ‘cuarta transformación’ en la presidencia, obteniendo así la gran recompensa. Pero en el camino a asumirla, enfrentó otras batallas cruciales que ganó airoso decidiendo en consultas populares asuntos tan espinosos como el destino de un aeropuerto icónico de la corrupción y la construcción de un tren para la zona maya.


Fueron meses difíciles, lidiando con los fifís enemigos del cambio, pero ha llegado el momento. El antiguo símbolo del poder, Los Pinos, ahora es un dominio para el disfrute público.


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*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.

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