Amarrar y ser amarrado por placer, así es el shibari mexicano

Gustavo PinedaMiércoles, 16 de mayo de 2018 10:28

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Conoce al Club del Shibari de la Ciudad de México, una comunidad para aprender y experimentar el arte de los amarres eróticos al estilo japonés


La pasión de atar

Al sur de la Ciudad de México existe un club donde a punta de cuerdas de distintos colores, aromas y tensiones por todo el cuerpo, te enseñan a sentir placer. En la clase sin costo, los gemidos son servidos a los oídos de los practicantes como el aperitivo de un largo banquete que se goza con lentitud, pues el profesor, que rinde culto al más paciente cocinero, da su cátedra con una sola intención: llevarte hasta el límite más lejano de tus deseos.

 

Sí, aquí amarrar, someter, ser sometido, suspendido, flotar, irse y venirse de nuevo a la Tierra con la piernas flojas es parte de la enseñanza milenaria que nos dejó el bondage japonés, heredero directo del Hojōjutsu, una técnica bélica de tortura que hacía sufrir y hablar hasta al prisionero más duro.

 

Hoy no hay prisioneros de por medio, pero la idea de la tortura sensual se mantiene con respeto y así lo hacen en esta casa de shibari en la capital mexicana, donde además dicen que para descubrir luz dentro de esa oscuridad boscosa llamada sexualidad, hay que apretar. ¿Será? ¿Por qué llevar a la cama eso que en la vida cotidiana nos aterraría?

 

¿Sumisa? ¿Y la violencia de género?

Maniatar es una práctica ligada a la violencia desde tiempos inmemoriales. Bajo la sombra de la violencia en un país como el nuestro, atar a alguien se puede ligar más a la idea del secuestro y hasta el asesinato de personas que al placer, sin embargo, existe una delgada pero fuerte e importante línea entre las prácticas sexuales consensuadas y la violencia.

 

Irene Moreno, sexóloga y educadora, explica en entrevista para CC News que el consenso es la clave para entender la diferencia entre la violencia y la voluntad de placer.


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En este club, te enseñan el placer por atar. (Foto: Rob Rodríguez / CC News)


Mientras que las prácticas sexuales como amarrar y someter nutren y enriquecen el erotismo, debemos entender cómo el estudio de estas prácticas son la principal herramienta para el disfrute de las cuerdas.

En el arte del bondage japonés es importante el conocimiento. Nada es improvisado, no es porque hoy vi un video de internet y te voy a amarrar, sino en realidad son técnicas que se tienen que aprender para resguardar a la otra persona.

 

Sí, en el shibari un amarre tiene que ver con querer estar en ese instante, con desear ser sometidos e inmovilizados, en un contexto donde siempre existe la seguridad de la situación.

Estas técnicas son bajo consentimiento, y además con un conocimiento para evitar cualquier daño, porque son en lugares específicos del cuerpo, menos en zonas como el cuello y ciertas venas, debido a que el más mínimo error podría probar la muerte.



¿Qué es el Club del Shibari?

El Club del Shibari CDMX es más que una fanpage en Facebook, pues comprende una pequeña comunidad para compartir conocimientos, experiencias y tutoriales del tipo «hágalo usted mismo», sobre la antigua práctica japonesa de amarrar gente u objetos y suspenderlos en el aire (las suspensiones son sólo para expertos, no lo intente en casa sin la ayuda de un profesional).


Para Vaquero, Divak y Monik, administradores de dicha página, el shibari va más allá del fetichismo, del placer sexual, de romper las cadenas mentales y los amarres estéticos; para ellos es un arte, una práctica espiritual y hasta curativa.


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Vaquero es el nawashi (atador) y fundador del club, aprendió a solas debido al difícil acceso para el conocimiento del shibari en América Latina. (Foto: CC News/Rob Rodríguez)


Guillermo, Vaquero para los amigos, dice que su pasión de amarrar objetos, personas y el enorme gusto por una vida sencilla, sin preocupaciones mundanas, es lo que lo ha acercado a este arte. Sus párpados rasgados, estatura mediana y sus brazos marcados por cuerdas y con las venas a la vista, reafirman su gusto particular por la cultura asiática, en especial la japonesa.


Para Vaquero el amor por atar llegó desde pequeño, pues siempre estuvo cerca de las cuerdas. De más joven practicó rapel, y con el tiempo encontró una página de internet donde observó la fotografía de una mujer atada, suspendida, relajada frente a un lago.

Esa imagen me impactó, ella estaba suspendida de un árbol, y yo dije ‘quiero hacerlo, se ve genial’. Después empecé a documentarme, a leer, aprendí solo.



Vaquero no tardó en encontrar que shibari se traduce literalmente del japonés como «atadura», y que en el siglo XV fue usado como una técnica de castigo y tortura a prisioneros con el objetivo de colgarlos frente a las plazas públicas. Pero la evolución del placer también cambió el sentido del dolor, y para este punto, siglos después de las guerras entre clanes samuráis, en una casa en la delegación Tlalpan, las cosas eran distintas.


Allí, en medio de una colonia "normal", Guillermo construyó un templo particular, un pequeño taller donde todo es natural, desde el fuerte bambú hasta las cuerdas de yute. El aprendizaje y el intercambio han venido de a poco pero contundentes. Las clases sobre técnicas y las charlas son largas. Se aprende a amarrar delicado para escuchar el dulce gemido del otro, la respiración lenta de la sumisa o sumiso en cama, suelo, tierra, aire, o cualquier elemento que les guste a los practicantes.


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Todos los artefactos del club son naturales, para amplificar las sensaciones del nawashi y los aprendices. (Foto: CC News)


Según datos del mismo Vaquero, hay pocos expertos en el tema en la ciudad, de hecho él intentó por muchos años saciar su hambre de conocimiento, pero se encontró con más charlatanes que otra cosa. Pero igual dice que las cosas han cambiado y ahora él da clase.


Usa siempre un sombrero, gusta de crear de manera casera esencias aromáticas para relajar el cuerpo. Al fondo del salón de prácticas hay un cajón con cuerdas de distintos colores y fibras naturales de yute. Una delgada cortina divide la clase del resto del vecindario. Los alumnos somos pocos, pero con eso basta, la luz es de baja intensidad para apreciar el delicado roce de las cuerdas sobre la carne.


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Una musa cuelga entre cuerdas de yute y palos de bambú, en todo momento el nawashi escucha y observa las sensaciones de la mujer. (Foto: CC News/Rob Rodríguez)


El nombre de la musa es desconocido, pero sus palabras describen todo:

Me gusta el shibari porque me relaja, me desconecta y le tengo mucha confianza a Vaquero.


¿Cuáles son las reglas del juego?

En todo momento el atador debe respetar los deseos de su sumisa. En el juego cada pareja tiene una clave para delimitar el placer. La musa en cuestión relaja el cuerpo mientras Guillermo hace distintos nudos, cada amarre tiene un nombre japonés y nos llevaría bastante tiempo explicarlos todos. Pero en clase la muestra lo deja claro.


Antes de la sesión, Vaquero muestra los aromas, tipos de cuerda que utiliza, nudos básicos, cera para pasar por la piel e instrumentos de impacto, y lo más importante: unas tijeras de seguridad de punta achatada que pueden cortar el acto si es que se rompen las reglas del juego: el consenso y la confianza.

Las cuerdas que tenemos las preparamos con aceites, con esencias, tienen diferentes texturas. Mientras la sensación de estar flotando en las suspensiones, tu mente se pone en blanco: algunos lloran, otros ríen y muchos se relajan.


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En una de las paredes del club, cuelgan varios artefactos de impacto para aumentar las sensaciones de ambos practicantes. (Foto: CC News/Rob Rodríguez)


El yute debe pasar por zonas erógenas, por eso se debe tener extremo cuidado porque un mal nudo podría asfixiar a quien esté amarrado, y la seguridad es primero. En todo momento debe existir una conexión de voz entre el nawashi (atador) para guiar el camino de la o el sumiso.


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La musa prefiere el anonimato, pero asegura que sentirse abrazada por las cuerdas es muy relajante. (Foto: CC News/Rob Rodríguez)


¿Cualquier cuerda sirve?

Después de intentar acercarse al mundo de las cuerdas, Divak, otro de los expertos shibari del grupo, se encontró con un nulo apoyo de quienes se hacían pasar por expertos en el tema, hasta que conoció a Vaquero.

Nos quejábamos de lo monopolizado que estaba el shibari en México, y de lo difícil que a veces es aprender ya que no hay escuelas (dojos) certificados. Al ser todo esto tan subjetivo de ahí salió la idea central de este proyecto que es aprender y enseñar unos a otros, sin fines de lucro y hacer llegar el shibari a más gente en forma gratuita o precios accesibles.


De hecho, Divak tiene su propia página de Facebook donde vende sus cuerdas artesanales. Se llama Hard Rope y es un complemento importante del club. «Puedes hacer un pedido o sólo cotizar tus cuerdas ya que las hago en medidas especiales y en tu color favorito y hacemos envíos nacionales e internacionales».


Si es un negocio el shibari, ¿por qué aprender gratis?

Aunque es divertido, también es peligroso.

Puedes causar desde un daño, joder un nervio, tienes que tener mucho cuidado porque las suspensiones son peligrosas, pero una persona novata tiene que practicar bastante.


Además, Divak prepara y vende cuerdas en línea de yute, una fibra natural muy resistente, las cuales tienen costos muy accesibles para principiantes o quienes tiene más experiencia en el shibari.


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Las marcas son su parte favorita, aunque duran poco en la piel. (Foto: CC News/Rob Rodríguez)


Vaquero nos cuenta que existen ciertas reglas en el mundo del BDSM, exclusivamente en la capital, las cuales quitan diversión al juego y a sus practicantes.

Seguido muchas personas me preguntan sobre el shibari, desde dónde comprar las cuerdas hasta quejas sobre lo caro, y mi objetivo es ayudar a ofrecer la información más rápido y resumido por lo mucho que yo me tardé. De cierta forma esta práctica es costosa, desde las suspensiones, mosquetones de buena calidad, los aros, las cuerdas y sobre todo la seguridad.


¿Por qué debo practicarlo?

Para la sexóloga Moreno, probar cosas nuevas en el sexo es indispensable porque la monotonía mata a la pasión. «Cuando se pierde el deseo en la pareja, literalmente la pareja se pierde. A lo mejor este tipo de prácticas se hacen para probar nuestros propios límites y posibilidades para descubrir quién soy en realidad. Saber que me puedo retar y superar de ciertas rayas que impone una cultura, una sociedad o que me puse a mismo o a mi misma. El punto es encontrar la posibilidad de fantasear y elevar el libido».


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El aro de hierro tipo Pretzel es de los pocos materiales no naturales que utilizan en el club. Para Vaquero es fundamental usar elementos de la naturaleza, como bambú hasta cuerdas de yute. (Foto: CC News / Rob Rodríguez).


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Gustavo Pineda Gustavo Pineda Periodista

Muy Guerrerense, Michoacán me adoptó en el 2008, pasé por las llamas del Edomex y llegué al paraíso de la CDMX.

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