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Manifestación en los volcanes (parte 2)

Por: 11 de agosto de 2015


"Cada piedra es un altar"

En La Joya, una de las vendedoras de quesadillas asegura que la zona es segura, que el riesgo se corre si se sube al Iztaccíhuatl por la ruta de San Rafael, de ahí deriva la importancia de esta manifestación: no permitir que la delincuencia llegué hasta Paso de Cortés. Estos puestos de antojitos son la única fuente de ingresos para aquellas personas, por ende, no les conviene que el crimen se expanda, pues los turistas dejarían de visitarlos.

Montañistas Unidos realiza un pequeño descanso en La Joya y previene a los presentes sobre los riesgos que se presentarán en el camino. Los empinados riscos obligan a aferrarse a las rocas para no resbalar. La vista a esta altura es impresionante. Allá abajo hemos dejado La Joya y nos preparamos para llegar a los llamados Portillos, que son tres en total: planicies de descanso, donde uno puede sentarse a recuperar un poco del aire que cada vez se vuelve más escaso conforme la altura aumenta.


Raúl, uno de los miembros de la Cruz Roja, situada en el Primer Portillo, advierte que nos encontramos a 4 mil metros de altura, que si alguien sufre de mal de montaña será atendido inmediatamente, que las personas que no estén a acostumbradas a este tipo de ascensos, se limiten a no continuar al Segundo Portillo.

A lo largo del camino uno se encuentra con gran cantidad de visitantes, tanto extranjeros como compatriotas. El saludo es algo primordial para establecer simpatía y mostrar colaboración. Con un simple “buenos días”, estás reafirmándole al otro que, aunque no lo conozcas, nunca lo hayas visto, es uno más de tus compañeros de viaje. A esta altura sólo hay estepas, grandes espacios donde la vegetación es nula.

El trayecto del Primer Portillo al Segundo es más pesado, la dificultad va en ascenso al igual que los deseos de llegar al objetivo. El refrigerio ideal en estos casos no es el típico antojito, ni las comidas fuertes; algunos sorbos de agua y abundantes semillas como cacahuates y piñones, acompañados de chocolates, parecen ser un verdadero majar, digno de llamarse batería orgánica.

En el Segundo Portillo no disminuye la gente, al contrario, cada vez suben más, algunos esperan sentados en las veredas de la cañada, intentando recuperar el aliento suficiente para continuar adelante. Los que vienen bajando del Tercer Portillo a veces resbalan, debido a las piedras sueltas, y caen de sentón. No queda más que mirarlos en silencio, con recato, pues de antemano sabemos que eso mismo nos depara la montaña a la hora de bajarla; aquí resbalarse es una forma de identificarnos con los otros, algo emblemático de la experiencia.

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El descenso, acto de presencia

Debido a la falta de tiempo, son casi las tres de la tarde, y a la falta de equipo alpino, decidimos no subir al Refugio de los cien. Nuestra meta concluye en el Tercer Portillo, también conocido como Mira Puebla, pues el paisaje que tenemos enfrente pertenece a la sierra mixteca de esa entidad. Hemos aguardado la hora de comenzar a descender, hipnotizados por el panorama y el silencio, a pesar de estar rodeados de gente, todos compartimos el mismo agotamiento. El Iztaccíhuatl aparece de frente, imponente, aún faltan varios kilómetros para llegar a la nieve, pero parece que si estiras los brazos podrás tocarla. Los activistas de Montañistas Unidos, han colocado a un mienbro de asistencia en cada Portillo para la atención médica de las personas. Hasta ahora no se ha escuchado de algún accidente grave.

Al encontrarnos con los grupos que suben, cada vez más numerosos, los que bajamos los animamos a continuar, saludándolos afectuosamente como a nosotros nos correspondieron cuando sentíamos que ya no podíamos subir. La gente lo agradece infinitamente. Aquí arriba todos nos conocemos, nadie es un desconocido. Es fabuloso cómo en estas circunstancias el ser humano es capaz de unirse bajo un mismo estandarte, el de la colaboración anímica.

Esta manifestación, a diferencia de las que se realizan en las calles de la ciudad, resulta ser una más comprometida con el individuo, los lazos de respeto son mucho mayores y la atención que tenemos con los otros es la misma que recibimos. Hay consignas, claro, como en cualquier manifestación o marcha, pero ésta yacen pegadas en las mochilas de los alpinistas, pues en estos terrenos salvajes es necesario mantener las manos libres de objetos que estorben.


El grupo alpino Sherpas dicen que el nombre de su grupo quiere decir: “quien abre los caminos”, y que eso es muy común entre ellos, porque luego se pierden en las montañas y deben encontrar la ruta a como dé lugar. Han realizado infinidad de excursiones a lo largo de la República Mexicana. Han acampado en El Desierto de los Leones, Llano Grande, Las Grutas de Cacahuamilpa, Real de Catorce, Chalma y San Rafael. Todos congenian que éste último es el lugar más peligroso al que han ido. Cuentan que en una ocasión fueron sorprendidos por dos individuos encapuchados, armados con escopetas o armas de uso exclusivo del ejército; pero que estos sólo se limitaron a observarlos, sin atreverse a atacarles. Bernal, uno de los integrantes del grupo Sherpas, alega que esta manifestación convocada por Montañistas Unidos, debió llevarse a cabo en aquella zona y no en Paso de Cortés, pues la delincuencia acá no es tan frecuente. “Si se busca presionar a los grupos delictivos con nuestra presencia, debería ser conveniente que lo hagamos en todos los lugares que queremos recuperar. Sabemos que con estas medidas no lograremos nada, tal vez después de hoy, las autoridades se olviden del asunto; pero el simple hecho de estar aquí y convivir como lo estamos haciendo, ya es una advertencia para todos esos delincuentes que aún andan sueltos”.

Un vocero de Montañistas Unidos asegura que: “más allá de la amenaza, sigue vigente nuestra tarea de recuperar uno de los lugares más hermosos que hay en México. Es verdad, la zona de los volcanes no nos pertenece –como muchos, cegados por el nacionalismo y la sensación, llegan a afirmar en sus consignas–, este sitio es más mágico de lo que aparenta, pertenece a otro tiempo que son todos los tiempos, posee su propia esencia, su propia vibra y ninguna organización delictiva va a cambiar eso. Tenemos derecho a disfrutar de sus regalos, de sus paisajes, de su magia, como cualquiera que quiera visitarla”.

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