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HISTORIA

La gran farsa detrás de la invasión nazi a Canadá

Cuando una mañana de febrero de 1942 el ejército alemán llegó a Winnipeg, la capital de la provincia canadiense de Manitoba, el frío absoluto de la comunidad se hizo aún más terrible por la presencia desoladora de los soldados nazi. A su arribo, el cuerpo castrense reunió a los pobladores de la región para darles a conocer el siguiente reglamento de actitudes en la nueva administración del lugar:



1. El territorio, bajo la jurisdicción de Coronel Von Erich Neuremburg, pasaba a formar parte del Tercer Reich.

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2. El toque de queda se conformaba entre las 9:30 p.m. y el amanecer.

3. No se podían reunir más de 8 personas en cualquier momento y lugar.

4. Cada familia debía proporcionar alojamiento a 5 soldados.

5. Todas las organizaciones de carácter militar o pseudomilitar quedaban disueltas y prohibidas. Las organizaciones juveniles podían seguir existiendo, pero bajo la dirección de un oficial alemán.

6. Todos los propietarios de automóviles, camiones y autobuses debían registrarlos en la sede de Ocupación y serían requisados por el ejército de ocupación.

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7. Cada agricultor debía informar de todas las existencias de ganado y productos agrícolas, y no podían ser vendidos, sólo a través de la oficina del Kommandant de suministros.

8. Todos los emblemas, excluyendo la esvástica, debían ser destruidos inmediatamente.

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9. A cada habitante se le proporcionaba una tarjeta de racionamiento, la comida y la ropa sólo se podían adquirir con la presentación de esta tarjeta.

10. Las siguientes infracciones eran castigadas con la muerte sin juicio:

El intento de organizar la resistencia contra el ejército de ocupación.

Entrar o salir de la provincia sin permiso.

La posesión de armas de fuego.


Bajo dichas leyes, los nativos debían planear hasta su más mínimo movimiento con el terror insoportable de tener que doblegarse antes los mandatos del partido más radical de aquel entonces. El único inconveniente de todo esto fue que, causando controversia sin igual, todo fue una actuación del mismo gobierno canadiense. Pero ¿por qué simular algo tan devastador entre su misma gente?


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A las seis de la mañana llegó ese cuerpo bélico sin posibilidad de reaccionar; 3,500 soldados invadían las calles y lograron someter al poblado ficticiamente. En la radio “tomada” por los germanos se hablaba de cómo estos avanzaban por el territorio e iniciaba su gobierno total. Pero resultó que todo eso, incluso el alza de la bandera nazi en donde antes ondeaba la Union Jack, era una pantomima.

La respuesta hoy parece simple: la mejor campaña de marketing hecha en la historia de aquella tierra llena de maples y alces. La venta de bonos de guerra, ese instrumento financiero que los ciudadanos podían adoptar para aportar económicamente al conflicto y a la subsistencia de sus soldados, había bajado; la gente no estaba ya dispuesta a la inversión de esta naturaleza. Tras la I Guerra Mundial, los bonos habían dejado de ser populares.

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Fue entonces que el Estado decidió un acto teatral que posteriormente se conoció como “The If Day” (Si un día…); un simulacro que fue anunciado entre la gente (aunque no toda) para que experimentaran cómo hubiera sido su vida si los nazis llegaban a Canadá. No hubo un completo asombro entre los pobladores, pero surtió el efecto que tanto se buscaba en aquella época.

Con cientos de voluntarios del ejército, veteranos de la guerra anterior y uniformes alquilados en Hollywood, la población de Winnipeg se convenció radicalmente una vez más de involucrarse en los hechos que preocupaban al planeta entero. La representación terminó a las 5:30 de la tarde ese mismo día y se dio inicio a un desfile por Portage Avenue con carteles que decían “Esto no puede suceder aquí” y “Compra bonos de la victoria”; autoridades y empresarios convocaron a la compra y fue así como se recaudaron 3.2 millones de dólares canadienses en las pocas horas que quedaban de aquel día. Al finalizar la campaña se consiguieron 60, de un total de 45 que se tenían estimados.

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Otros lugares intentaron copiar la estrategia en sus propios territorios, pero el escándalo de una medida drástica y cruel se sigue debatiendo hasta la fecha. ¿De verdad se necesitaba llegar a ello o simplemente fue una idea extremista que no tenía razón de realizarse? Para continuar aprendiendo del partido político más controversial de la historia y sus consecuencias en el mundo, lee acerca de la maldición de tener un apellido nazi en Alemania y el relato de la mujer de 90 años que seducía y asesinaba nazis en la guerra.







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