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HISTORIA

El primer reformador social, Urukagina de Lagash

 
Puede pensarse que la preocupación por la pobreza es un esfuerzo propio de la modernidad, algunos incluso pueden aventurarse a pensar que es algo propio del humanismo, sin embargo la preocupación por quienes menos tienen puede rastrearse hasta los inicios mismos de la civilización.

Lagash había necesitado durante cien años de la guerra para forjarse un nombre dentro de las grandes ciudades estado de Sumeria. Para el año 2415 a.C.,  la ciudad de Lagash había logrado establecerse en la cima de su poder y por lo menos durante un siglo, gozó de un periodo de prosperidad económica y militar sobre todas las ciudades de Sumeria, lo que había hecho fluir riqueza dentro de la ciudad consolidando grandes fortunas para unos cuantos afortunados. Urukagina no pertenecía a la línea de los reyes de la ciudad, se había hecho del trono después de un periodo de inestabilidad a la muerte del rey Eannatum, monarca guerrero que había muerto en el campo de batalla. Aunque la ciudad estaba en combate activo contra la ciudad de Umma, parece que la verdadera preocupación de Urukagina, era el estado en el que se encontraba la población de la ciudad.

Algunas inscripciones describen una ciudad llena de sacerdotes corruptos y poderosos que a través de la fuerza despojaban a los menos afortunados de sus pocas posesiones, los trabajadores mendigaban por comida y algunos incluso necesitaban buscar en la basura algo para llevarse a la boca. Al parecer había funcionarios que cobraban por casi cualquier actividad, desde esquilar ovejas, inspectores de tiendas, inspectores de pesca e incluso para el almacenaje de los cereales “Desde el mar hasta la frontera: allí estaba el recolector de impuestos”[1] algo que podría encontrarse incluso en las noticias al día de hoy. Estos funcionarios y cobradores de impuestos hacían cobros tan altos, que muchos no tenían más opción que vender a sus hijos como esclavos o ellos mismos caer en esa situación para cubrir dichos pagos.

Conos de arcilla de Urukagina.

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Urukagina comenzó un profundo cambio en las leyes de la ciudad: redujo considerablemente a los funcionarios e inspectores, quitó los aranceles e impuestos sobre los servicios básicos de la población, canceló las deudas de los pobres y prohibió la venta forzada de propiedades. Al parecer no paró ahí, también limitó el poder de los sacerdotes y les prohibió recibir tierras en pago de deudas. “Los sacerdotes dejaron de invadir los huertos de los hombres humildes[2]".

Pero, hay algo más importante. Por primera vez en la historia, surge un término por el que muchos estarán dispuestos a morir. Establece el amagi para la población de Lagash, que aunque literalmente significa “retorno a la madre”, era la alegoría para establecer que quienes eran esclavos podían volver a casa, habían recobrado su “libertad”. El deseo de Urukagina era establecer en la vida de sus súbditos, un código concreto de normas que no estuvieran sujetas a los caprichos de los ricos y poderosos para poder regir sus vidas. Un sentimiento verdaderamente remarcable.

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A pesar de ello, Urukagina tendría el mismo problema que sufrirían todos los reformadores sociales después de él. Y es que los grupos de poder rara vez abandonan sus privilegios sin lucha, o con algún tipo de inconformidad, más aún si estos grupos tienen dinero y poder. Sin duda se había ganado la antipatía de quienes dominaban la política y la economía en la ciudad, lo que, como a otros después de él, le costó la vida. Poco duró el sueño social del rey, incluso en vida tuvo que retractarse de sus reformas más extremas y no mucho después, su desmoralizado ejército fue aplastado por el ejército del rey de la ciudad de Umma, vieja enemiga de Lagash, que ahora le cobraba viejas cuentas.

Aunque se ha sujeto a debate el verdadero alcance de las reformas de Urukagina, incluso si realmente fueron puestas en marcha en la vida cotidiana, algunos registros establecen que tuvo que retractarse de sus medidas más extremas[3] no mucho después de su "publicación". No obstante, es la primera vez que a través de un código escrito se pretende limitar el poder de una élite establecida y dar derechos a quienes, de otro modo, estaban a merced de intereses superiores.

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Poca influencia tuvo en su tiempo la reforma de Urukagina de Lagash, incluso el código original no se ha conservado en su totalidad. Muchos otros códigos serán forjados en Mesopotamia, algunos mucho más famosos como el de Ur-Nammu o Hammurabi, creado casi 700 años después. Sin embargo, su importancia radica en demostrarnos que la preocupación por la justicia social ha estado desde el principio de la civilización, y de seguir siendo una promesa incumplida, seguro estará también, en el fin.


***

[1] Kramer, Samuel Noah, From the tablets of Summer: Twenty-Five first in man’s recorded history, Indian Hills, Falcon’s Wing Press, 1956. Pg. 48.

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[2] Diakonoff, I.M., Early Antiquity, Chicago, University of Chicago Press, 1991. Pg. 82.

[3] Foster, Benjamin, Las civilizaciones antiguas de Mesopotamia, Barcelona, Crítica, 2011. Pg. 55.

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Etiquetas:guerra
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