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Los mejores inicios literarios (Segunda parte)

Por: Julieta Sanguino 19 de agosto de 2015

El inicio lo es todo. En la escritura, la entrada es lo más importante. Es la parte decisiva para que alguien se quede contigo, pues si no es atractivo lo puede alejar para siempre. Es la primera impresión. Lo que hay en medio en muchas ocasiones es relleno, lo más importante es la última y la primera frase.

Algunas de las mejores historias literarias tienen principios épicos, que en una o dos líneas, capturan al lector para no soltarlo hasta que el libro termina. Lo mejor es que, en estos libros, la tremenda entrada es superada con el genial contenido que prosigue.

Te presentamos algunas de las mejores frases literarias que inician las más grandes obras.

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-lita: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.”. Lolita, Vladimir Nabokov "El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo". Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez

"Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona". El túnel, Ernesto Sábato

"¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguirlas formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua". Rayuela, Julio Cortázar

“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto". La Metamorfosis, Franz Kafka

“En mis años mozos y más vulnerables mi padre me dio un consejo que desde aquella época no ha dejado de darme vueltas en la cabeza. 'Cuando sientas deseos de criticar a alguien -fueron sus palabras- recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú tuviste'”. El gran Gatsby, Francis Scott Fitzgerald

"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo". Pedro Páramo, Juan Rulfo

"Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo". La familia de Pascual Duarte, Camilo José Cela

"–Es que odio los ataques terroristas –le dice la enfermera delgada a la de más edad–. ¿Quieres chicle? La de más edad coge uno y asiente. –¿Qué le vamos a hacer? Yo también odio las Emergencias. –No son las Emergencias –insiste la delgada–. No tengo ningún problema con los accidentes y esas cosas. Son los ataques terroristas, créeme. Lo fastidian todo. Sentado en el banco, fuera del ala de Maternidad, pienso para mis adentros: Tiene razón". Siete años de abundancia, Etgar Keret

"El Señor esté con vosotros... El sepelio es el fin de la primera persona. Una ocasión pomposa donde unos cuantos ellos despiden a otro yo de su nosotros, a la vez que lo envían a otro ellos, más hondo e insondable". Diablo Guardián, Xavier Velasco

“La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera”. La última pregunta, Isaac Asimov

“Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cósimo Piovasco de Rondó, mi hermano, se sentó por última vez entre nosotros. Lo recuerdo como si fuera hoy. Estábamos en el comedor de nuestra villa de Ombrosa, las ventanas enmarcaban las espesas ramas de la gran encina del parque”. El barón rampante, Italo Calvino

"Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro. El verano se adelantó. Puse la cama cerca de la pileta de natación y estuve bañándome, hasta muy tarde. Era imposible dormir. Dos o tres minutos afuera bastaban para convertir en sudor el agua que debía protegerme de la espantosa calma". La invención de Morel, Adolfo Bioy Cásares

"2 de noviembre. He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así". Los detectives salvajes, Roberto Bolaño

"Yo despierto… Me despierta el contacto de ese objeto frío con el miembro. No sabía que a veces se puede orinar involuntariamente. Permanezco con los ojos cerrados. Las voces más cercanas no se escuchan. Si abro los ojos, ¿podré escucharlas?... Pero los párpados me pesan: dos plomos, cobres en la lengua, martillos en el oído, una… una como plata oxidada en la respiración. Metálico, todo esto". La muerte de Artemio Cruz, Carlos Fuentes

“Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta”. Niebla, de Miguel de Unamuno

“Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia.” Cuentos de amor, de locura y de muerte, Horacio Quiroga

“No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.” El Capitan Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte.

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