OPINIÓN: La petroquímica mexicana, del auge a la penuria

José María RamosMartes, 26 de marzo de 2019 21:19

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El 18 de marzo de 1980 se conmemoró el 43 aniversario de la expropiación petrolera y en ese entonces, México como nación petrolera era muy diferente.


Era 18 de marzo de 1980, se conmemoraba el 43 aniversario de la expropiación petrolera de 1937. En aquel entonces, las actividades para descubrir nuevos yacimientos petroleros en esos días comenzaron a rendir jugosos frutos. Se intensificaron los estudios en aguas poco profundas (someras) cerca de los litorales del Golfo de México, en específico el área de Campeche.

 

Dichos esfuerzos resultaron en el descubrimiento de 34 campos petroleros, lo que incorporó a las reservas nacionales depósitos de gran magnitud, convirtiendo a la región campechana en una de las más importantes zonas petroleras del mundo, algo vigente hasta la fecha. Los campos descubiertos fueron: Ek, Ha, Kanaab, Pol e Ixtoc así como la extensión del complejo Cantarell con el Campo Ich.

 

El yacimiento o Complejo Cantarell fue considerado el segundo depósito más importante del mundo después del Complejo Ghawar, en Arabia Saudita. Un pescador, Rudesindo Cantarell descubrió que manchas negras brotaban del fondo del mar a la superficie a principios de los años 60. Diez años más tarde, Pemex comenzaría sus labores para instalar el primer pozo de producción; Chac, que recibe su nombre en honor al dios maya de la lluvia. Cantarell llegó a producir por sí solo más de 2 millones de barriles. Hoy produce menos del 4 por ciento de esa cifra.      


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(Foto: En Contacto)

 

Las reservas probadas de hidrocarburos en México al 31 de diciembre de 1980 eran de 60 mil 126 millones de barriles, 31.3 por ciento más que las reservas de un año antes, de 45 mil 803 millones. Para finales de 1980, la producción de petróleo en nuestro país alcanzaba máximos de 2 mil 182 millones de barriles al día, una cifra mayor a la que, casi 40 años después y con más alianzas y mejor tecnología, produce Pemex actualmente.

 

En cuanto a refinería y procesamiento del crudo se refiere, es realmente impresionante la comparación de las cifras y los datos; para 1980 México había completado la construcción y puesta en marcha de sus seis refinerías petroleras (Cadereyta, en Nuevo León; Tula, en Hidalgo; Minatitlán, en Veracruz; Salamanca, en Guanajuato; Francisco I. Madero, en Tamaulipas y Salina Cruz, en Oaxaca) produciendo suficientes productos para abastecer el 99.5 por ciento de la demanda y consumo nacional de refinados. El 0.5 por ciento restante consistía de las importaciones de aceites lubricantes.


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Aun así, para eliminar la necesidad de importar estos aceites, se hicieron modificaciones en las plantas existentes para aumentar la producción de lubricantes en un 30 por ciento. Pemex alcanzó como empresa refinera el quinto lugar nacional, con capacidad de procesar 1 millón 476 mil barriles al día de petróleo crudo. En octubre de 2018, su capacidad fue de 485 mil 478 barriles al día, aproximadamente el 30 por ciento de lo que fue en sus mejores épocas.


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(Foto: Industria Petrolera Mexicana)


Durante 1980, México no solo no importaba refinados, ¡sino que exportaba! Nuestro país era un exportador neto de petrolíferos y exportaba excedentes de combustóleo y gas licuado. Este mismo año, mediante la implementación de nuevas tecnologías en la refinería de Cadereyta, se incrementó el procesamiento de crudo Maya (pesado y difícil, pero barato) de 18 por ciento a 43 por ciento del crudo total que alimentaba esta refinería; todo sin aumentar la producción de residuales. Es decir, el crudo Maya, aun siendo más pesado y conteniendo menos gasolinas, diésel y materiales valiosos, fue procesado satisfactoriamente para que produjera la misma cantidad de productos, reduciendo el costo de producción y aprovechando crudo pesado que no atraía altos precios en los mercados internacionales.

 

Casi 40 años después de aquellas épocas doradas, México ya no exporta refinados, ahora importa más del 62 por ciento de sus los combustibles que necesita, los cuales vienen de 8 países. Y eso no es lo peor; en México no tenemos la capacidad o los mecanismos para saber en qué refinería del mundo y bajo qué estándares de calidad se procesó el combustible que consumimos.


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A pesar de que la Cámara de Diputados, la Suprema Corte de Justicia, la Auditoría Superior de La Federación y hasta el propio Instituto Nacional de la Transparencia han exigido varias veces a Pemex entregar información sobre la compra de gasolina a empresas extranjeras, siguen sin aparcer los datos que muestren su origen y calidad.


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(Foto: Forbes México)


Pemex, sorprendentemente, se declararía incompetente para responder la solicitud folio 1857200064316 que hizo la Lic. Margarita Pérez, en la que preguntó:

  • ¿Cuál es el procedimiento para la compra de las gasolinas extranjeras?
  •  ¿Cuáles son los criterios en los que se basan?
  •  ¿Cuántos son los contratos que hoy en día se tienen con empresas?

El pasado 28 de mayo, Excélsior publicó que a más de la mitad (56.7 or ciento) de las gasolinas importadas en 2014, Pemex no les hizo pruebas de calidad o las aplicó incompletas, según un reporte de la ASF.


Inclusive, al día de hoy no existe un organismo independiente (público o privado) que tenga el equipo y/o la capacidad técnica para auditar la calidad de los combustibles que consumimos y dar fe de que estamos comprando gasolina y diésel con los niveles de octanos y cetanos que Pemex presume que tienen.

  

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Precios de la gasolina en el mundo (Foto: Global Petrol Prices)

 

Una posible explicación está en el cambio político que ocurrió en México en los años 80, cuando se decidió dejar de invertir en desarrollar más y mejores refinerías así como prácticamente abandonar y desmantelar la investigación y desarrollo del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), el entonces brazo tecnológico de nuestra pujante industria petroquímica.

 

Creado en 1965, el IMP nació con el objetivo de desarrollar proyectos de investigación básica y aplicada, formación de investigadores y capacitación de obreros, así como de difusión de los desarrollos científicos y su aplicación en las industrias petrolera, química, petroquímica básica y derivada.


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Sin embargo, en las épocas de López Portillo, la directiva gubernamental era muy clara: dejémonos de gastar en desarrollo petroquímico y enfoquémonos en vender nuestro petróleo, y si necesitamos servicios de asesoría los contrataremos en el extranjero. Todas estas fueron ideas y dogmas peligrosamente cómodas que nos dejarían muy mal preparados para el futuro.

 

El trabajo del IMP antes de los años 80 fue tan importante para su época que incluso al día de hoy, todavía se utiliza tecnología creada y diseñada en dicho instituto con el objetivo de procesar y refinar petróleo, como catalizadores para operaciones de desulfurización de hidrocarburos pesados en diferentes refinerías del mundo. Así que frenar el desarrollo del IMP, considera el senador tabasqueño Graco Ramírez, "es la suma de errores de varias décadas en donde a se ha desmantelado al IMP y convertido en una empresa de servicios hacia actividades superficiales como la impartición de cursos de inglés. De hecho, en los últimos diez años abandonaron la investigación".

 

Un ejemplo exitoso es la política de desarrollo tecnológico iniciada desde el gobierno y escenario de lo que pudo haber sido el IMP en México es el del Departamento de Energía de los Estados Unidos y sus laboratorios, en los cuales, por mandato, se desarrolla tecnología para su transferencia e implementación. Este modelo ha sido tan eficiente que el Departamento de Energía no realiza proyectos similares a los que desarrolla la industria privada para no duplicar esfuerzos. El resultado es que tanto el sector privado como el público generan tecnología de punta maximizando esfuerzos, recursos humanos y recursos.


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(Foto: Reportero Industrial Mexicano)


  Existieron otros factores, la mayoría políticos, que condenaron a la industria petrolera y petroquímica. Durante la crisis de principios de los ochentas, a pesar de que el peso del petróleo se desplomaba y los intereses internacionales subían de 6 a más de 20 por ciento, el gobierno mexicano seguía gastando a manos llenas, pensando que todo regresaría a la normalidad. Esto no sucedió y el presidente José López Portillo, en lágrimas, daría su último informe de gobierno admitiendo derrota al no poder "defender al peso como perro".

 

La historia petrolera de México da vuelta en U cada determinado tiempo, la pregunta es, ¿seguiremos cambiando de políticas cada sexenio o seremos capaces de implementar un camino a seguir detallando nuestras necesidades energéticas presentes y futuras, alineadas a la época y obligarnos a seguir cada paso de este plan?

 

Sin duda se nos fueron los años de abundancia de los 70’s, no sólo no sobreviven ahorros invertidos, sino que todavía pagamos intereses de los préstamos de la época. Tocará volvernos un país más maduro para aprovechar los recursos que nos quedan. ¿Lo lograremos a tiempo?

 

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José María Ramos José María Ramos

Especialista en refinería de petróleo, biocombustibles e innovación tecnológica enfocada a start-ups.

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