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HISTORIA

La Malinche es la culpable de todos nuestros problemas




Una noche de febrero me encontraba viendo los premios Óscar porque "Gravity" de Alfonso Cuarón estaba nominada en diferentes categorías; la vi dos o tres semanas antes y sabía que estéticamente tenía muchas posibilidades de ganar aunque en mi psique prevaleciera el lema: a los mexicanos nunca les dan los premios importantes. Vaya sorpresa me dieron cuando anunciaron al ganador y en el estrado uno de los nuestros dictaba el tradicional discurso.

Decidí twittearlo y subirme al tren cuando me encontré con una foto: la credencial de Cuarón y "El Chivo" Lubezki –también ganador– representando al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), dos de la UNAM en el máximo premio estadounidense. ¿El problema?, un mito resurgiendo, aquél que afirma: los dos ganadores a mejor película fueron expulsados por haber hecho un cortometraje en inglés.

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Quizá es un apego a los datos curiosos, una forma de traer del recuerdo un evento aislado, pero el hecho es que la expulsión no representó más que dos mexicanos fueran a probar nuevas oportunidades y horizontes como lo hubieran hecho si terminaban la carrera aquí. Eran otros tiempos –los ochenta– y México afrontaba necesidades, el cine vivía las consecuencias de las "ficheras" –un retraso total– y era muy complicado ofrecer apoyo a cineastas, un escenario muy distinto al que se vive ahora; sin embargo, esta institución quedó maltrecha e identificada como la que le dio la espalda a los grandes.




¿Quién es el malinchista entonces?, ¿aquél que expulsó a los grandes o los que prefirieron darle un sentido extranjero a su cortometraje? Es un debate que vale la pena repensar, pues malinchismo, como lo dice Octavio Paz, es el devenir histórico que la sociedad mexicana hereda de una figura mítica: "La Chingada", término que representa a la madre y también a la Malinche. Según él, los hijos de la chingada son "todos los extranjeros, los malos mexicanos, nuestros enemigos y rivales".

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Entonces los malinchistas son Cuarón y Lubezki, pues de acuerdo a la definición no importa su talento, si explotan lo extranjero y viven allá, serían entonces malos mexicanos. ¿No sería injusto? ¿Por qué vamos a crucificar a alguien si ha probado que puede hacer vibrar el nombre de este país en todo el mundo? Vaya lógica.

Los filólogos afirman que la respuesta a las tendencias, arquetipos e idiosincrasias de una sociedad son el resultado de las letras, así se puede determinar qué sucedía en el pasado y cuál es su relación con el presente. Para entender lo que significa el malinchismo, quizá debamos sostener una lupa, mirar atrás y conocer quién fue la Malinche.



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La Malinche, Mallinali o doña Marina era una mujer que no tuvo una infancia agradable. Su padre era gobernante de la ciudad de Painala –antigua capital olmeca de Coatzacoalcos en Veracruz– quien murió cuando era muy pequeña y tuvo que adaptarse al nuevo matrimonio de su madre con un señor local. El problema era que la nueva unión no quería a Mallinalli cerca e hicieron hasta lo imposible por deshacerse de ella.

Cuando una niña murió en la comunidad, su madre y el señor aprovecharon el momento para suplantarla e inventar que ella había sido la que tocaba el umbral de la muerte. Sin embargo, sus verdaderas intenciones recayeron en entregarla a unos mercaderes y éstos, a su vez, la vendieron como esclava en el mercado de Xicalanco a otros comerciantes mayas, por último ellos la ofrecieron al señor de Potonchán, el cual recibió a Hernán Cortés en marzo de 1519 en la costa de Tabasco. A él le brindaron oro, mantas, alimentos y veinte doncellas, entre ellas Mallinali.

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La única condición de Cortés para aceptar a Mallinali fue que se bautizara bajo la norma cristiana, pues así iba a ser posible mantener relaciones sexuales con ella. Desde ese momento fue conocida como doña Marina, la mujer que sería la llave de México, la intérprete de los indígenas, musa del español y vista ante todos como traidora –aún en el presente–.



La labor de Marina era conseguir el apoyo de los indígenas que odiaban o tenían conflictos con el Imperio Azteca a través de un diálogo que pasaba entre Hernán Cortés, Jerónimo de Aguilar, ella y los líderes de las diferentes tribus. Una mujer que permitió el enlace entre Moctezuma y los españoles a cambio de adquirir su libertad.

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De su muerte no se sabe mucho, pero es posible que muriera en una de las tantas epidemias que azotaban a los indígenas y tal vez ella no haya podido ver la conquista en su máxima expresión: las iglesias católicas sobre los templos aztecas o la inhumana matanza y despojo de su pueblo.

Una mujer que ha sido víctima de ser señalada como la culpable de todos los males en México, que este país tenga la idiosincrasia que viene acarreando a la nación desde que fue conquistado. La lógica no deja de ser sencilla, pero cae en la falacia, en la contradicción y el poder de echarle la culpa al de a lado, a las mujeres e incluso a quien no se conoce. ¿Qué harías tú entonces para adquirir la libertad?



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Pasaron miles de años y sin duda el enlace entre Mallinali y los españoles dio como resultado que ganaran la tierra con poca gente y muchos pueblos descontentos por el acoso que recibían de los aztecas; también bastó sólo un puñado de ibéricos que señalará a Hernán Cortés de malinchista –porque siempre estaba con Mallinali– para que los indígenas la denominaran así.

Entonces el origen de la palabra la inventó una horda de extranjeros que vinieron a dominar este país, no los mismos indígenas. "Los hijos de la chingada", como dice Octavio Paz, fueron aquéllos que divulgaron la palabra por siglos y siglos de argot mexicano y nuestra sociedad lamentablemente la ha adoptado.

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Aunque apuntar culpables es un práctica muy común en todos los países, en México tendemos a menospreciar a quienes se han ganado un respeto y triunfo en el extranjero en lugar de glorificarlo; sin duda debe eliminarse, pues sólo propiciamos el desprecio de alguien que busca sobresalir en otros ámbitos. La Malinche quiso su libertad –a costa de la de otros– y a cambio recibió un discurso machista y excluyente; dos rasgos que son el cáncer de este país.




No quiere decir entonces que sea la culpable de lo que pase en el presente, sin embargo, será marcada por siglos y siglos de historia como traicionera cuando la máxima aspiración en ese momento de todo el mundo era la libertad.

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¿Qué haríamos nosotros si fuéramos ella?, un cuestionamiento sin respuesta, pues no vivimos en ese contexto ni tampoco conocemos si era feliz haciéndolo, lo que sí sabemos es que aún seguimos apuntando culpables y desprecio a quien quizá no lo merece o no entendemos; una actitud que refleja el pasado no de la Malinche, sino de todo el pueblo mexicano cuando alguien triunfa afuera y los acusamos de malinchistas sin darnos cuenta –salvo honrosas excepciones–.


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Etiquetas:datos curiosos
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