"De esta no sales viva, Paulina", la historia de un abuso en el gimnasio

Lau AlmarazMartes, 6 de marzo de 2018 17:01

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A través de #MeTooMx, Paulina compartió su historia de abuso con CC News para apoyar a más mujeres en un caso similar


«Me ven fuerte, pero me hicieron mucho daño. Me cansé de aparentar estar bien», confiesa Paulina Domínguez en sus redes sociales. «Lo vengo cargando y aprovecho esta red social y lo que le está pasando últimamente a tantas mujeres para escribirles esto con el corazón en la mano y un nudo enorme en la garganta». Cuando CC News platicó con Paulina, se le notaba cansada, fastidiada, con un dejo de enfado en la mirada.


Quiere olvidar todo lo que pasó y para que eso suceda, tiene que contarlo. Lo siente necesario. El acoso y las agresiones físicas que sufrió a manos de su entrenador personal en el gimnasio no son algo con lo que quiera cargar después de algunos meses de haber ocurrido. Compartirlo a través del hashtag #MeTooMx es su manera de hacer catarsis y también de ayudar a quien esté pasando por una situación similar.


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A través de #MeTooMx, Paulina compartió su historia con CC News. (Ilustración CC News)


Para Paulina, el abuso comenzó en noviembre del año pasado, cuando una amiga que resultó embarazada le ofreció el traspaso de su cuenta en el gimnasio porque ya no podría hacer ejercicio debido a su condición física. «A mí siempre me ha gustado hacer ejercicio. No lo pensé dos veces y de inmediato compré el bono», cuenta la joven de 29 años a CC News. «Cuando llegué al gimnasio estaba todo padre, aunque los entrenadores te ven como la nueva, como la carne fresca, como la presa».


Y así fue la situación para Paulina, diseñadora gráfica de profesión. Apenas llegó al gimnasio e Israel, como pidió que lo llamáramos por seguridad, se puso a sus órdenes. «Él me transmitió confianza y me ofreció un plan que me motivó. Me dio cinco clases gratis de entrenamiento personalizado para ver cómo me sentía», relata Paulina quien dijo que después de ser convencida, aceptó el trato. «Decidí pagar los ocho mil pesos por 30 sesiones personalizadas».



En su semana inicial, a ella le hicieron el in body, que es una báscula «en la que te subes y con las dos manos agarras dos palancas que te miden el índice de masa corporal, te pesan». Ese estudio se hizo frente a todos los entrenadores. Después de esos primeros siete días, comenzó lo que Paulina denomina su calvario.


Israel solicitó a Paulina realizarse un estudio similar al in body. «Le pregunté que cómo era y me dijo que en top y short y al decirle que no traía short, me dijo que podía hacerlo en calzones», afirma la diseñadora. «Respondí que no, que cómo creía y contestó que el aparato lo tenía que devolver al otro día». Fue entonces que ella aceptó sin saber que minutos después, Israel abusaría sexualmente de ella.


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Fueron varios los golpes que Israel propinó a Paulina durante meses de abuso. (Foto: Cortesía Paulina Domínguez)


«Cuando me va a medir, pasó su mano encima de mis senos y le dije: "No te pases. Esto no creo que vaya por ahí". Entonces me agarró del cuello, ahorcándome y me dijo que iba a hacer lo que él quisiera y que pobre de mí si hablaba o le decía a alguien porque sabía dónde vivía, sabía que tenía un hijo, y sabía cómo chingarme». Paulina es mamá de un pequeño de cinco años. Israel conocía los datos de Paulina porque se los solicitaron al ingresar al gimnasio para atender cualquier situación de riesgo.


«En ese momento dejé que me tocara… Le dije: "voy a gritar" y me contestó: "si tú gritas te voy a pegar y de aquí no vas a salir viva"», dice Paulina a CC News con impotencia. «Me sentí amenazada, intimidada y dejé que me hiciera lo que quisiera. Me tocó y abusó sexualmente de mí ese día. Cuando se acabó todo yo me fui directamente a las regaderas, me sentí asqueada, estaba shockeada, no sabía qué había pasado conmigo».


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El entrenamiento se volvió difícil para Paulina quien era amenazada por su instructor. (Foto: Cortesía Paulina Domínguez)


La negación se hizo presente en Paulina. Creía que todo el acoso, el abuso, habían sido parte de un sueño, que no había pasado nada. Abrazó a su pequeño y al otro día, decidida a no perder nada por lo que había trabajado, se presentó en el gimnasio para trabajar ya con otro entrenador. Él la buscó, Israel no dejó de intimidar a Paulina.


«Me llevó a un punto muerto en donde no hay cámaras, él sabía dónde hay y no hay cámaras. Me jaló el cabello y me dijo: "vas a hacer lo que yo te diga, vas a sonreír y vas a fingir que aquí no pasó nada porque si hablas, ya sabes lo que te va a pasar"», dice Paulina quien agregó que los siguientes entrenamientos fueron cada vez más pesados.


«Fueron los peores entrenamientos que yo pude tener. Me ponía a cargar más peso del que yo podía, me provocó lesiones, moretones, contracturas, no podía caminar bien, me jalaba, me pellizcaba, siempre me molestaba con mi peso», indicó la joven al tiempo que nos confesaba que desde pequeña el peso le fue un problema ya que padeció anorexia y bulimia.


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Las marcas en el cuerpo de Paulina producto también de los entrenamientos tan pesados, eran visibles.

(Foto: Cortesía Paulina Domínguez)


Por miedo, Paulina siguió dos meses más en el gimnasio. No sabía qué hacer ni cómo actuar. Acoso, golpes, malos tratos, daño psicológico, todo eso le siguió a esta mujer que, por otra situación de violencia, decidió denunciar este abuso por parte de su entrenador en el gimnasio.


Un jueves, al salir de trabajar y tras decidir que no quería tomar el transporte público para llegar a casa, Paulina utilizó un taxi privado en donde la asaltaron. «En un semáforo se nos acercó un chico, amaga al chofer y se sube en mi asiento. Me puso la pistola en la cabeza y se salió con mi maleta y mi cartera. Salí corriendo tras de él y vi a un policía. Le grité y con ayuda de mucha gente lo detuvieron», dice Paulina.


Durante la noche, en el MP y tras la denuncia en contra del asaltante, Domínguez solicitó asesoría a una de las abogadas presentes. «Le enseñé unos golpes, fotos, le conté mi situación y me mandó a valorar con un doctor, de quien sentí discriminación, pues me dijo que seguramente yo andaba provocando a mi entrenador. Me recordó que la culpa había sido mía». Gracias al trabajo de la licenciada, de acuerdo a Paulina, se levantó un acta «para que este tipo no se me pudiera acercar».




El citatorio llegó al gimnasio en donde entrena Paulina. Cuando ella llegó al lugar, su sorpresa fue grande al darse cuenta que la esperaba el dueño de la marca del centro de entrenamiento para hablar con ella. «A ellos no les convenía que la marca se manchara, me ofreció entrenamientos gratis a cambio de que yo no dijera nada. Lo único que le pedí fue tranquilidad, que me aseguren que no va a regresar, que no me va a molestar».


Israel fue despedido por el gimnasio y desde ese momento, Paulina Domínguez no sabe qué ha sido de él. No le ha escrito y mucho menos le ha llamado. En redes sociales no se ha comunicado con ella y el panorama es incierto. «La denuncia está hecha, el acta está levantada, si se me acerca puedo llamar a alguna patrulla y de inmediato se lo llevan. Tengo miedo. Sigo yendo a entrenar pero siempre con la cabeza en todos lados», sentencia Paulina no sin antes enviar un mensaje a las mujeres que, como ella, sufrieron abuso o acoso por parte de un hombre.


«No importa la situación, las humillaciones, lo sucias, lo mal que podamos sentirnos, siempre habrá alguien que nos dé la mano. Somos muchas mujeres las que hemos pasado por esto. Si no alzamos la voz esto jamás va a parar. Les hablo con el corazón porque pasé por abuso sexual a los cinco años, por violencia doméstica… No me hago la víctima, nunca es tarde, entre todas vamos a cuidarnos».


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ETIQUETAS: violencia de género Acoso Sexual Violación
REFERENCIAS:
Lau Almaraz Lau Almaraz

Periodista egresada de la FES Acatlán.

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