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LETRAS

La Roma, la colonia de la Ciudad de México que resurgió de las cenizas

La colonia Roma en la Ciudad de México es una de las zonas más populares entre locales y extranjeros, sin embargo, no siempre fue así.

Texto escrito por Héctor de Mauleón

Rafael López la conoció cuando era una de esas nuevas colonias metropolitanas que no habían poscrito de sus calles la costumbre del árbol. En un artículo publicado en El Mundo Ilustrado, en 1913, le declaró su desprecio: "No es ni abiertamente elegante ni francamente burguesa. Es una colonia en transición. Dicen que viven en ella los ricos que han venido a menos y los pobres que van a más".

José Emilio Pacheco la fijó misterioso y oscura, sumergida en una decadencia anticipada que al final de los años cuarenta obligó a las buenas familias a desertarla: "En aquellos años la habitaban árabes, judíos y gente del sur: campechanos, chiapanecos, tabasqueños, yucatecos". En 1979, José Joaquín Blanco escribió su epitafio, la última crónica significativa antes del temblor. La colonia, antiguamente engalanada con casas y palacetes porfirianos, por suntuosas construcciones desproporcionadas y "en un pulular de gente y coches entre hoteles, academias, comerciales, gimnasios, fondas y taquerías, bodegas, cafés de chinos; refaccionarias, dentistas, sanatorios, billares, oficinas públicas, estacionamientos, misceláneas paupérrimas, agencias automotricesy peluquerías".

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Así la halló el terremoto que en 1985 la hirió de muerte. El sismo que en cosa de un minuto se llevó todo aquello: árabes, judíos, campechanos, chiapanecos, tabasqueños y yucatecos; el pulular de gente que la habitaba huyó de sus vecindades golpeadas, sus esquinas vueltas ruinas, sus palacetes semiderruidos. Cómo dolía la Roma de aquellos años. Las calles de Ramón López Velarde, de Antonieta Rivas Mercado, de David Alfaro Siqueiros, de Leonora Carrington y tantos otros inquilinos ilustres, quedaron reducidas a un amontonadero de escombros: cerca de doscientas construcciones se transformaron en ruinas. Entre el cascajo, el olor a muerte y los hierros retorcidos, el valor del suelo se derrumbó; oleadas de invasores cayeron sobre los predios: "Este edificio está protegido por la Asamblea de Barrios".

Los antiguos potreros de la condesa de Miravalle volvieron a ser el reino de la desolación que "Micrós" había descrito, mucho antes de que los terrenos fueran fraccionados, y poblados por los sueños arquitectónicos de Francisco Serrano y Manuel Gorozpe, en la primera novela sobre la Roma, La Rumba: una geografía de la depauperización, controlada por la miseria, el hampa, la basura, el rencor social y los giros negros.

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Y sin embargo, aunque las heridas no cerraron nunca, con los años, lentamente, regresó el pulular de gente. En la primera década del siglo XIX, la especulación inmobiliaria encontró en el cascajo un caldo de cultivo adecuado. Misteriosamente, la colonia Roma se renovó. En 2004 eran visibles, en el marco de parques y fuentes, cafeterías, bares, fondas, bistrós, restaurantes, lofts, edificios melancólicos y construcciones falsamente neoyorkinas. Suma de hoteles, gimnasios, tiendas, librerías de viejo, refaccionarias, dentistas, sanatorios, billares, taquerías; la Roma surgió de los escombros, se alzó entre las cenizas. Como la encontró Rafael López, sigue siendo indecisa. Como la vio Pacheco, sigue sembrada de calles misteriosas. Con sus edificios hundidos y sus calles desniveladas, con las cicatrices del golpe todavía visibles en sus rincones, la Roma centenaria, ojerosa y pintada, es hoy más viva y acaso más colonia que nunca.

Si quieres saber más historias de la Ciudad de México que seguramente no conocías, las encuentras en La ciudad oculta vol. 2, un libro de Héctor de Mauleón, editado por Planeta. En este primer tomo se narran 500 años de historia desconocidas acompañadas por fotografías de las época para revelar personajes y secretos de la imponente Ciudad de México. Entre sus páginas podrás encontrar historias como: La vuelta de los volcanes, Bocas de púrpura encendida, Breve historia de Tepito; Gentes profanas en el convento y La última cabalgata del centauro.

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Si te gusta la historia pero no soportas los textos aburridos, La ciudad oculta vol. 2 se convertirá en uno de tus libros favoritos.

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