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¿En verdad no hubo víctimas mortales? Las respuestas que no llegan tras el Querétaro vs. Atlas

Por: Lau Almaraz 7 de marzo de 2022

Al menos desde acá, nos sentíamos como si estuviéramos en México 68: negando víctimas, pese a los testigos en Tlatelolco.

Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad de su autora.

El hombre está boca abajo en el pavimento. Desnudo. Su cuerpo se encuentra ensangrentado, no se mueve. Aún así, un grupo de por lo menos cinco hombres, le golpean la cabeza hasta cansarse. Muy cerca de él, hay otro hombre tirado también en el piso. Su rostro está prácticamente desfigurado a causa de los golpes. Los ojos hinchados de tanto recibir puñetazos y sí, también completamente desnudo. Pareciera que te estamos describiendo una escena protagonizada por el crimen organizado, en donde sicarios terminan con sus enemigos a sangre fría. Pero no. Lo que te describimos sucedió, increíblemente, en un estadio de futbol.

Los videos y las imágenes corren rápido en las redes sociales. La gente presente en el estadio comienza a subir lo que con su teléfono puede grabar, mientras corren para resguardarse de quienes en una cancha tienen picahielos, navajas. De quienes tienen sillas de metal para golpear a todo aquel que se cruce en su camino portando la playera del rival. Lo sucedido durante el encuentro entre Querétaro y Atlas nos muestra un alto grado de descomposición social, en un país en el que ejecutan a una docena de personas en un funeral, a plena luz del día y desaparecen los cuerpos. En un país en el que asesinan a periodistas a las afueras de sus casas; en un país en donde matan a diez mujeres al día; en un país en donde los niños ingresan armas a las escuelas. Estamos más que podridos como seres humanos. No queda duda. Estamos podridos.

‘No hay muertos’

Y es difícil creerlo. Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México en 1968, fue acusado de ocultar una masacre como lo fue la del 2 de octubre en Tlatelolco, de la que se reportaron apenas 30 muertos. Testigos aseguraban que los militares apilaban los cuerpos de las y los estudiantes muertos, para poder subirlos a sus camiones, sin embargo, poco se pudo comprobar porque tampoco había los medios para hacerlo. Aún con fotoperiodistas mostrando cuerpos inertes en las páginas de los periódicos el 3 de octubre, no se pudo verificar que en realidad habían sido asesinadas tantas personas como los testigos reportaban.

Hoy, las redes sociales se encargaron de mostrar videos con golpizas de las que nadie sale vivo, con personas -al menos dos- indicando que sus amigos, seguidores del Atlas, habían muerto tras la campal que se suscitó ante barristas del Querétaro. Aún con estas imágenes, Mauricio Kuri, gobernador de la entidad, informó que “el saldo es de 26 personas que requieren atención médica (24 hombres y dos mujeres), de esos 26, 3 ya fueron dados de alta. De los 23 aún hospitalizados, tres se encuentran graves, diez delicados y diez restantes sin gravedad”. No hay muertos.

Kuri lo señalaba en conferencia de prensa tratando de convencer. “Es inaceptable una tragedia como esta, porque lo es, pese a no tener muertos lo repito, es una tragedia, porque aunque no hay muertos, no podemos decir que no es una tragedia”. Discursos que cada vez más son cuestionados por la gente, sobre todo por aquellos que estuvieron presentes la tarde del sábado en La Corregidora, en lo que pareció más una emboscada que una pelea entre aficionados a los que les duele el recuerdo de un descenso.

Las decisiones lamentables

Mikel Arriola, presidente de la Liga MX, se presentó un día después en Querétaro para saber cómo podía auxiliar a la gente que quedó herida tras el enfrentamiento que, incluso el directivo de Gallos, Adolfo Ríos, pudo haber sido provocado. Basta con ver los videos de los policías abriendo las puertas a los agresores para continuar expandiendo el terror por los pasillos de La Corregidora.

Dar a conocer que viajaba casi doce horas después fue increíble cuando lo que se suscitaba en Querétaro era dantesco. La decisión de no permitir el ingreso a las barras visitantes tampoco se considera una decisión sensata, toda vez que ya se ha realizado en anteriores ocasiones y, evidentemente, no ha funcionado la medida.

En ruta a Querétaro para dar seguimiento al estado de salud de los heridos y continuar con la investigación que arroje sanciones contundentes contra la inadmisible violencia en los estadios de futbol. Ya basta! Seguiremos informando

— Mikel Arriola (@MikelArriolaP) March 6, 2022

Un golpe certero es el que necesita recibir el futbol mexicano para que de una vez por todas entendamos que lo que es mero entretenimiento, pasó a ser escenario de violentas escenas como las que alguna vez criticábamos sucedían en territorio sudamericano. Acciones que sólo vemos en las noticias clasificadas como del crimen organizado pasaron a convertirse en insights de los noticieros deportivos.

La narcoviolencia, haciendo énfasis en el trabajo periodístico de Beatriz Pereyra para Proceso, se ha infiltrado en el futbol mexicano. Aunque es un secreto a voces, terminamos confirmando la podredumbre humana con las amenazas a Monterrey en el Mundial de Clubes: hieleras con imágenes de las cabezas de técnicos y directivos a manera de amenazas para que presentaran su renuncia tras la eliminación de la competencia. ¿Qué pasó? Nada. Se condena con palabras un acto a todas luces violento, representado con gestos propios del narcotráfico en México.

Aceptemos la descomposición social

Hablamos de descomposición social. De hombres golpeando a otros presuntamente muertos, tendidos desnudos en el suelo en un estadio; hablemos de sicarios ejecutando a plena luz del día, desapareciendo los cuerpos antes de que lleguen las autoridades, dándoles incluso tiempo de limpiar con jabón la escena del crimen; hablemos de diez mujeres asesinadas al día sólo por ser mujeres; hablemos de periodistas amenazados por la Guardia Nacional, asesinados, ejecutados, ejecutadas a las puertas de sus casas; hablemos de niños que llevan armas a las escuelas...

Definitivamente, aceptar la descomposición social en la que el país se encuentra es complicado, sin embargo, hay esperanza todavía de hacer algo. Dejar de asistir a los estadios suena utópico, pero es posible. Dejar de ver al futbol como algo que va más allá del juego y por lo que “se tiene que dar la vida”. Quisiéramos incluso que, para evitar hechos como los del fin de semana, se desafiliara a Querétaro, se eliminaran las barras y se castigara al país con retirarle su lugar del Mundial en Qatar. De otra manera, no se ve cómo poner un alto a la violencia en la que niños y niñas tienen que quitarse la playera de su equipo para no ser golpeados con palos por inadaptados sociales.

Lastimosamente, se ve complicada la desafiliación de Gallos y, adelantándome a la asamblea de dueños de este martes -esperando estar equivocada- la decisión será de no a las barras visitantes, veto de tres partidos en la Corregidora y una multa al club, apuntando toda la culpa a la incapacidad del operativo impuesto por la empresa de seguridad contratada para un juego de alto riesgo. Vayámonos preparando para decepcionarnos, una vez más, de aquellos que mueven los hilos del futbol en nuestro país: los de pantalón largo. Tan sólo la declaración de Mikel Arriola asegurando que la jornada 10 se jugará con normalidad, me parece totalmente absurda. Por ahora, la recomendación, es no pisar un estadio mientras no sea seguro para cualquier ser humano.

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