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ESTILO DE VIDA

10 momentos en los que supiste que el amor se había terminado



No hay peor sentimiento que ser testigo de cómo el amor agota su fuego abrasador. Aún más duro que el rompimiento o la etapa de duelo, confirmar en primera fila cómo la decadencia se apodera de lo que algún día fue lo mejor de ambos, es casi una sentencia de muerte. Lo virtuoso se desvanece en el aire y una tensa calma se apodera del momento. Los silencios que antes se disfrutaban tanto como las risas de a poco se vuelven incómodos y la magia que brotaba de cualquier detalle se esfuma hasta hacer vano lo que antes parecía lo más preciado.

La llama que ardía con pasión se consume lenta y dolorosamente mientras un sinfín de preguntas los invaden. Los problemas aparecen por todas partes y entre un mar de dudas, la única certeza es que el amor se extingue y con éste, todos los buenos momentos se hacen parte del pasado, de tiempos mejores que ya no volverán más. ¿Cuáles son los momentos más dolorosos, esos en los que una pareja se da cuenta de que lo suyo está moribundo y no queda más que la resignación? 


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Las peleas son constantes



Los conflictos no se solucionan con la facilidad de antes, cuando un beso bastaba para zanjar cualquier diferencia y un abrazo era la solución perfecta para iniciar una tregua. Las discusiones más banales se magnifican y no sólo involucran problemas actuales, sino que se remontan al pasado en una serie de reproches que los hace discutir sin ánimo de resolver las cosas, pero con la férrea convicción de querer tener la razón.


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Se agota el tiempo de calidad



Antes aprovechaban cualquier espacio en su agenda para verse y disfrutar de cada uno. El cine, los museos, las fiestas o el maratón de películas sólo eran un pretexto para compartir juntos: la magia no dependía del lugar o lo que hicieran, sino de pasar el día con una sonrisa permanente entre charlas interrumpidas a besos. El momento de quiebre llega cuando descubren que a pesar del tiempo que pasan juntos, las risas y las muestras de cariño que no cabían en el pecho, no existen más y el tiempo pasa lentamente, como si se tratara de una obligación.


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Desaparece el contacto físico



El contacto físico pasa a ser un bien escaso, los abrazos no aceleran más al corazón y los besos dejan un sabor amargo y roto. Ambos caminan llenos de interrogantes y las manos que antes se mezclaban, apenas se tocan con timidez y desconcierto. El sexo se vuelve mecánico y carente de emociones. 


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Los silencios se hacen incómodos



Lo que antes era un espacio de intimidad, donde el mundo cabía en la mirada de ambos y no existía nada más, ahora se convirtió de una evidente falta de química en la relación. El silencio que se llenaba con un suspiro, una sonrisa de complicidad o la mente divagando sobre cuán felices eran y los planes que compartirían a futuro, ahora sólo muestra la desconexión entre ambos y la falta de temas en común para iniciar una conversación.


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Se acabaron los detalles



No sólo se trata de bienes materiales: una vez que desaparecen los saludos efusivos aun después de sólo un rato sin verse, las despedidas largas que se prolongaban en un abrazo por horas, las visitas sorpresa o cualquier gesto de amor que dejaba claro cuánto pensaban el uno en el otro aún sin estar juntos, es momento de repensar hacia dónde marcha una relación que poco a poco cae en la pereza.


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Ya no hay gustos en común



Aquel disco que tiene un sitio especial en su memoria y de inmediato los transporta a los momentos más especiales que compartieron juntos, la serie de televisión que vieron en compañía del otro en tardes perfectas por el simple hecho de estar unidos o las charlas sobre la actividad que tanto los entusiasmaba, han desaparecido y en su sitio se instala la indiferencia, cruel realidad que por momentos los hace ver como si apenas se conocieran.


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Los esfuerzos desaparecen



En el pasado no importaba cuán lejos, cansados u ocupados estaban ambos. La voluntad por medio del esfuerzo lo podía todo y sin importar nada más, siempre encontraban la forma de estar juntos y compartir el sentimiento que amenazaba con salir del pecho. En la actualidad, la relación se rige por el mínimo esfuerzo y la improvisación. La voluntad que podía contra todo y las ganas infinitas de verse no lo son más.


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No salen más en pareja


Si las salidas de los últimos meses sólo corresponden a fiestas con amigos, reuniones familiares o cualquier otra actividad que involucre la presencia de terceros en su relación, puede que la emoción y el gusto de compartir solamente en pareja haya desaparecido y en su lugar, el aburrimiento y la indecisión obliguen a ambos a idear planes con otras personas sólo para postergar la extinción de su amor.


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No basta con el sexo



La química sexual no es suficiente para salvar una relación cuando se cae a pedazos. A pesar de que la tensión sexual se hace presente en cualquier momento con la misma intensidad que el primer día, la falta de conexión en todos los demás aspectos se hará evidente una vez que el placer llega a su fin. El sexo no salva la relación y los momentos antes y después de éste se hacen un mero trámite sin mayor importancia en el que la convivencia entre ambos no existe.


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Cambios extraños de actitud



Las dudas acechan ante un cambio de actitud, ambos caminan desencajados tratando de leer la mente del otro pero la desconexión es más que evidente. El triste oficio de mendigar atención aparece en cualquiera de los dos y las señales sólo indican que algo ha cambiado para mal, sin tener certeza de qué.



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Si estás pasando por uno de los momentos más bajos después del fin de una relación de pareja, lo mejor es desahogarte y comprender a plenitud qué fue lo que pasó para aprender de los errores del pasado. Mira estas 10 películas que te harán llorar y que puedes ver en Netflix. ¿Qué queda después del desamor? Descubre la respuesta más poética a partir de los poemas que nos demuestran que después del desamor sólo somos voluntad.







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Etiquetas:amor
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