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LETRAS

La libreta de Paco

Por: 5 de agosto de 2015




IV. –Angélica, ¿estás ahí?

Roberto tenía la maña de llamarme después de medio día porque sabía que después del almuerzo, me sentaba en el sofá al lado del balcón de mi sala a tomar té. Ya habían pasado tres meses desde que encontramos la carta en la que supimos que Paco le escribió a Ramírez. Ya había finalizado mi cuadro para la portada y Roberto estaba esperando la respuesta de la editorial Santa Fe Arte. Me levanté y contesté su llamada. –Mejor que sean buenas noticias, Roberto.

-¡Santa Fe Arte dijo que sí! ¡Están en proceso de editar algunas secciones pero ya crearon portada y todo! Están un poco reacios a publicarlo anónimo.

-Roberto, sabes que hemos hablado de eso. Esa editorial siempre tiene problemas con las publicaciones póstumas, dicen que es por derecho de autor, etc. Me da miedo entregarles la carta de la libreta roja como comprobante. No confió,la verdad, y además: es evidencia legal.

-Ya verás. Los convenceré. Igual te llamaba para algo más.

El tono de Roberto cambio. Menos alegre y más serio. Conociéndolo por tanto tiempo ya, asumí lo peor. Y así fue.

-Peter Ramírez ha muerto.

Quedé en shock esta vez. El hombre viejo que instigó una reacción rara en mí por tanto tiempo ya no estaba vivo.

-¿Angélica? ¿Sigues ahí? Mira, te invito al Café de La Calle 8. Llega en 15 minutos y allá hablamos.

Roberto colgó. Dejé la taza de té en la mesa del comedor y colgué el teléfono. Me fui rápidamente a mi taller y busqué la libreta. Releí la carta de Paco y mis notas sobre Ramírez. Reconstruí la imagen dolorida de Peter cuando el hombre alto le dio la noticia de la muerte de su hijo… de Paco. Recogí mis notas y salí al Café de la Calle 8.

V. Peter Ramírez había dejado de comer y de bañarse. Sus cadenas y esposas le pesaban cada día mucho más. Cuando lo encontraron, concluyeron que Peter se había suicidado.

-¿Cómo supiste tanta información? Es raro que los periódicos hayan omitido detalles de su condición tanto física como emocional.

-Bueno, pues es…digo, era un convicto igualmente. No hay mucho remordimiento que digamos. Peter era amigo de Luis y Carlota, quienes fundaron la Asociación Oculta de Poetas aquí en Madrid.

Hace muchos años llegó a la asociación un hombre de unos 26 ó 27 años buscando comida y estadía. Luis y Carlota vivían juntos y, siendo los excéntricos y bohemios que eran, dejaron que Peter se quedara con ellos. Unos años más tarde Paco nació. Hubo muchos problemas entre Luis y Carlota. Luis la culpaba de acostarse con Peter mientras él enseñaba talleres de poesía los jueves en la noche. Carlota nunca le confesó la verdad, pero tampoco quiso que Paco viviera esa vida caótica, pues ella nunca quería tener hijos y las condiciones con la Asociación Oculta de Poetas estaban mal. Luis y Carlota decidieron llevarse a Peter y a Paco a Nueva York y hacer vida allá. Vivieron en la ciudad unos meses y Peter comenzó a cuidar de Paco por las tardes. Se volvieron muy amigos. Luis y Carlota montaron un café y de eso vivieron hasta que Peter, tras una pelea con una editorial y otro escritor frustrado, asesinó al escritor. Su sentencia iba a ser corta, pero encontraron un pasado muy oscuro que Peter nunca compartió. Paco se enteró meses después que Peter andaba en la cárcel. Luis y Carlota le mintieron toda la vida a Paco sobre Peter, diciéndole que era un tío y un escritor famoso en España. Paco se desenteró de Luis y de Carlota y vivió en la calle muchos meses. Yo lo conocí alguna vez así…

-Espera. ¿Paco era el que vendía libretas en la calle 90? ¡No lo puedo creer! Y luego, ¿cómo entró a la universidad?

-El profesor de literatura conocía a Luis y Carlota desde Madrid, y reconoció a Paco. Siempre lo quiso, pues su esposa y su hija eran muy cercanas a su madre. Lo dejó entrar a sus clases, pero Paco nunca estuvo matriculado.

-Yo compré una libreta ahí alguna vez…!qué coincidencia!

Roberto y yo nos miramos por un largo tiempo como solíamos hacer. Era como si comunicáramos mucha información y distintas reacciones a través del silencio.

-¿Quieren más café? La mesera siempre creyó que Roberto y yo éramos pareja.

-Bueno, Mariela, ya sabe que nos gusta el café que hace.

-No sé qué pensar de todo esto. Ramírez es un ser extraño pero al mismo tiempo se siente muy cercano. Yo lo vi, Roberto. Lo vi y lo conocí. ¡Ese hombre alto…no!

-¿No creerás que era Luis o si? ¿Muy bien vestido para ser bohemio no crees?

Roberto soltó una carcajada. Yo no pude reírme. Sabía que ese hombre alto quien me señaló la libreta roja me conocía. De algún lado tuvo que saber quién era yo. Pensé y pensé por varios minutos, ¿cómo era posible que el mismo día de mi investigación le llega una visita a Peter Ramírez? y ¿por qué el destino me dejó una libreta roja que sólo Roberto y yo podríamos apreciar y utilizar como evidencia de que Paco, el mismo Paco que vendía libretas en la calle 90 y el mismo que le dejaba cuentos en una caja vieja a Roberto en su apartamento, era el mismo Paco que conocía a Ramírez?

-¿Cómo crees que haya muerto Paco? ¿Suicidio? ¿Qué le habrá pasado por esos últimos semestres que no asistió a clases?

Roberto me miró. Yo lo mire y me salió una lágrima del ojo. No sé cómo era posible que por un vidrio grueso pudiera ver al mismo Peter que asesinó y al mismo tiempo cuidó a Paco. Esa tarde, Roberto y yo salimos del café y decidimos buscar el café que Luis y Carlota habían montado, y seguramente a otros integrantes de la Asociación Oculta de Poetas, aunque eso no lo sabíamos todavía.

Epílogo. Más de seis meses pasaron y la editorial Santa Fe Arte publicó La calle 90 y tú. La portada salió muy bien, con el dibujo que elegí: Peter encadenado y tratando de abrazar a Paco, un adolescente frustrado con la vida y la literatura.


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