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LETRAS

"Her"

La relación amorosa entre un escritor de cartas con su sistema operativo en una sociedad futura, es la trama de la historia que escribe y dirige Spike Jonze: Her. A pesar de que la película se nutre del malestar contemporáneo sobre el mundo cada vez más cercano a lo virtual, no es una historia sobre el futuro, sino una historia de amor como cualquier otra.


Her plantea la exacerbación del amor a través de la tecnología, a pesar de que ésta representa un muro que favorece la distancia entre los seres humanos. Sin embargo, es un amor que no reside en lo matérico, ni en el cuerpo, sino en la idea del amor mismo. El sistema operativo se presenta más que como un programa creado para satisfacer necesidades del hombre, como una nueva forma de descubrir el mundo. El amor que se desarrolla en Her se convierte así en un acto de fe y de magia, en una ficción que el protagonista desea sostener, y donde se desdibujan los límites de lo real con lo virtual a través de los sentimientos, ya que por más que el objeto amado no sea real, el sentimiento lo es. El mundo virtual se vuelve en la realidad más próxima para el ser contemporáneo.

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El contexto en el que se desarrolla la película es un futuro cercano (¿presente?), pero que visualmente se acerca más al pasado; no pretende evidenciar la tecnología, sino cómo es que se vuelve imperceptible al fundirse con el ser humano. Los personajes rara vez ven sus pantallas; la tecnología se vierte en la vida cotidiana, la entiende y la rodea aludiendo a esa necesidad que se tiene de que, por un momento, la tecnología sea más humana.



Her explora la idea de una soledad compartida, pero, además, un deseo generalizado de que así sea. La relación entre el escritor y su sistema operativo de pronto se vuelve socialmente aceptada, inmersa en una sociedad en la que amar a una pantalla oscila entre la sorpresa y la naturalidad. Los personajes saben que pueden dejar de estar solos aun sin estarlo, y por el hecho de que no sea real, no significa que no sea así. Asimismo, la película planeta una similitud gigante entre el hombre y la tecnología: ambas son efímeras. Los hombres son mortales, los sistemas operativos caducos; la tecnología es tan falible como perfecta. 


Spike Jonze recuerda que así ha sido siempre el hombre: ha creado herramientas para mejorar y facilitar su vida. La diferencia es que ahora ha dejado de ver en ellas una facilidad para fundamentar la vida misma, cambiando su forma de relacionarse con el mundo. Aun así, Spike Jonze señala que sin importar quién o qué sea el ser amado, el amor es la constante, esa locura de la que el hombre desea ser parte mientras exista, no importa bajo qué forma.

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