"Supo regresar a mí para salvarme de mis muertes": Crónica del secuestro de mi perro

Regina MendozaViernes, 29 de junio de 2018 17:44

shares
mexico el manual del amor cronica de secuestro de pollock

Pollock, el "maldito cachorro divino", llegó a la vida de Ricardo para salvarlo de un limbo profundo, para recibir los madrazos de esta perra vida por él. Pero un día lo secuestraron y vinieron días trágicos.


Cuando Ricardo terminó su relación amorosa más longeva, se dio cuenta, en una visita al veterinario, de que el corazón de Pollock, un labrador negro azabache con ojos de lago y peligrosamente humano, había crecido cinco veces su tamaño normal. Hasta para eso, que debió ser un duelo estrictamente personal, Pollock fue redentor; tenía henchida la víscera en una suerte de tributo (Vol.1) al corazón quebrado de su dueño.


Pollock se ha muerto cuatro veces. La primera vez cayó de un barranco y su cráneo se estrelló como sandía en una roca. La segunda vez lo atropellaron. La tercera vez fue atacado por otro perro, que casi deglute su oreja. La cuarta vez, insaciable y goloso, se comió los aguacates... con todo y bolsa, así que le tuvieron que rajar el estómago para sacarle el plástico de las entrañas.


Y si Pollock, aka "El Negro" sobrevivió a todas las pedradas que esta perra vida le ha lanzado fue por una sencilla razón; su destino consistía en sortear los golpes que realmente debía recibir Ricardo. Y por golpes me refiero a real madrazos. El negrato había llegado a la vida de heartbroken Richard para salvarle una y otra vez. De todas las formas en las que uno puede morir.


el manual del amor cronica de secuestro de pollock 1


La vida sin sentido

Antes de esa llegada "irresistible", Ricardo se supo atrapado en una de las adicciones más infames: el cuestionamiento del sentido de la vida en loop infinito. Postrado en una cama y con un semblante de hombre derrotado en chick flick gabacha, sintió que la depresión lo iba a consumir. Y también sospechó que, un buen día, el cerebro le iba a explotar.


Males frutos de su hipocondría, su obsesión compulsiva y sus crisis de ansiedad, rasgos que, además de ser dignos del outsider contemporáneo que es, lo dejaron como niño antes de comulgar.


Ricardo estaba solo. Ah, y Ricardo también era virgo. 


el manual del amor cronica de secuestro de pollock 2


Los días gloriosos o el “maldito cachorro divino”

"Las coincidencias no duran 10 años", así que si el negro llegó a la vida de Ricardo fue porque era parte de un plan orquestado minuciosamente. Como caballo de Troya, el "maldito cachorro divino" llegó a la comuna jipi, un terreno inmenso adquirido por el abuelo de Ricardo y donde sus tíos fueron construyendo sus respectivas chozas; imaginemos ese patio, el backyard que toda fraternidad precoz anhela.


Bienvenidos sean los meses maravillosos: Su llegada cimbró los fantasmas de Ricardo con su inteligencia sobrenatural, su fidelidad despiadada y un cariño demoledor. Pollock toma el sol a mediodía, reflexiona al atardecer y de vez en cuando, participa en charlas humanas. El más noble dentro del historial de mascotas de Ricardo. Él tenía todo el estilo y todo el flow.


Y gracias al "Sr. cara de foca", el del corazón partío retomó su perfil un poquitín sexy de rockstar de Cuajimalpa: ya bailaba "Chica de Humo" con frenesí cocainómano.


el manual del amor cronica de secuestro de pollock 3


Gone dog

"Yo ya estaba sano, estaba viviendo", recuerda Ricardo. Pero como la perra vida es así, él tenía que sortear una prueba final para confirmar que no era destino, que eso era un amarre mexa, con toloache.


A Pollock lo secuestraron en septiembre del 2015. El primero en darse cuenta de la hecatombe fue el novio de Pollock, un can de raza indefinida que lo adoraba: Toro. Esa noche, Toro aulló como cuando sólo llora alguien que está siendo separado de su amor. 

Es superhumano, es superobediente, así que no pudo salirse del terreno él solo, ya tenía seis años, ya no hacía esas cosas.

el manual del amor cronica de secuestro de pollock 4


La brigada de los 100 güeyes

La familia de Ricardo se separó en brigadas para buscar al rey de la comarca en todos los sitios y recovecos cuajimalpeños posibles. Lo buscaron en el terreno, lo buscaron en las calles aledañas, en callejones sin salida, pero no estaba por ninguna parte. 


Entonces Toro dio la señal y le hizo saber a Ricardo que él sabía donde podía estar su novicio rebelde. 

Lo saqué de la casa y me di cuenta de que ya sabía a donde quería ir ese güey. Él me iba jalando, como diciendo ‘me robaron a mi marido’. Si había una calle que se dividía en derecha o izquierda, él sabía perfecto que era para la izquierda.

Y eso que Toro nunca había salido de la casa. 


Aún así recorrieron alrededor de un kilómetro hasta que dieron con la puerta de una vecindad, que Toro rascó ansioso. De ahí salió un labrador idéntico en ladrido, en complexión y en cara a Pollock. Pero no era él.


el manual del amor cronica de secuestro de pollock 5


Los días salvajes

Durante los siguientes 18 días, las jornadas para Ricardo se resumían en la búsqueda de Pollock. Seis horas al día dedicadas exclusivamente a eso.


Tercer día: Ricardo aniquiló su espíritu ecologista y pegó cientos de hojas con el rostro de Pollock. 

Quinto día: "Ya tenía un chip instalado, si iba a la tienda y regresaba, en todos los techos apenas salía un perro y ya tenía el instinto de voltear a ver si era él. Iba llegando a mi casa y a lo lejos veía un perro negro". Pero no era su negro. 

Décimo día: Fake news y extorsiones: "Tengo a Pollock, es un french poodle ¿no?" / "Tengo a tu perro, pero primero deposítame una lana".

Doceavo día: Inicio de campaña al más puro estilo de la política mexa. 

Quinceavo día: “Voy a aceptar que ya no lo voy a encontrar pero necesito irme”. 


Así que Ricardo se fue a Holbox a resignarse. Playa y resignación (quizá unos tanques de mois) so predictable


el manual del amor cronica de secuestro de pollock 6


Pollock en Iztapalooza

Entonces todo cuajó. Un amigo de Ricardo, el que le vendió a Pollock, le había inyectado un chip del tamaño de un arroz en la espalda, el cual contenía un número telefónico. Pero ese artificio supersónico no funciona más que cuando le pasan un láser, y los perros que lo tienen incrustado tienen un tatuaje de “registro”.


Todo muy bonito, pero ¿quién chingados iba a ver el tatuaje y pensar “ah, claro, seguro trae un chip del tamaño de un arroz con info”?


Pues sí. La señora que encontró a Pollock tras su secuestro, y que, by the way, era una sexy cosplayer (mucho látex, superdarks), resultó ser rescatadora de canes. Así que identificó que el negrito, que para entonces ya era puro hueso y lucía más malandro que nunca, era portador de esa info. Se lo llevó a Iztapalapa.


el manual del amor cronica de secuestro de pollock 7


El aspecto de desesperanza, precisamente, fue lo que le haría saber a Ricardo que Pollock había estado secuestrado todo ese tiempo. A las comarcas de Neza y Cuajimalpa los separan muchos kilómetros y Pollock sabía el camino de regreso a casa a la perfección.


No se había perdido y mucho menos se había alejado por sí mismo de la comuna jipi, ni de Toro. Era evidente que alguien lo había capturado para trasladarlo hasta esas tierras.


Su piel maltratada también sugería la cautividad. Todo apuntaba a que Pollock había logrado escapar de sus victimarios. Porque el destino, recuerden, no dura 10 años ni escapa un encierro en ¡IZTAPADARKS!


el manual del amor cronica de secuestro de pollock 8


Requiem por un reencuentro 

Pero no fue sencillo; la primera vez que el veterinario le leyó el chip le dijo a la rescatasdora-cosplayer-gatúbela que el arroz biónico no servía, así que ella lo regaló a sus gaseros. Días después le habló el veterinario para decirle que lo que no funcionaba era su láser (CHA-LE). No tuvo más remedio que buscar a los repartidores de gas y tras armarles un grandísimo pedo, recuperó al can.


La lectura del chip le arrojó el número de la casa del amigo de Ricardo, que en ese momento ya estaba en Londres. Bendito sea Dios, su madre respondió al teléfono y su hija, que estaba a su lado, recordó al perro azabache, que originalmente se llamaba Odín. Sí, Odín. El dueño original había registrado a Pollock y a otros perros con nombres de dioses mitológicos.


Esa chica también recordó que la hermana de Ricardo había estado difundiendo en redes sociales, al estilo de "El Bronco" (concisa, atiborrada, sin miedo y un poco cínica) la campaña de búsqueda de Pollock. Buscó por Facebook a Ricardo y finalmente dio con él: “Encontramos a tu perro”.


Tras sacudirse su desasosiego y limpiarles las arenas paradisiacas de los recovecos más inesperados de su cuerpo, Ricardo regresó de Holbox hecho la madre para reencontrarse con el maldito divino, mientras la rescatadora trepaba a Pollock en el taxi de un amigo y se lanzaban a Cuajimalpa, también hechos la madre.


el manual del amor cronica de secuestro de pollock 9


El primer día en la tierra 

Pollock regresó absolutamente desorientado, en shock. No era el mismo de antes. El legendario can estaba cabizbajo, ya no socializaba ni veía revistas de mujeres fancy. Se resguardó bajo una mesa minúscula y ni por error ofrecía su mano santa a nadie.


Hasta que un día se tragó un costal entero de cacahuate, de los de colación, así que le tuvieron que hacer un lavado intestinal para que dejara de vomitar. Había regresado.


Hoy, Ricardo sigue siendo virgo, hipocondriaco y le dan episodios de ansiedad crónica de vez en cuando. Pero su astro negro está con él. Porque así tenía que ser, porque el amor que salva de la muerte no es destino. Ese amor es de raíces, como si viniera de los adentros de la tierra.


Ve la historia completa de Ricardo y Pollock en este capítulo de "El Manual del Amor":


ETIQUETAS: Animales editors choice
REFERENCIAS:
Regina Mendoza Regina Mendoza Editora

Me hubiera gustado nacer en el norte y ser trapstar.

COMENTARIOS