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ESTILO DE VIDA

Las mujeres que sufren ansiedad están destinadas a no poder amar


Cuando Stanley gritaba a todo pulmón el nombre de Stella y, posteriormente, daba a conocer en el cuerpo de Blanche lo que significaba el ultraje pasional, pocos sabíamos lo que estaba sucediendo realmente en “Un tranvía llamado deseo”. Aquella obra escrita por Tennessee Williams y llevada al cine magistralmente al cine por Elia Kazan en 1951, muestra a una joven DuBois interpretada por Vivien Leigh en los brazos violentos de Marlon Brando, totalmente expuesta a la locura. Pero cabe mencionar que ese desenfreno mental, esa mitomanía que la caracteriza a lo largo de toda la narración, no es producto directo –o exclusivo– de su historia personal; en buena parte todo recae en su naturaleza femenina.


“La OMS ha dicho al respecto que el género es un determinante crítico de la salud y la enfermedad mental; ahí está la depresión como elemento central de ello”.

No malinterpretemos esto; esa condición que podría tomarse como consecuencia del mundo masculino represor, colindante con los terrenos del nervio profundo –como aquél que plasma Almodóvar en su producción y que, de hecho, retoma a esta obra como referencia para su arte–, no pretende exculpar a la sociedad de los delirios femeninos, pero también halla su razón en el carácter biológico de la mujer. Para muestra la misma Vivien, quien interpretaba a la demencia misma en el cine, pero también la experimentó en su propia vida a partir del amor obsesivo que mantuvo con Laurence Olivier y la exigencia insana que ambos tenían ante el teatro.


Todo se juntó para que ella explotara, para que la fantasiosa Blanche DuBois padeciera de su maldito cuñado y la increíble Leigh cayera en los abismos de la tormenta emocional; pero ¿a qué se relacionaron directamente estos cuadros? A su ser mujer, a sus periodos y a la manera como sus hormonas dirigen el pensamiento.

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¿Por qué decimos esto? No es una conjetura cualquiera ni es una expiación de actitudes, tampoco es dicho con la intención de ofender. Sólo prestemos atención a los siguientes datos, los cuales muestran someramente que una mujer ansiosa no puede entregarse por completo al amor ya que es justamente la falta de éste lo que le orilla a ser juzgada y menospreciada en esas respuestas emocionales que tiene ante la vida.

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Según un programa de investigación en la Universidad de Cambridge, las mujeres padecen más de ansiedad que los hombres no sólo por orden social, sino por disposición biológica.

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El estudio fue publicado en la revista Brain and Behaviour y aporta información en torno a la propensión de ansiedad y tintes de nerviosismo.



La OMS ha dicho al respecto que el género es un determinante crítico de la salud y la enfermedad mental; ahí está la depresión como elemento central de ello.

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Como muchos comportamientos cerebrales, es una apuesta total asegurar ciertas cosas; pero uno de los factores realmente influyentes en la caída de ansiedad, depresión y ensimismamiento, es la conformación orgánica de la mujer.



No por ello debemos omitir que la violencia de género, la desventaja socioeconómica, la desigualdad de ingresos y el bajo nivel social figuran como agravantes del nerviosismo en ella; por no mencionar la indiferencia que se tiene ante esto y la falta de cariño que recae en la mujer absorta.

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El estudio, por cierto, no demuestra que hay más mujeres que hombres padeciendo de ansiedad y estrés en el mundo, sino por qué son las más afectadas desde el punto de vista clínico o estadístico. Son las menos consideradas en esa aceptación de emotividad "femenina".



En el periodo menstrual, tanto la incomprensión social del suceso como el movimiento interno en las mujeres –psicológico y fisiológico–, el sexo femenino experimenta una vulnerabilidad que poco se ha analizado.

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La conexión entre salud reproductiva y salud mental no es concluyente en esta investigación, pero apunta con fuerza a que las áreas del cerebro responsables de regular emociones y conductas se ven afectadas por las hormonas sexuales y los cambios provocados por éstas.



Dicha afectación en los sistemas de neurotransmisores predispone a la depresión, por ejemplo, o aumenta los grados de padecimiento si ya se viven esos trastornos.

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No todas las mujeres sufren estos declives, pero en general, así sucede; la clave entonces del fenómeno no es el comportamiento hormonal exclusivamente. Es también el emplazamiento social un determinante.



Mientras los hombres “tienen permitido” aliviar sus dolencias o zozobras con alcohol u otras actividades, las mujeres todavía deben cumplir con el papel del humano que expresa sentimentalmente sus angustias y cae en el histrionismo del sufrimiento.

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Además, en ese bien cimentado dolor “masculino” que se lleva en silencio, también se ha permitido que la población identifique la dolencia emocional como algo superfemenino y que se debe dejar en libertad, inundando a la mujer de ansiedades comunes, notorias y tratables.


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En conjugación, es el funcionamiento químico de la mujer lo que se devela en determinados contextos y bajo ciertas actitudes lo que vemos en esos periodos que el resto sólo calificamos burdamente como un brote de histeria o un cuadro de exageraciones más allá de la comprensión. Si bien hay un factor científico que efectivamente puede dar razón del por qué y el cómo responde el sexo femenino de tal manera, eso no disminuye los rasgos sociales y políticos que hemos procurado –hombres y mujeres– para que esto sea de tal manera. Para continuar con el tema, dirígete a Acoso sexual en el Metro: La vulnerabilidad de las mujeres y Razones por las que ninguna mujer debería querer convertirse en Harley Quinn.







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Etiquetas:amor
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