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HISTORIA

El fin de los tiempos: los cuatro jinetes del Apocalipsis

Por: Daniel Morales Olea 23 de agosto de 2015

El fin de los tiempos está cerca, o al menos eso aseguran las profecías que al parecer son cada vez más frecuentes. Quienes temen al fin del mundo por razón de algún fenómeno divino pueden permanecer en estado alerta toda la vida. Las buenas costumbres religiosas se han perdido en gran parte del planeta y si de pecar se trata, todos somos culpables. Según el catolicismo, la Tierra se convulsionará y seremos juzgados por nuestras acciones; tras eso nos separarán para el eterno sufrimiento o para asegurar un lugar en el paraíso del que aún no sabemos nada con certeza.

Está escrito en la Biblia, máxima autoridad eclesiástica y palabra de Dios, que el fin de los tiempos tendrá un desenlace que que podría ser visto como salido de una película de terror. Por algo hay algunas cintas que se les dice post apocalípticas, pues suceden en un mundo en el que la Tierra se ha transformado tras un evento de destrucción global.

En la última parte del texto sagrado del cristianismo se encuentra el Apocalipsis. Este libro atribuido a San Juanes es el más rico en simbolismo y el único profético dentro de la Biblia. A lo largo del Apocalipsis surgen ciertos personajes míticos que han entrado en el imaginario popular, entre ellos, quizás los más famosos son los cuatro jinetes del Apocalipsis.

 

Los cuatro jinetes son mencionados en el capítulo sexto del libro del Apocalipsis. En este capítulo se menciona un pergamino que tiene siete sellos y que está en la mano derecha de Dios. Jesucristo abre los primeros cuatro sellos y estos liberan a los jinetes montados en caballos de diferentes colores.

La Biblia requiere de una lectura en diferentes planos; leerla literalmente sirve para entender el pensamiento cristiano en un primer nivel, pero, si uno excava en sus páginas, puede encontrar muchos significados. En este caso los jinetes con una alegoría a cuatro cosas universales en la humanidad.

Caballo Blanco

“Cuando abrió el primer sello, oí al primer ser viviente, que decía: Ven. Miré y vi un caballo blanco, y el que montaba sobre él tenía un arco, y le fue dada una corona, y salió vencedor, y para vencer”. Ap 6,2.

Usualmente se le refiere como “el conquistador” por lo que muchos consideran que se puede tratar del propio Jesucristo. Debido a que monta a caballo con un arco, muchos estudiosos consideran que es la representación de lo que hicieron los reinos cristianos al evangelizar la palabra de Dios por todo el mundo. Es quien salió “victorioso” tras infundir su palabra sobre la de los demás. Según otros estudios, el jinete también podría ser el espíritu santo guiando el “camino correcto”.

Caballo Rojo

“Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: 'Ven'. Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros; se le dio una espada grande”. Ap. 6,3-4

Este caballo significa guerra o rumores de guerra. Es el comienzo de los dolores. Con una espada en mano y listo para la batalla el jinete puede crear carnicerías en masa. Su caballo color rojo y alguno dicen que es rojo como el fuego pero también que representa lo más obvio, la sangre que se derrama. Mientras unos consideran que es el símbolo que profetizaba una guerra civil otros creían que es la persecución de los cristianos al comienzo de la religión.

Caballo Negro

“Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: “Ven". Miré, y vi un caballo negro. El que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: “Dos libras de trigo por un denario y seis libras de cebada por un denario, pero no dañes el aceite ni el vino”. Ap. 6, 5-6

La hambruna se representa por medio del jinete que monta un caballo negro y que lleva un par de básculas en la mano para representar la forma en la que el pan o la comida se pesaban en esos tiempos. Entre los cuatro jinetes, sólo con este se recibe un mandato junto con su anunciación: “Pero no dañes el aceite ni el vino”. Sugiere abundancia para los ricos con el aceite y el vino; pero la muerte para la mayoría, pues el trigo y la alimentación básica en general sufriría graves daños. Otra lectura es que cuidar el aceite y el vino simboliza la salvación de los cristianos que usan estos elementos en sus rituales.

Caballo Cenizo

“Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que decía: 'Ven'. Miré, y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte y el Hades lo seguía: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra”. Ap. 6, 7-8

El único con un nombre, el nombre que todos hemos escuchado y el único jinete que es seguro que conoceremos: Muerte. A diferencia de los otros tres jinetes que portan artefactos en su casa, la muerte va acompañada de Hades: Dios y lugar a donde van los muertos. Éste a través de la guerra, la hambruna y la peste lleva a los muertos al más allá. Se le concede un cuarto del total de la tierra.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis tienen una breve aparición en los textos sagrados, pero es a partir del arte y el simbolismo que han generado tantas interpretaciones. Cuatro jinetes que deciden nuestro destino, cuatro jinetes que al verlos nos daremos cuenta que han estado entre nosotros desde el principio de la humanidad. La hambruna, la guerra, la muerte y la victoria son parte de nuestra esencia; viven entre nosotros, escondidos y hacen de nosotros humanos que toman decisiones que nos llevan por un camino que muchos esperan sea juzgado algún día para recibir el máximo regalo.

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