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LETRAS

De humano aquí no queda nada


Dios, verdad o luz, lo que sea que viva encima de nuestras cabezas, lo que sea que haya encendido el génesis, lo que sea que haya llenado los pulmones de aire. No nos dejes ahora, míranos más que nunca. Sé que si nos dejas todos vamos a rendirnos.

No, no puedes dejar que sea así.

Donde quiera que voy, esta es sólo una ciudad de espejos. Se reflejan los rostros de todo y todos, menos los humanos.

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Aun en la soledad encapsulada de nuestro santuario, ante el espejo del baño y en el reflejo de ojos ajenos, no nos atrevemos a quitarnos la piel. Nos asusta ser francos con lo que vive dentro.

Somos hombres de ciencia, consumidores de datos que creen entenderlo todo. Pero al final escupimos cadáveres de versos incomprendidos. Y cómo presumimos de reflexiones robadas.



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Creemos brillar más que la luz que nos dio vida, pero sólo somos niños tropezando por su viaje en la Tierra. Aunque soñamos reconocernos en las maquinas, como soñadores mirando el reflejo de su anhelo en el pozo de los deseos, y no entendemos nada. ¿Cómo hacerlo? Sólo queremos controlarlo todo, manejar el mundo con hilos de marioneta, ponernos en el centro como soles divinos.

Aunque demos vida a grandes monstruos metálicos, bacterias inteligentes o fantasmas multidimensionales, aunque armemos barcos para cruzar las estrellas, andamos sin entender el porqué de nuestra búsqueda y eso va carcomiendo nuestra identidad.

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Al final vamos a darnos por vencidos, no pararemos hasta volver a ser simples sombras, palpando en su piel y en la de sus hermanos las escamas de una bestia.

Andaremos siempre mirando afuera, apuntando con el dedo a un punto lejano, inimaginable.


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Olvidaremos que somos ideas inmensas encerradas en cajas de hueso y nervio. Al final vamos a creer que estamos vacíos y querremos que alguien llene el vacío. Buscaremos que viertan algo en nosotros, aunque duela, aunque nos haga daño. Soñaremos que no podemos vivir sin alguien más.

¿Acaso también olvidaremos que por nuestras venas corre sangre?

Vamos a derramarla sobre la tierra seca y convertiremos a nuestros hermanos que fueron risa y canto en sólo muerte, irreversible muerte fría, otra idea temida por incomprendida. La última frontera que ha de enfrentar: el animal que se volvió dios.

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Vamos a rezar más que nunca en los años venideros, vamos a fingir pensar como santos, vamos a  engañarnos solos y así, aguantar el peso de la culpa, haciendo nidos en nosotros. Las injusticias van a sustituir los pilares, las miradas serán de la superficial compasión y los marginados serán, inevitablemente, sólo eso: marginados.



Al final todo aquello por lo que estaríamos dispuestos a luchar, si conserváramos la cordura, lo volveremos absurdo y anticuado. La felicidad será el único tesoro, evitaremos la tristeza y el enojo. Toda esa bella incoherencia necesaria para reflexionar lo humano.

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Vamos a incrementar la sabiduría y vamos a desbordar ignorancia. Vamos a vivir más años… inútiles años esclavos. Vamos a sacrificar la diversidad, la mítica luz de las estrellas que vivía en cada uno. Vamos a enterrarnos en la inmensidad que sale de nuestras manos. El pecador perecerá, pero triunfará en secreto. El libre ya no se interesará en volar.

Al final todos nos vamos a rendir; sin embargo, luz de toda la creación, esperanza sin cuerpo, si vives entre mis hermanos o vives en una idea colectiva, ven a nosotros, vuélvenos nuestros, un vez más.

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Resiste.

Porque algunos ni al final nos vamos a rendir.

 



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Hay momentos en los que las crisis nos llevan a reflexiones, a pensar en lo que estamos haciendo en el mundo, en lo que estamos haciendo con nuestra vida y con el presente que tenemos. Te recomendamos ver Neon Demon y otras películas que debes ver para entender lo más crudo de la condición humana.

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Las fotografías que ilustran el texto pertenecen a Anna Di Prospero; conoce más sobre su trabajo en su página oficial. 


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