PUBLICIDAD

LETRAS

Mi problema es que odio a la gente, pero a la vez odio sentirme solo




Te presentamos un cuento de Jean Franco en el que las coincidencias a veces son peligrosas...



“Mi problema es que odio a la gente, pero a la vez odio sentirme solo”.  Así de complicada era su vida, a pesar de que traté de ser una amiga para él, se ganó más que mi amistad. Cuando no sufría en la soledad de su habitación oscura, era un alma sonriente, una persona con vida, su mirada inspiraba la ilusión y las ganas de seguir adelante a pesar de que la gente no colaborara con tu crecimiento. Qué irónico todo. Trataba de entender qué pasaba con su mente cuando lo atacaba la ansiedad, cuando me mandaba a la mierda sin razón alguna, cuando, a veces, sólo se encerraba en ese suéter, esa capucha negra y sus audífonos con la música muy alta para ignorar al mundo, para ignorarme a mí. Quería ganarme su corazón como él se ganó el mío.

Sola en mi habitación, a él le importaba poco lo que me ocurría, pensaba... pensaba en lo masoquista que es el ser humano, pero a la vez en lo maravilloso que él era cuando sonreía y con su filosofía le daba al mundo un nuevo sentido. ¿Quién era el extraño? ¿Él por su intenso comportamiento? ¿O yo por seguir intentando buscar obtener un poquito de su atención? ¿Quién, en realidad, estaba mal? Mil respuestas invadieron mis preguntas, pero ninguna lograba descifrar el acertijo para entrar en la mente de aquel chico que llevaba conociendo tanto tiempo, pero a la vez desconocía más que a cualquier otro ser humano en la Tierra.



PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Me levanté de mi cama y me dije: “Hoy será un buen día, tanto para él como para mí”. Todas las mañanas así me alentaba para no perder la esperanza que tenía de algún día llamarlo algo más que sólo mi amigo.

Ahí estaba, con su mirada profunda, sentado en el último pupitre del salón en donde recibíamos clases de literatura avanzada, sin dudarlo me acerqué y me senté a su lado. Estaba muy atento a lo que la profesora empezaba a decir, luego él sonrió de la nada, al parecer estaba soñando despierto. Me miró, y de manera rápida giré mi rostro hacia delante de la clase, para evitar que supiera que lo estaba mirando, puso su mano en mi hombre y me dijo:

—Que clase tan aburrida, vámonos. Mis mejillas se sonrojaron, y le respondí.
—Imposible, tenemos parcial sobre esta clase en una semana.





Él se levantó. Caminó hacia la puerta y se marchó. Había dejado su mochila en el suelo, y en ella las llaves de lo que parecía un coche o una moto; no lo sé, las tomé y rápidamente salí a buscarlo.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Estaba sentado junto a una moto de gran tamaño que parecía muy veloz. Señaló mi mano, justo en la que tenía la llave que dejó sobre su mochila. Se la lancé y le pregunté:

—¿Esa moto no es tuya, verdad? Él, sin decirme nada, la puso en marcha. Me invitó a montarme y le hice caso. Estaba muy asustada, las piernas me temblaban. Él puso sus manos sobre las mías e hizo que lo abrazara, me sonrojé un montón, pero como él no podía verme, estaba tranquila. Arrancó la moto, avanzó hacia la autopista y aceleró de deprisa. No podía notar ni siquiera lo que estaba pasando a mi alrededor por tanta velocidad que llevábamos, estaba más asustada que cuando me monté.




Un sonido estruendoso me aturdió el tímpano, parecía que un automóvil había apretado los frenos muy fuerte. Y mi último recuerdo fue una luz que venía directo  a nosotros y un golpe que me dejó inconsciente.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Y aquí estoy, en la cama de un hospital, con muchas personas a mi alrededor, un montón de cables conectados a mí y el recuerdo de la luz chocando contra nosotros cada vez que trataba de cerrar mis ojos. En el cuaderno de la mesa de noche, unas palabras decían:

“Nunca fue real aquel sentimiento que no llegaste a expresar”  Mi mente se nubló rápido y el último pensamiento que recuerdo fue 'Quizás ame a la misma muerte'".




**

Si deseas leer más cuentos en los cuales la fantasía se mezcla con la realidad, te dejamos los cuentos favoritos del escritor argentino Julio Cortázar que puedes leer en línea. Así descubrirás nuevos autores que jugarán con tu mente...


**

Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Luke Renoe.





PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO
Podría interesarte
Etiquetas:cuentos
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD