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LETRAS

El museo como un espacio que albergue la experiencia artística

Los museos son un referente cultural en la vida de un país; son la manifestación física de sus expresiones artísticas y son, también, espacios en los que se concentra la historia. Como instituciones de carácter permanente, funcionan como recintos inamovibles de episodios históricos, expresiones artísticas contemporáneas, nuevas tecnologías, la cultura popular, la economía, la ciencia y el origen de la Tierra.


El arte y los museos son conceptos que no se piensan aislados. Los segundos albergan al primero en una dinámica que, hasta ahora, no se había discutido, pues pertenecer a un museo, parece, legitima la pieza y a la propia figura del artista.

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Pero hoy el arte atraviesa un proceso doble que aborda nuevas y crecientes dinámicas locales que no se ven limitadas por la geografía: el apogeo de escenas artísticas plurales y la visión del mismo como un proceso que puede verse alimentado por los intereses, culturas y experiencias de quienes lo producen. El proceso de globalización, en conjunto con la urbanización, los desplazamientos y las transformaciones culturales, fomentan nuevas prácticas del arte desde un esquema descentralizado.


El arte contemporáneo todavía oscila entre su propia concepción y la validación que puede ejercer un museo sobre sus prácticas, sin embargo, enfrenta desafíos como la carencia de recursos para infraestructura que permita estimular la aparición de espacios, así como la migración de los artistas que limita establecer un sitio de exhibición como tal. Y es que, en específico, la labor que realizan los museos, vistos como instituciones de naturaleza conservadora, no marcha de manera simultánea con las manifestaciones del arte contemporáneo, aunque sí evolucionen históricamente según las dinámicas del arte, sus cambios de método y forma, circulación y consumo, por lo que es difícil pensar en un museo como un hub internacional de actividades artísticas que, simultáneamente, conciba, cure y participe en proyectos diversos alrededor del mundo.

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En los museos o espacios para el arte contemporáneo el lugar es fundamental, pues ahí sucede el arte “vivo”, además generan un vínculo entre los residentes o quienes acuden a presenciar la obra porque actúan como casas donde habitan propuestas que no necesariamente pudieron ser vistas, en su contexto original, por ese mismo grupo de personas.

Algunos críticos de arte, y también algunos artistas, señalan que pareciera que los museos, como institución, enfrentan problemas para atender las demandas de las nuevas dinámicas del arte, y en general de la cultura, cada vez más cambiantes. El reto ahora es llevar la práctica de los museos al mundo para que estos dejen de ser simples receptores y su función se extienda más allá de acoger obras.

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El museo como hub, señala Gerardo Mosquera, crítico de arte y curador independiente, tendría un nivel de participación importante en la concepción y organización de proyectos multidisciplinarios (exhibiciones, talleres, encuentros, interacciones) gestionados por el propio museo o en colaboración con otras instituciones, grupos informales o personas, lo que le restaría su carácter formal frente a la práctica artística y fomentaría el ambiente para concebir la experiencia del artista. El espacio, en realidad, asegura Mosquera, tendería a desaparecer.


Los museos, entonces, serían una red internacional de artistas, grupos culturales, curadores, críticos, coleccionistas, públicos, entre otros quienes sólo utilizarían el término para su identificación, pues en realidad formarían una comunidad con intereses culturales compartidos y para beneficio de la colectividad. Sin embargo esta nueva propuesta sobre los museos contrasta con la imagen que estos forjan como los referentes culturales de un país o lugar en particular, aunado a su papel en el turismo y cuestiones políticas propias de cada nación.

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La idea es romper el centralismo de los museos y que sean ellos los que recojan la experiencia del artista para generar las propias en el espectador y hacerlo parte a través de proyecciones, encuentros y las nuevas tecnologías que lo involucren para que el diálogo, al menos en el arte contemporáneo, deje de ser horizontal. 


Sobre el problema que puede traer consigo esta nueva visión de los museos está la pérdida de la función social del arte, entendido esto como la “autonomización” del mismo de su medio social, por la creencia que se tiene de que éste debe responder a las necesidades y problemáticas de su tiempo, pues no estaría claro sobre qué y con base a qué se acotarían las prácticas artísticas periféricas gestadas en todo el mundo.

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En resumen, las manifestaciones del arte contemporáneo están aún lejos de reconocerse como una práctica institucionalizada, no por ello carecen de validez y trascendencia, pero sí enfrenten la falta de espacios que se involucren en el mismo lugar donde éstas se desarrollan. El futuro será el que determine sobre los hombros de quién camine el arte. 

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Etiquetas:museos
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