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LETRAS

5 elementos que no pueden faltar en la novela negra

Detectives, criminales, femme fatales y más, descubre los elementos básicos para escribir una novela negra.

Texto escrito por: Ramón Córdoba

Desde hace algunas década, la novela negra se arrastró del mar primigenio de la literatura criminal, para hacer crecer sus propias alas de murciélago y así alcanzar nuevas alturas como un género específico; nacida en el vértice de tragedias de los años 20, entre las Guerras Mundiales, la Prohibición y la Crisis Económica, los detectives, criminales y otras ratas de ciudad decidieron que no tenían tiempo para sentarse a filosofar como los protagonistas que vinieron antes. Los personajes de novela negra son conscientes de la completa inutilidad de profundizar en asuntos de moralidad cuando tu vida está en la raya.

Este es el género más directo de la literatura, un outsider en la tradición angloparlante que durante décadas pagó a sus escritores a destajo, por palabra; e incluso por eso su manufactura es mucho más compleja. Pero no desesperes, el siguiente texto de Ramón Córdoba es una guía rápida a las entrañas de la novela negra, eso que tienes que reconocer sí o sí cuando te la encuentres de sorpresa en un callejón oscuro, en la lluvia, sin abrigo y sin opciones.

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Cinco invariantes de la novela negra

Quienes amamos las obras de, por ejemplo, Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Benjamin Black, Pierre Lemaitre y James Ellroy sabemos que son maestros en ese estilo que el propio Chandler llamó hard boiled en su ensayo El simple arte de matar. También sabemos que una serie de eventos afortunados y no muy claros hizo que en español llamáramos novela negra a eso mismo: una clase particular de relato policiaco cuyas cinco características definitorias son:

Que siempre hay cadáveres.

Basta con uno, pero los practicantes contemporáneos del género a veces nos dotan de ellos a truculentas carretadas. Como Jo Nesbø en El leopardo.

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Que el investigador es un atormentado

Una persona al margen del sistema o, de preferencia, un cínico. O todo eso junto. Como Philip Marlowe, el detective que creó Raymond Chandler y al que, al menos en una novela (La rubia de ojos negros), revivió Benjamin Black.

Que el criminal puede querer dinero, poder o bienes materiales, pero el real motivo de sus crímenes es también estrictamente personal. Como en toda la saga del inspector Verhoeven (Irene, Alex, Rosy & John, Camille), de Pierre Lemaitre.

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Que el territorio del bien y el territorio del mal tienden a confundirse.

Como cuando el Guasón le dice a Batman: “Sólo hace falta un mal día para que el hombre más cuerdo enloquezca”.

Y, finalmente, que las acciones y situaciones, claro, importan, pero lo que en verdad hace notable al autor son los diálogos.

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Va un ejemplo: “Espero que no te cuelguen, preciosa, de ese lindo cuello. Sí, ángel, te voy a entregar. Es muy posible que la libres con vida. Eso significa que si eres una buena chica, saldrás en veinte años. Te estaré esperando. Y si te ahorcan, siempre te recordaré” (Dashiell Hammett, El halcón maltés).

Si quieres leer más textos como este visita La Langosta Literaria, el punto de reunión para celebrar que la literatura no se agota nunca

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