OPINIÓN: A 50 del 68, la evolución de la prensa

Samuel PrietoMartes, 2 de octubre de 2018 16:59

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Hoy, el mundo y el país son muy distintos; hay libre mercado, internet, redes sociales y una sociedad más informada y crítica.


Son 50 años de una masacre tan sangrienta y vergonzosa como emblemática del inicio de una lucha difícil por la democratización de la vida pública del país, ¿no crees? Tlatelolco 1968; la guerra sucia de los setentas para exterminar a las guerrillas que se formaron contra el régimen; el halconazo del 10 de junio 1971, que también fue una matanza contra estudiantes; y más recientemente la desaparición de 43 alumnos de la Escuela Normal de Ayotzinapa, el 26 de septiembre de 2014. 


Eso, sin dejar de lado a los 119 periodistas que han sido asesinados en el país en los primeros 18 años de este siglo y a los cientos de otros agredidos. Sí, sí duele y mucho.


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Los años pasan y no dejan de asesinar a los estudiantes de México. (Foto: The New York Times)


Ese 1968 fue un despertar muy duro. Pero ¿lo reconoció así el régimen político de ese entonces y que continuó gobernando al país durante las siguientes décadas? Claro que no. En abril de 1977, casi 10 años después de la masacre, el ya expresidente Gustavo Díaz Ordaz salía de nuevo a la vida pública para convertirse en el embajador de México en España. Algún reportero lo cuestionó: “Hay un país antes de Tlatelolco y otro después de Tlatelolco. ¿Quisiera usted explicarnos esto, por favor?” 


La respuesta del exmandatario fue una perorata algo extensa con sus propios datos. Sobre los muertos: “No centenares, tengo entendido que pasaron de 30 y no llegaron a 40 entre soldados, alborotadores y curiosos”. Y hasta se dio el lujo del reto: “Nos podría bastar con lo siguiente: que nos haga la lista con los nombres. Podrán decir, como se ha dicho en otras ocasiones, que se hicieron desaparecer los cadáveres. (...) Si hay un nombre, que lo pongan en la lista. Ese hombre cuando desapareció, ese nombre corresponde a un hombre, a un ser humano, que dejó un hueco en una familia. Hay una novia sin su novio, una madre sin su hijo, un hermano sin su hermano, un padre sin su hijo, hay un banco en la escuela que quedó vacío, hay un lugar en el taller, en la fábrica, en el campo, que quedó vacío. (...) Ese nombre a qué hombre correspondía y dónde está el hueco”.


 

Bueno, hasta se ufanaba de su desempeño como presidente durante el movimiento estudiantil. “Estoy muy orgulloso de haber podido ser presidente de la República y haber podido así servir a México. Pero de lo que estoy más orgulloso de esos seis años es del año de 1968 porque me permitió servir y salvar al país, les guste o no les guste”. ¿Así o más? Hasta se dio el lujo de regañar al reportero: “Afortunadamente salimos adelante y si no ha sido por eso usted no tendría la oportunidad, muchachito, de estar aquí preguntando”.


 

En algo tenía razón. El movimiento estudiantil de 1968 fue un parteaguas en cuanto a la lucha por libertades antes reprimidas como la de expresión y la de prensa. Pero ¿fue él un protagonista o un antagonista? ¿Un héroe o un villano? ¿Tú qué crees?


Hay que decir y reconocer que la prensa de ese entonces estaba cooptada en su mayoría por el gobierno. No era cuestión nada más de darle o quitarle ingresos mediante la publicidad oficial. La radio y la televisión utilizan el espectro radioeléctrico que es propiedad del Estado mexicano mediante concesiones y estaban sujetas por ese mecanismo. Hoy, esas concesiones se otorgan mediante un organismo autónomo pero en ese entonces el presidente tenía el poder de entregarlas, mantenerlas o cancelarlas a discreción.


Los periódicos podían comprar su insumo más importante a un solo proveedor que controlaba el gobierno: la Productora e Importadora de Papel S.A. (PIPSA, para los cuates), así que era tan fácil como negárselo y a ver cómo imprimían y publicaban.


Hay una fotografía de ese entonces que me llama mucho la atención porque se ven un par de reporteros que dictan su nota a sus periódicos mediante un teléfono público. Están agachados y, se supone, protegidos por granaderos durante la refriega del 29 de septiembre de 1968 en el Politécnico. Lo curioso es que no se ve que la violencia esté cerca de ellos y, bueno, una imagen puede tener miles de interpretaciones, más bien parece que los uniformados están vigilando lo que informan los periodistas.


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Hoy, el mundo y el país son muy distintos. Hay libre mercado, internet, redes sociales y una sociedad más informada y crítica. Por cierto, ¿has ido siguiendo el gran trabajo de A 50 del 68? Hazte el gran favor de no perdértelo. Los profesionales de Proceso, Cencos, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco y, claro, Cultura Colectiva, han hecho un esfuerzo extraordinario al documentar en posteos, como si fuese una red social, paso a paso lo sucedido en aquel 1968 desde todos los ángulos y puntos de vista. Es un documento histórico de gran magnitud.


¿Y del 68 hacia acá cómo han ido evolucionando los medios? De a poco y dolorosamente. Una de las páginas emblemáticas es el golpe que dio el presidente Luis Echeverría al periódico Excélsior en 1976, obligando la expulsión de su director, Julio Scherer García, que era un periodista muy incómodo para el gobierno, junto con su grupo de colaboradores más cercanos.


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Más recientemente, la salida de Carmen Aristegui de MVS por un pleito en 2015 que, dice ella y los que dicen que saben, fue como represalia por develar la millonaria casa blanca que el presidente Enrique Peña Nieto habría obtenido como soborno del Grupo Higa, reportaje que publicó en su portal propio de noticias. 


Ya casi terminado el sexenio, ella se prepara para regresar a la radio el miércoles 17 de octubre en Radio Centro, 97.7 de FM en la capital mexicana y una cadena nacional en el país. Ya se puede. Recordemos que el propio presidente electo, López Obrador, había dicho que buscaría su retorno al cuadrante radiofónico. Tanto ella como Grupo Radio Centro dicen que eso no tuvo que ver con su alianza, pero contar con la bendición del próximo gran tlatoani no solo es un alivio sino una garantía ¿no?


 

Ya en serio, a lo que se comprometieron Juan Aguirre Abdo del grupo radiofónico y Carmen Aristegui como proveedora de los contenidos noticiosos es a no mezclar los intereses comerciales con el trabajo periodístico y a preservar el derecho de las audiencias a estar bien informadas.


 

El regreso de Aristegui al dial despierta alegrías y aversiones, pero es parte de la evolución de la pluralidad democrática de un país obligado a ser cada vez más incluyente.




*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.

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