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HISTORIA

La tormenta solar que estuvo a punto de iniciar la Tercera Guerra Mundial



Desde que el hombre tuvo consciencia de sí, comenzó a prestar atención al paso del tiempo y a reunir los hechos de cualquier naturaleza, que tienen como único vínculo entre sí pertenecer al pasado, a un tiempo que fue y que nunca más volverá a ser. Las guerras y los conflictos entre tribus, pueblos o naciones han sido una constante a lo largo de la historia y tal parece que la humanidad ha vivido momentos tan álgidos como decadentes de la mano de invasiones, saqueos, conquistas y campañas bélicas que llenaban de incertidumbre y miedo a los habitantes de un sitio determinado, que temían que todo lo que conocían: los límites de lo que llamaban mundo, delimitado por sus templos, mercados y centros urbanos, pudieran desaparecer de la faz de la Tierra y hundirse entre cenizas, murallas vencidas y ríos de sangre.

Cientos de imperios han pasado del esplendor a la decadencia, algunos sin siquiera dejar rastro sobre las causas reales de su desaparición, cuyo misterio se transmite de generación en generación y se cuenta en otras latitudes como un recordatorio de la devastación de la guerra e indiferencia humana; sin embargo, no fue hasta el siglo XX cuando la guerra escaló por primera vez en un conflicto multicontinental que supuso la angustia en distintas latitudes.



Después de los métodos de destrucción masiva estrenados en la Primera Guerra Mundial, el segundo conflicto bélico de gran alcance abrió una posibilidad impensada para la humanidad: ¿Qué pasaría si las armas de una guerra se hacen tan destructivas y la escalada de las hostilidades crece tanto como para poner en riesgo al mundo actual? ¿Qué pasará después de una catástrofe de dimensiones planetarias, quién cantará tragedias y contará la triste historia de esta guerra para advertirnos de sus horrores si no queda nadie más?

Después de la cruel muestra del poderío destructivo de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, el miedo a un cataclismo nuclear quedó anidado en la mente de los hombres y mujeres que vieron cómo el mundo se dividió en ideologías de dos sistemas económicos y políticos distintos en el conflicto conocido como Guerra Fría. Durante décadas, tanto la URSS como los Estados Unidos hicieron del mundo un polvorín, ante una juventud que por primera vez en la historia, creyó que el futuro de toda la vida en la Tierra estaba comprometido por la voluntad diplomática de los gobernantes de ambas naciones.



Los rumores del inicio de una ofensiva nuclear se propagaron cientos de veces; sin embargo, muchos coinciden en que el episodio de la tormenta solar, menos mediático que los demás, estuvo a punto de iniciar la tan temida guerra. El 18 de mayo de 1967,  en plena carrera espacial y a ocho años de distancia del triunfo de la Revolución Cubana, muchos ciudadanos norteamericanos fueron testigos de un cambio visible en un área del Sol, corroborado por observadores especializados. Los radares comenzaron a detectar niveles de ondas de radio nunca antes vistos y la información se confirmó desde Nuevo México hasta Massachusetts.

"La primera línea de defensa contra un posible ataque aéreo estaba fuera de operación, Moscú podía volar un grupo de bombarderos con dirección a Washington o Nueva York que sólo serían visibles por el ojo humano segundos antes de consumar el ataque".


Cinco días después, el sistema de alerta previa de radares balísticos del ejército de Estados Unidos mostró anomalías en su funcionamiento y dejó de funcionar antes del mediodía. La primera línea de defensa contra un posible ataque aéreo estaba fuera de operación, Moscú podía volar un grupo de bombarderos con dirección a Washington o Nueva York que sólo serían visibles por el ojo humano segundos antes de consumar el ataque. Los altos mandos del ejército de inmediato interpretaron que se trataba de la primera parte de un ataque soviético y citaron a una reunión de emergencia donde también participó el presidente Lyndon B. Johnson, quién dejó posibilidad abierta de iniciar una ofensiva para sorprender al mismo tiempo a los rusos en su propio territorio. 



Los bombarderos cargados con armamento nuclear partieron de Florida y sobrevolaron la zona en busca de una señal de ataque aéreo. Más unidades fueron dispuestas en el aire en todo el perímetro del Pacífico ante una segunda serie de fallas en los sistemas de comunicación, al tiempo que el Air Force fue cargado de emergencia con provisiones suficientes para mantener un vuelo ininterrumpido para garantizar la seguridad del Presidente, mientras la tensión iba en aumento.



40 horas después de las primeras llamaradas, restos de auroras boreales iluminaron el cielo de Nuevo México debido al alto nivel de la tormenta geomagnética y una errónea interpretación de la ciencia estaba a punto de desatar el conflicto más peligroso en la historia de la humanidad; sin embargo, el alto mando del NORAD (Comando Norteamericano de Defensa Aeroespacial, por sus siglas en inglés) se entrevistó con el capitán Arnold Snyder, del Centro de Pronóstico Solar sobre los fenómenos ocurridos recientemente en suelo norteamericano.



Snyder dio una explicación lo suficientemente convincente como para derribar la paranoia de un posible ataque y convenció a los altos mandos de que el fallo de los radares, las lecturas erróneas de los instrumentos de comunicación y las luces presenciadas en el sur del país fueron resultado de una tormenta geomagnética sin precedentes en el Sol. Arnold trató de hacer el mejor uso posible de su lenguaje científico, combinándolo con ejemplos cotidianos para hacer entender a los oficiales la causa real de los sucesos recientes.

Al final, la versión del jefe del Centro de Pronóstico Solar fue tomada como verdadera y las operaciones de contraataque y defensa se cancelaron en los Estados Unidos, en un recordatorio de que la investigación científica y el conocimiento del espacio es tan importante como cualquier otra área gubernamental, pues la comprensión de los fenómenos permite dilucidar entre realidad y paranoia, entre lo real y lo ficticio, y en casos extremos como los momentos más tensos de la Guerra Fría, evitar una catástrofe nuclear.

Si quieres saber más sobre el conflicto que amenazó con estallar durante la segunda mitad del siglo XX, lee Origen y consecuencias de la Guerra Fría. El temor de la amenaza atómica fue tan real que incluso los más pequeños también temían de la desaparición de su mundo. Descubre la historia del día en que John F. Kennedy salvó la vida de Santa Claus de las bombas nucleares.







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