Monjas mexicanas trabajan para salvar al primo del ajolote

Sam AlvaradoJueves, 13 de septiembre de 2018 16:34

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Medio Ambiente monjas mexicanas salvan al primo del ajolote achoque

Las monjas han logrado reproducir tantos achoques, primos de los ajolotes, que los que quedan los hacen sopa o jarabe.


¿Habías escuchado hablar del achoque? Esta especie, primo del ajolote, está en grave peligro de extinción, pero ahora ve una luz de esperanza pues estos tiernos animalitos están siendo cuidados por monjas dominicanas. 


Ataviadas con sus pulcros hábitos religiosos y guantes de cirujano, las monjas se encargan varias horas del día de propiciar el apareamiento de achoques, una especie de salamandra capaz de regenerar su mitológico cuerpo. 


¿Qué clase de ajolote es este? 

Esta especie es la hermosa Ambystoma dumerilii, casi hermana del ajolote que todos conocemos, es un animal e color vede oscuro con algunas pigmentaciones negras y tráqueas externas que parecen una elegante estola ocre. Viven sólo en el cada vez más contaminado lago de Pátzcuaro, del estado de Michoacán, México. 


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El lago de Pátzcuaro está tan contaminado que el achoque ya no puede vivir ahí. (Foto: AFP)


Según María Esther Quintero, subcoordinadora de Especies Prioritarias de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad explica que las aguas residuales y la introducción ilegal de peces son algunos de los factores que han terminado con el hábitat de estas criaturas. 


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El achoque y su primo el ajolote (Ambystoma mexicanum), endémico de los lagos de Xochimilco, de la Ciudad de México y también en riesgo, tienen la mayor capacidad de regeneración celular entre los vertebrados; si pierden la cola en una pelea, por ejemplo, rápidamente les sale otra. Otra cosa única en ellos es que pueden reproducirse en su estado larval debajo del agua.


Por esas virtudes, el achoque ha alimentado la mitología purépecha. Pero también ha alimentado en forma de sopa a los lugareños, e incluso los ha supuestamente curado de enfermedades bronquiales y anemia a través de un jarabe dulce que preparan desde hace más de un siglo las monjas del monasterio de María Inmaculada de la Salud de Pátzcuaro con todo el anfibio excepto sus vísceras.


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Las monjas han logrado reproducir con mucho éxito al achoque. (Foto: AFP)


Así que cuando la población de la salamandra comenzó a caer por consecuencia del negocio de las monjas, el jarabe se tambaleó.


Una tarea de rescate 

Fue entonces que, guiadas por un sacerdote con formación de biólogo comenzaron a reproducir achoques en cautiverio.


Aprendieron todo, como que la mejor forma para reproducirlos "es uniendo un macho con tres hembras", comenta a la AFP sor Ofelia Morales Francisco, que lleva 18 años trabajando en la protección de esta especie.


También entendieron que la primera hembra en desovar es la que se queda en la pecera y el resto se traslada a otras de las que hay en dos cuartos del monasterio construido en la cúspide de un cerro de Pátzcuaro.


Usando pequeñas redes, las tres monjas dedicadas a la reproducción de la salamandra sacan los huevos de la pecera, los cuentan uno a uno e identifican a la hembra madre y la separan "para cuidar la genética".


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Las monjas hacen sopa y jarabe con los achoques que le sobran. (Foto: AFP)


Después viene otra etapa difícil: "cuidar a las crías porque hay canibalismo entre ellos", explica la religiosa que dedica unas seis horas al día de su vida monástica a la reproducción del achoque, que se alimenta de crustáceos y peces muy pequeños y diferentes tipos de lombrices.


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"Si no hacíamos algo nosotras se iba a extinguir del medio (...) por justicia con la naturaleza empezamos a trabajar en el rescate de la especie", añade a su vez sor María del Carmen Pérez.


Poco a poco alcanzaron la capacidad de población máxima del acuario, 300 individuos, pero el lago sigue sin estar preparado para recibir a los achoques reproducidos en cautiverio, asegura Ofelia.


¿Cuál es el futuro de estos animalitos? 

"Un porcentaje de la población la donamos a universidades y a los que nos quedan los sacrificamos para hacer los jarabes", pero también alguna que otra salamandra termina en las cazuelas de las monjas que las consumen en "sabrosas sopas", dice sor Ofelia.


La religiosa evitó dar cifras sobre las ganancias que obtienen por el medicamento "naturista".


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Las mujeres están muy comprometidas con la labor de conservación. (Foto: AFP)


Y sobre los beneficios del jarabe, que se hace con toda la salamandra excepto sus vísceras y que se vende a unos 10 dólares, ella misma es "un ejemplo de que sí funciona", sostiene.


"Me daba mucha gripe, tal vez porque estoy mucho tiempo en el acuario y empecé a tomarlo una vez al día, aunque se recomienda tres veces al día, y ya no me enfermo", comenta.


Aunque podría considerarse una contradicción el hecho de que las mismas monjas que reproducen el achoque en cautiverio lo hacen jarabe y hasta sopa, para la experta de la Conabio las religiosas representan "la esperanza más grande" para mantener en el planeta a la especie que al parecer "tiene el genoma más grande conocido".


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Los achoques son animalitos hermosos con una gran capacidad de regeneración. (Foto: AFP)


Para la ciencia, esta salamandra, que llega a medir 20 centímetros de largo, "es muy importante" en investigaciones "para la reproducción de tejidos en los seres humanos", añade Quintero.


Lo que es un hecho es que la conservación de estos y otros animales debería ser una ocupación prioritaria de todos.


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