Anatomía de un cuerpo en performance: de las heridas al tocamiento de vagina

11 de enero de 2018

Karina Espinoza

El cuerpo ha sido el instrumento favorito de las performanceras. Golpes, sangre y operaciones abundan en los catálogos de museos y las galerías, pero ¿qué hace la piel femenina tan interesante?


Cuerpo: ¿Arte o porno?


Para Milo Moiré (Suiza, 1983) no es raro salir en las portadas de los periódicos con el mote de provocadora y pornógrafa más que de artista, como ella misma se ha definido. Muchos artículos ahondan en los principios éticos y morales presentes en su obra:


La justificación de su obra reside en buscar la igualdad de género con algo tan natural como lo es el cuerpo femenino. Acepta las críticas con calma y no siente la necesidad de defenderse de ellas e incluso declara que "la línea entre arte y porno es muy difusa", dice un artículo escrito por Paola Gris Pier que lleva por título Los desnudos de Milo Moiré: ¿arte o porno?


En el mismo texto, Gris Pier la llama artivista —artista y activista— y la pone a la vanguardia de las críticas a la doble moral, que solapan la violencia explícita en los medios y la publicidad, pero no así los desnudos de las mujeres comunes y corrientes. Los argumentos de esta descripción se basan en que Moiré es una psicóloga que eligió el arte para expresar su posición por los derechos sexuales y autodeterminación de las mujeres y para que, al igual que los hombres, ellas decidan cuándo, por quién y cómo quieren ser tocadas.



Pero vale la pena ir por partes. Este trabajo de Moiré es la copia de un performance de la artista feminista Valie Export llamado TAP and Touch Cinema (1968). En la pieza, Export salió a las plazas de Múnich, Alemania, portando una caja negra perforada a la altura de su torso con la idea de recrear el espacio físico del cine. Ya con la ficticia pantalla sobre su cuerpo desnudo, un acompañante armado con un altavoz invitó a los transeúntes a tocar los pechos de Export durante 30 segundos.


El hecho de no mirar a los participantes sino a su reloj, fue la manera en que Export quitó todo lo erótico al acto y ofreció otra metáfora: la de la castración. La disociación de lo que se toca con lo que se mira, según la artista, es el inicio de una separación física y emocional a pesar de los tocamientos.


Pero el argumento va más allá de la transgresión a lo íntimo; Valie afirmó que la recepción táctil es lo opuesto al engaño del voyeurismo, y que «mientras el ciudadano de a pie esté satisfecho con la copia reproducida de su libertad sexual, el Estado se salva de la revolución sexual».


El acto también implicó otras lecturas, el desafío de un tabú lésbico, por ejemplo, ya que a Valie la pudieron tocar hombres y mujeres. Además de un ataque directo a la publicidad, pues no se conformó con el performance, pidió que le tomaran una foto para después colocarla en espacios publicitarios de la ciudad.


TAP and Touch Cinema. VALIE EXPORT, 1968.


Los videos de Milo copan los muros de Facebook con comentarios e imágenes de todo tipo, pero sobre todo con insinuaciones sexuales. No es rara su viralización si a primera vista se trata de un cuerpo perfecto y correspondiente a los cánones de la "belleza" femenina predominante en la cultura occidental.


Porque, ¿qué pasaría si Moiré fuera considerada estereotípicamente fea? Hay suposiciones de interpretación entre obra y espectador imposibles de responder, y nadie quiere entrar en ese terreno, pero algo es cierto en este caso, aunque la obra de Moiré se inscriba en un contexto menos prejuicioso (el de las sociedades europeas liberales como Suiza, Inglaterra y Francia) en sus fotografías, performances y pinturas —que hace con la vulva—, hay implicaciones de una autoestima construida bajo los lineamientos del patriarcado.


En ese sentido hay dudas de fondo: ¿cómo su cuerpo es un instrumento artístico que genera un contacto más íntimo con el público y qué les permite a estos desprenderse de los estereotipos de la sociedad actual? ¿No es el cuerpo un estereotipo? ¿Qué es el cuerpo?


Mirror Box. Milo Moiré, 2016.


El cuerpo, ¿qué es el cuerpo?


Los neoplatónicos repudiaron el cuerpo humano porque para ellos este era el reflejo de una realidad perfecta que sólo existía en el mundo de las ideas. Antes, los grecorromanos volcaron todo su conocimiento anatómico al servicio de la estética y, además de las clásicas esculturas de cuerpos perfectamente formados, hicieron procesiones fálicas en honor a Dionisio.


Hay un abismo entre los ordenamientos anatómicos de Alejandría, donde se hicieron las primeras disecciones de animales y humanos con fines de inspección, y entre la vida ascética promovida por el pensamiento cristiano en la Edad Media, donde la vanguardia era el desprecio por la carne; flagelarse, mutilarse y dejarse pudrir de suciedad era el alimento del sentido de perfección moral y espiritual.


El cuerpo es interpretable al infinito. Desde lo estético, lo científico o médico, lo ritual y hasta lo económico, como un bien de consumo. Cada cuerpo es un mundo.


perfomances con cuerpos femeninos 1

Claudius Pseudo-Galenus. Circa siglo XV.


En concreto, en el arte, la transición del cuerpo femenino de objeto de admiración a herramienta de exploración se dio de manera tajante con el performance que surgió en 1916 pero que fue adoptado por las mujeres hasta la década de los 60 y 70, cuando artistas como Valie Export, Carmen Beuchat, Lynn Hershmann Leeson, Joan Jonas, Adrian Piper, Ana Mendieta y las más mediáticas Yoko Ono y Marina Abramović —la abuela del performance— hicieron de su cuerpo material de experimentación.


Fue bajo el manto del movimiento feminista que las artistas activas en estas décadas recurrieron a su sangre y su carne para crear un medio/mensaje/proceso de liberación artística. Que además, sin el lastre de la comparación con las generaciones de hombres artistas —dominantes en la pintura y la escultura—, lograron que el performance se consolidara como un lenguaje distintivo de las causas femeninas.


Todo ese trabajo de dos décadas tuvo una coronación significativa cuando Judy Chicago y Miriam Schapiro crearon el Programa de Arte Feminista del Instituto de Artes de California. A partir de entonces, la legitimación institucional cambió el paradigma y consideró que el trabajo artístico de estas mujeres ya no era flagelar por flagelar ni exhibir por exhibir; los esfuerzos tuvieron dirección dentro de un orden de protesta contra la guerra y el patriarcado; una posición femenina en temas políticos relevantes. Los actos públicos fueron entonces agitaciones políticas con mociones raciales, culturales e ideológicas que vincularon en este nuevo lenguaje al Arte Conceptual, el Arte de la Tierra y el Arte Feminista.


¿Pero cuál era la vanguardia en estas expresiones que los más puristas llamaron exaltación de la histeria femenina y no arte? El arte hecho por mujeres no necesariamente es feminista, sin embargo, en la historia del arte y su crítica, comparte espacios como: el disenso, la pregunta y la construcción de narrativas desobedientes al canon masculino de validación, que dicta que el arte único es aquel que parte sólo de lo “racional” y “genial” de su creador. La inconformidad, la duda y la alternativa pueden ser o no exitosas, pero se construyen.


El ejemplo paradigmático de esto tiene su cúspide en la figura contestataria de Marina Abramović (Belgrado, 1946), quien ha puesto su cuerpo constantemente al límite en prácticas en las que involucra a sus espectadores en un intercambio de resistencias físicas: el castigo y la contemplación. Como ejemplo está ese impecable ejercicio llamado Rythm 0 (1974), donde puso su cuerpo a disposición de un público armado con cuchillos, tijeras, lápices, cadenas y hasta pistolas para ejercer acción sobre ella. Un acto de entrega.


Rythm 0. Versión comentada por la artista, 2016.


El cuerpo como instrumento de placer


«El género es la sexualización del poder», escribió Michel Foucault y reversionó Graciela Hierro con su ética feminista y del placer. Nadie podría negar que la opresión de las mujeres es sexual, pues todos los papeles asignados a ellas en la cultura son intrínsecos a él. En ese sentido, todo discurso sexogenérico se basa en tres conceptos: el poder, el saber y el placer.


Bajo estos conceptos, la misma Hierro configuró un discurso ético que tomó posición sobre la construcción de los papeles femeninos en la condición humana (así por sentar bases filosóficas más que sociológicas o antropológicas). Y dio al placer el papel fundamental en su replanteamiento de las mujeres por las mujeres. Y como no hay placer sin cuerpo, había que dar cuentas del juego de la sexualidad femenina y sus destinos como amadas y «amantes», y su actuación en el espacio público a modo exclusivo de madres y esposas.


En el papel imperativo de «ser para otro», Hierro critica la condición y creencia femenina desde el interés y la consecuencia del placer a modo de ponerle un alto a la mistificación de lo femenino. Hasta ahí no hay mucha novedad de la moral del deseo pero sí de la praxis femenina que empieza a salirse del control patriarcal dentro de la familia, la sociedad y el estado. La división sexual entonces se entiende ya como un tema superado, y la revolución cultural sobre la sexualidad hace posible mirar de otras maneras el mundo, pues el sexo ya no son los genitales sino el libre ejercicio del placer a través de ellos (o no).


perfomances con cuerpos femeninos 2

Mirror Check. Joan Jonas, 1970.


El arte del cuerpo y viceversa


Vale la pena regresar a Moiré, Abramović, Ono, Export, Jonas y Mendieta, incluso a Orlan o a la mismísima Rocío Boliver —mejor conocida como La Congelada de Uva— y develar si los performances de los cuerpos desnudos son arte o pornografía. No es ocioso bajar al nivel de la desacreditación de los puritanos a favor del arte exclusivo de pedestales y galerías, siempre y cuando no perdamos de vista el poder, el saber y el placer en el espacio público.


Entonces, ¿por qué en pleno 2018 una mujer sale a la calle a que le toquen la vagina para fungir como válvula de escape a la violencia sexual? Los años pasan pero las sociedades evolucionan lento en lo que consideran «natural» y «animal», porque «si Dios o la naturaleza lo hizo así, ¿quién se atreverá a ir en contra de ello?» La ecuación de ese argumento es siempre la misma: las cosas son como son, los hombres aman y poseen a lo bestia, las mujeres ceden y es de ellas la obligación de educarlos porque ellas los parieron. Difícil ir contra 2 +2. Pero la construcción del lenguaje —sobre el que se sostienen todas las construcciones sociales, ergo el arte— es complejo. Aunque no tanto para entender que no porque sea libre significa que está disponible. Y ya.


ETIQUETAS: feminismo
REFERENCIAS:
Karina Espinoza Karina Espinoza Periodista

Comunicóloga. Escribo y edito. Clavada del arte, la estética y el género. Marguerite Yourcenar y Julia Kristeva son mis superhéroes favoritos.

COMENTARIOS