CAPÍTULO V. Ellos piden reinsertarse a la sociedad... ¿tendrán la oportunidad?

23 de octubre de 2020

Lau Almaraz

Quieren que se les dé una oportunidad. No quieren quedarse a medias. Quieren salir y reivindicarse. Estos son los sueños de Marco, Jair y Roberto.


En un pequeño sillón cabían los tres. Dos de ellos, tenían las playeras blancas un tanto ceñidas al cuerpo. Me fijé en los brazos. "Parece que hacen ejercicio, no sé, quizá sean boxeadores", pensé. De inmediato alguien se me vino a la mente: Salvador Sánchez, ese pugilista oriundo del Estado de México y que falleciera en Querétaro tres días después de mi nacimiento, en agosto de 1982. Sin duda, uno de los mejores representantes de nuestro país al menos en los pesos pluma por parte del Consejo Mundial de Boxeo.


"¿Qué les pregunto?", me dije. "¿Cómo puedo cuestionar algo sin que me falle el tacto?". Se sentaron, sonrieron y entonces dejé que todo fluyera. Marco, Jair y Roberto, son tres chicos recluidos en el Centro de Internamiento y Adaptación para Adolescentes Infractores de la Comunidad Constituyente de Nuevo Léon. Los tres, cumpliendo penas por algún error cometido, son parte de ese núcleo de niñas, niños y adolescentes que han sido reclutados por la delincuencia organizada en nuestro país. Condenar y recluir no es suficiente, dicen las fundadoras de Reinserta. Hay que entender. Y sí, la empatía es algo carente en este México poco comprensivo con sus jóvenes infractores.



Dejaron a los delincuentes... Ya no son sus modelos a seguir

La ideología, la cultura y la sociedad han promovido que los niños vean en los narcotraficantes y en los delincuentes un modelo a seguir. En algún momento de este trabajo, específicamente en el capítulo II, relatamos que Jesús se vio maravillado por lo que el Cártel del Golfo le ofreció a su amigo Juan: trocas, mota, armas, todo ello a cambio de convertirse en sicarios, en comandantes.


Acá la cosa quizá era distinta, no lo quisimos averiguar. Nos enfocamos directamente en lo que Roberto, Marco y Jair esperan de la vida al cumplir sus condenas. "Uno cometió un error y tiene que pagar por ello", dice Jair mientras se coloca su cubrebocas para evitar algún riesgo de contagio por covid-19. Roberto es el que se muestra más dispuesto. De inmediato dice que él quiere ser boxeador y que su meta en la vida es llegar a ser como Julio César Chávez.


"A mí... yo tengo ya tiempo entrenando un deporte: el box. Me gustaría salir y seguir peleando. Tengo varias peleas y me gustaría salir para pelear más y más fuerte para mi familia. Tengo dos ídolos en el boxeo. Julio César Chávez y actualmente hay un boxeador olímpico que no recuerdo el nombre que es zurdo que también se mueve muy bien", dice Roberto. Jair, por otro lado, quiere ser futbolista. "A mí me gustaría mucho practicar el futbol, yo le voy a Rayados", nos cuenta mientras lo imaginamos jugando en alguna cancha portando la playera de Humberto Suazo, quizá. Pero nada más alejado de la realidad. Su realidad.


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'Queremos una oportunidad'

Reinserta coincide con Cultura Colectiva News: "en cuanto al respeto a la autoridad y el apego a la ley, con las narraciones se hizo evidente que existe una corrupción endémica y un contubernio por parte de la autoridad con los grupos de la delincuencia organizada. Si esto continúa de la misma forma, es impensable exigirles a estos adolescentes que acaten la ley y obedezcan a la autoridad, si ella pone el ejemplo de lo contrario".


"Le pediríamos la oportunidad, la atención, la oportunidad de demostrar a la gente que somos capaces de salir bien de aquí. Creo en mí, en mis compañeros, en mi capacidad de hacer las cosas", dice Roberto. Jair dice que quiere descansar unos días. "No pido mucho. Unos tres días. Y ya después... he valorado mucho, pero quiero compartir más con ellos". Pero... quien casi no habla es Marco. Escucha atento a sus compañeros hasta que parece que algo llega a su mente, a su corazón, que activa rápidamente esas ganas de hablar y no parar. Como si hiciera catarsis ante un terapeuta.


"Yo voy a cumplir cinco años, ya me voy y pues echarle ganas a la vida. Aquí he aprendido a leer, aquí he aprendido a escribir, a estudiar, estudié la primaria, la secundaria la prepa y quiero salir, estudiar todavía, planear un futuro, pensar en mí, en mi familia, mi esposa, mis hijos, demostrar lo mejor que se pueda, salir adelante y demostrar que sí se puede salir adelante, que se puede cambiar de camino. Que no tomen el mismo camino que uno tomó, que piensen en otra cosa, que tengan a su familia. Nosotros somos el futuro de México, mucho depende de cada persona. Yo tengo rato aquí. Ahorita que estaba haciendo los dibujos estaba haciendo caballos con un rancho y eso, fue lo que mi papá me enseñó. Me llama mucho la atención ser ganadero", dice sin parar, apenas y toma aliento.


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'Adelante sin que el gobierno apoye'

Estos tres chicos, como muchos otros que son parte del Centro de Internamiento y Adaptación para Adolescentes Infractores de la Comunidad Constituyente de Nuevo Léon, están conscientes de diversos cuestionamientos, sin embargo, no de los más importantes y de los que nosotros, como sociedad, deberíamos estarlo. ¿En dónde estaba la autoridad y la ley cuando todo estos delitos sucedían, cuando estos chicos eran reclutados por el crimen organizado? ¿Cómo no darse cuenta que las sierras mexicanas son prácticamente universidades del crimen? En datos de Reinserta, en una sola vuelta, los cárteles se llevan 60 niños y niñas dispuestos a ser sicarios.


Pero ellos quieren una oportunidad, teniendo o no de su lado al Gobierno. Ellos hacen su parte, pero también hay que ser conscientes que la sociedad juega un papel fundamental en la reinserción de estos chidos. "Tengo un hermano menor y está más preparado que yo y la neta me da pena cuando lo veo porque está más menor que yo dos tres años y ya va a estudiar una licenciatura y la verdad para seguir su ejemplo, para poder estudiar una carrera para poderle dar una estabilidad económica mejor a mi familia y los hijos que vaya a tener", dice Roberto.


Marco, sensato, sabe que estando o no la ley de su lado, él tiene que hacer su papel luego del delito que cometió. "El gobierno te apoya, namás que muchos compañeros no toman ese camino, se proponen y le echan ganas a la vida y te dan la mano. Cada quien tiene su derecho y si no se pudo vuelve a intentar y otra vez no regresar y decir que no te apoyan. Uno se desanima, pero si uno quiere salir, sale adelante sin que el gobierno apoye".

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Jair termina más reflexivo, sin saber, quizá, cómo es el panorama afuera. "Ahorita sí están habiendo muchos cambios con el hombre que está en el gobierno, la situación mejora y no tiene mucho, pero sí ha habido cambios, no hay tanto como en el 2012, 2013 que estaba más feo, tanto Monterrey como en México. A mí me gustaría salir, que mis hijos tengan una ciudad donde tengan tranquilos, con amigos que no los lleven por donde yo estuve, Uno ya estuvo por ahí y tiene la oportunidad de explicarles para que no puedan recaer en donde uno recayó".


Avivemos, entonces "la reflexión para mirar frente a la tragedia de estos seres humanos cuya infancia nos debe sacudir como sociedad para crear mayor conciencia de esta problemática que se da en todo México y así impulsar programas efectivos de orientación y acompañamiento para jóvenes en situación de riesgo". Empatía. Empatía.


Foto de portada e interior de la nota: Laura Corona Almaraz, Cultura Colectiva News.


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Lau Almaraz Lau Almaraz

Periodista egresada de la FES Acatlán.

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