OPINIÓN: El laboratorio de la guerra

Ixchel Cisneros SolteroDomingo, 13 de enero de 2019 20:17

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Antes de pensar en la militarización del país, hay que tener presentes los casos de abusos de elementos de las Fuerzas Armadas.


Imagina que un día estás acostada en tu cama viendo la televisión y preparándote para dormir. Son las 11 de la noche cuando a lo lejos escuchas rechinidos de llantas, te asomas por la ventana y observas decenas de autos y camiones color verde que se estacionan en tu calle.


Tienes miedo, vives sola y no sabes qué hacer. Además, sabes de historias que han contado en reuniones familiares donde los militares y policías federales han entrado a casa de conocidos, se han llevado todo y en ocasiones a personas que nunca aparecieron.


Ves cómo hombres vestidos de verde se bajan y se forman unos frente a otros en la acera, deteniendo en el pecho sus armas largas. Observas cuando tus vecinos apagan sus luces, tú, haces lo mismo. Después, viene el silencio, no pasa nada.

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Militares en labor, imagen ilustrativa. (Foto: Proceso)


Las horas pasan y ellos siguen ahí, por más que intentas dormir –tú no hiciste nada y no tendrían por qué ir por ti– no lo logras. Cada cierto tiempo te asomas por la ventana y los ves ahí, inmóviles, mirándose unos a otros. Tres o cuatro horas después, escuchas las botas en el pavimento. Se suben a sus vehículos y se van. Tú, te quedas en tu casa, muerta de miedo.


Esto ocurrió, según testimonios de víctimas de la violencia en Ciudad Juárez, Chihuahua, era común que entre 2008 y 2011, como parte del Operativo Conjunto Chihuahua emprendido por el gobierno del expresidente Felipe Calderón, las Fuerzas Armadas amedrentaran a la población en la madrugada con la única finalidad de infundir terror.


También se conocen historias de donde las fuerzas policiales y militares sí ingresaron a los domicilios y según me platican quienes lo vivieron, se llevaron todo: electrodomésticos, muebles, ropa, comida. Los habitantes eran golpeados, detenidos arbitrariamente y en ocasiones desaparecidos.


Un caso similar fue el Alvarado Espinoza, donde militares detuvieron el 29 de diciembre de 2009 a tres integrantes de una familia: Nitza Paola, José Ángel y Rocío Irene y hasta la fecha no se sabe en dónde están.


A Saúl Reyes Salazar, un defensor de derechos humanos, le mataron a cuatro hermanos, una cuñada y un sobrino, él y su madre tuvieron que exiliarse en Estados Unidos porque recibieron amenazas de integrantes de las fuerzas armadas. Ellos seguían, les decían.



En 2009 y 2010 –a pesar de la estrategia militarizada–, Ciudad Juárez fue el lugar más violento del mundo.


Una de las razones que nos dio Felipe Calderón para utilizar a las Fuerzas Armadas en la “guerra contra el narcotráfico” fue que esa institución era la única que tenía la confianza de la población para enfrentar la violencia. En Chihuahua, antes de este operativo y de esta ola de asesinatos y desapariciones, un 70 por ciento de los ciudadanos confiaban en el ejército, después de esta estrategia, únicamente el 39% lo hace. No queremos que nuestro país se convierta en Ciudad Juárez.


Este mismo argumento es el que actualmente utiliza Andrés Manuel López Obrador, su equipo y muchos ciudadanos, para justificar el proyecto de la Guardia Nacional, el cual será integrado, dirigido, entrenado y coordinado por la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), es decir, por los militares.


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AMLO ha justificado poner a funcionar la Guardia Nacional con elementos del Ejército como una necesidad. (Foto: Especial)


Las cifras están ahí, 12 años de estrategia militar nos ha dejado con 250 mil personas muertas y 37 mil desaparecidas, nos ha dejado historias terribles de violencia y violaciones a derechos humanos, esta estrategia NO ha funcionado. Muchos y muchas votamos por AMLO porque nos había prometido regresar a los cuarteles a los militares y hoy nos está dando la espalda.


Por último, quiero dejar claro que con la Guardia Nacional no gana el pueblo de México, no ganan las víctimas de la violencia, no ganan las bases militares –quienes no quieren estar en las calles–, ganan las élites de las fuerzas armadas a quienes les están dando más dinero y más poder.


Yo no quiero tener miedo, no quiero tener que ocultarme en mi casa, yo no quiero a la Guardia Nacional. No a la estrategia de seguridad militarizada.


*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.


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Periodista/ defensora, Puma y mamá de 3

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