¿Cómo es la vida de un refugiado sirio en la CDMX?

6 de diciembre de 2017

Gustavo Pineda

Amer llegó a México hace unos meses tras escapar de la violencia de la guerra en Damasco y cuenta cómo es la vida de un refugiado sirio en la CDMX.

Amer es un refugiado sirio. Con 25 años de edad, llegó en marzo de este año a la Ciudad de México. Hasta la fecha conserva pequeñas rutinas que lo alejen dl bullicio feroz de la jungla de concreto que es nuestra urbe: en las mañanas, desde su nueva casa, ubicada en Obrero Mundial, busca un poco de café soluble para acompañar su desayuno y evita la “hora pico” en el Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro. Y también ha aprendido a amar el sabor del pozole guerrerense con pollo.


Aunque lleva algunos meses viviendo en México, Amer se adaptó rápidamente a la comida picante y al idioma pues desde hace algunos años empezó a estudiar español en el Instituto Cervantes de Damasco, capital de Siria. Dejó su ciudad, ahogada en bombas y ahora da clases de árabe y francés a grupos particulares, mientras espera los resultados de su examen de admisión a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


En la capital mexicana, Amer está a salvo de la guerra, los bombardeos y lejos de convertirse en uno de los 320 mil muertos que ha dejado el conflicto sirio en los últimos seis años, según datos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

 

En entrevista para Cultura Colectiva Noticias, detalló que este es un país que lo recibió con los brazos abiertos, donde nadie lo juzga por su nacionalidad ni sus raíces, que nunca dejan de ser "extrañas" por la enorme diferencia cultural que las separa de las nuestras.

 

Amer fue recibido por cientos de personas en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México para demostrarle que en este país no hay muro. (Foto: Cortesía)

 

«México es mucho mejor que Europa para los sirios. Hay muchos libaneses, así que por la comida no sufro tanto. Me gustan los tacos al pastor, aunque sean muy pequeños [ríe]».


Sus ojos están flanqueados por ojeras, el recuerdo del insomnio de su pasado en Siria. Sus dedos son largos como los de un pianista y su español es bastante fluido. A veces le duele demasiado la cabeza de tanto pensar en el idioma de Cervantes, pero conoce a muy pocas personas con las que puede conversar en su lengua materna.

  

A diario saluda a través de una pantalla a sus padres y hermanos, aunque los extraña mucho sabe que no podrá verlos pronto, pero la paciencia es una de sus más grandes virtudes.


En la capital mexicana encontró un nuevo hogar, donde los bombardeos no existen. (Foto: Daniel Aragón / CC Noticias)

  

Todavía recuerda el primer minuto cuando las protestas iniciaron en las calles en su natal Damasco, para después convertirse en una sangrienta guerra.

 

«Vivía en la periferia de Damasco, una de las ciudades más antiguas del mundo. Todo empezó en 2011, tuve que huir de mi casa hasta 2013 por las armas, ataques con tanques y aviones. La revolución armada se volvió peor, entonces salí y no pude regresar a mi hogar para nada, está horrible la batalla».

 

Junto a su familia, Amer abandonó todas sus pertenencias por los constantes bombardeos a consecuencia de la guerra. Desde la Primavera Árabe del 2011, un grupo de jóvenes pintaron consignas revolucionarias contra el presidente Bashar Al-Assad, quien heredó el puesto de su padre Hafez Al-Assad en el 2000.

 

Esas pequeñas pintas en las calles provocaron que los adolescentes fueran torturados brutalmente por las fuerzas de seguridad. Y desde ese entonces, cientos de personas se manifestaron para exigir su renuncia. En cada protesta, la oposición era reprimida de manera violenta y esto provocó que la ciudadanía tomara las armas para expulsar a las fuerzas de seguridad de sus colonias.


Trabaja como docente de árabe y francés, pero pronto espera ingresar a la UNAM para estudiar como traductor. (Foto: Daniel Aragón / CC Noticias)

 

Los enfrentamientos bélicos entre opositores contra oficialistas generaron una violencia religiosa, debido a que la mayoría de los musulmanes chiitas alauitas apoya al régimen de Al-Assad. El país se fragmentó en miles de pedazos y grupos insurgentes; al mezclarse tantos factores se desató una guerra por ideologías políticas, religiosas y territoriales.

 

Ante tanta incertidumbre, la única salida del conflicto para Amer fue continuar sus estudios o de lo contrario, se habría visto obligado a ingresar al Ejército Sirio.

 

Desde inicios de la guerra, el gobierno de Bashar Al- Assad obliga a los jóvenes a unirse a la milicia para combatir al grupo yihadista Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) y los grupos insurrectos, quienes en conjunto dominan el 41 por ciento del territorio nacional.

 

«Estudié literatura francesa en la Universidad de Damasco, un día salí con mi papá porque tenía un examen, pero ya no pudimos regresar a casa. Dejé todo, sólo pude llevarme una mochila con dos libros y mi computadora. Cinco días después mi mamá, hermano y hermana salieron».


La herencia libanesa en el país le ha dado buenos lugares para no extrañar la comida de Siria. (Foto: Daniel Aragón / CC Noticias)

 

Al escapar de los bombardeos, Amer se mudó a la casa de su abuela en otro barrio de Damasco. Durante la crisis, su único escape era mantenerse en la universidad para evitar el reclutamiento en el Ejército Árabe de Siria.

 

«Me exigían presentar mi servicio para combatir a todos. Hay tantos grupos que no saben quién te va a matar. Esa es la causa más grande de la migración, los jóvenes de mi edad salen para no combatir en el ejército, porque es igual a morir».

 

Cada año, en el mes de marzo, los hombres mayores de 18 años deben alistarse en la milicia para morir o sobrevivir en el fuego cruzado en los campos de guerra.

 

Pero existe una cláusula: todos los varones que estudien pueden aplazar su servicio hasta terminar su grado. Muchos jóvenes sirios suelen reprobar para mantenerse en las escuelas y así alejarse de la guerra, mientras que otros aplican becas para continuar sus estudios en otros países.


Amer trata de evitar la "hora pico" en el Metro, prefiere horarios más tranquilos antes de lidiar con el caos matutino. (Foto: Daniel Aragón / CC Noticias).

 

Del 2013 al 2016, Amer pudo evitar el reclutamiento mediante cursos estudiantiles, hasta que fue acorralado para presentar el servicio militar.

 

«Yo pude aplazar con cursos hasta 2016, aunque me titulé en 2014. Cada año debes mostrar papeles al gobierno, muchos no se gradúan porque reprueban a propósito. Después de ahorrar un poco de dinero, toqué puertas de becas en Europa y fui rechazado, después de eso pensé hasta en nadar como refugiado a Turquía y exponerme a morir en el viaje, pero me encontré en un foro con el Proyecto Habesha en México».

 

A través de un chat en Internet donde practicaba su español, Amer entabló una conversación con una mexicana quien le habló del Proyecto Habesha, una iniciativa humanitaria de la asociación civil Diálogo Intercultural de México Activo (DIMA) en el que acogen a estudiantes sirios para continuar su educación superior en universidades mexicanas.

 

José Eduardo Múzquiz es coordinador general en Proyecto Habesha, la única organización en el país que trabaja con sirios mediante el apoyo de instituciones de educación superior privadas. En entrevista para CC Noticias, detalló que la iniciativa nació gracias al trabajo de un hidrocálido con un gran corazón.

 

«Nuestra sede está en Aguascalientes capital, nace a partir de la iniciativa de Adrián Meléndez, nuestro fundador y mi jefe, quien era trabajador humanitario en países en conflicto como Afganistán, Irak y Líbano. Tras ver la realidad en los campos de refugiados observó que muchos vivían bajo pésimas condiciones, entonces levantó la mano para recibir a los jóvenes sirios».


José Múzquiz es coordinador en Habesha, una iniciativa estudiantil para acoger a sirios en distintas universidades mexicanas. (Foto: Daniel Aragón / CC Noticias) 


Múzquiz detalló que en Proyecto Habesha tienen hasta el momento a 13 estudiantes, pero buscan recibir a unos 30 para convertirlos en agentes de cambio en la reconstrucción de su país.

 

«Trabajamos en un proyecto de educación en emergencia aquí en México. Ayer llegó la número 13 al país. Básicamente nosotros analizamos el perfil de los chicos, quienes necesitan dos cartas de recomendación y una carta de intención, después nosotros captamos apoyos a través de nuestros donadores, universidades y socios para obtener una beca completa para ellos».

 

Durante el proceso de selección, los estudiantes son entrevistados y pasan por varios filtros para recibir a los mejores perfiles, aquellos quienes sí necesitan y aceptarán a México como su segunda casa.

 

«Nosotros tenemos una tendencia 70 por ciento humanitaria, 30 por ciento académica. Para nosotros es mucho más valioso un caso de personas con nulas posibilidades de estudiar a buenas calificaciones. Hacemos una serie de entrevistas para ponerlos en la lista de espera. En Siria también hay zonas seguras. No aceptamos a personas que hayan combatido, porque es lidiar con una serie de efectos traumáticos, son personas que ya mataron a alguien».


Amer (izquierda) y José (derecha) buscan invitar a los mexicanos a unirse a la causa del Proyecto Habesha. (Foto: Daniel Aragón / CC Noticias).


Después de concluir sus estudios, los jóvenes tienen cuatro opciones. Por ello en Habesha buscan apoyar a largo plazo a los alumnos.

 

«Como cualquier extranjero que termina su situación migratoria en nuestro país, ellos tienen las opciones de obtener trabajo o una visa de estudiante para continuar con una maestría o doctorado. Solicitar refugio. Viajar a un tercer país, ni Siria ni México. O regresar a su país, si las condiciones son óptimas».

 

El español no es un idioma común en Siria, por lo tanto genera un choque intercultural entre los estudiantes refugiados al llegar al país. En este sentido, la organización DIMA ofrece cursos de español, Amer en ese sentido apoya mucho a sus paisanos.

 

«Me gustan muchos los idiomas. Y ayudo a entrevistar a otros jóvenes en árabe. Todos vienen de distintas regiones del país, cada quien tiene su forma de hablar, pero al final no conversamos sobre la guerra ni la religión. Hay mucho respeto y estamos agradecidos con esta oportunidad».

 

Otro de los factores que une a Siria con México es el poder del fútbol.

 

«Algunos estudiantes íbamos a una liga de fútbol en Aguascalientes, era fútbol rápido. Era un buen ambiente, algunos jugaban medio pesado, pero nos dimos a respetar [ríe]».


Amer hoy puede vivir tranquilo, sin temor a ser reclutado para morir en el combate en su país. (Foto: Daniel Aragón / CC Noticias).


El pasado 19 de septiembre, Amer se solidarizó con el pueblo mexicano tras el sismo de 7.1 grados en la escala de Richter que devastó el centro y sur del país.

 

«Estaba en Coyoacán saliendo de una librería con una alumna. De repente todo empezó a tronar y escuché muchos gritos. Nunca había vivido un temblor, pero las imágenes de los edificios destruidos me recordaron a los bombardeos en Damasco».



El terremoto despertó las ganas de los estudiantes sirios de ayudar al país que los recibió con los brazos abiertos. José Múzquiz detalló que los alumnos pronto ofrecieron manos e ideas para apoyar a los damnificados.

 

«Hubo un esfuerzo y estamos todavía en proceso. Después del sismo nació un compromiso duradero con las víctimas, sabemos que muchas personas actuaron en las primeras semanas de la catástrofe, pero a nosotros nos interesa mantener la solidaridad. Estamos en pláticas con la organización Inviértete en Juchitán en Oaxaca para recuperar espacios y crear un centro para educar a los jóvenes. También a través de subastas para entregar a los afectados, mientras que algunos estudiantes quieren ir a la reconstrucción y dar talleres, entre otras cosas».

 

Finalmente Muzquiz, también invita a la ciudadanía a donar para continuar ayudando a los estudiantes a continuar con sus sueños a través de donaciones que no afectan el bolsillo de las personas.

 

«Desde las empresas o los donadores, hay muchas formas de apoyar a nuestros hermanos y hermanas sirios en la página www.proyectohabesha.org»


Por: Gustavo Pineda Negrete



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Gustavo Pineda Gustavo Pineda Periodista

Muy Guerrerense, Michoacán me adoptó en el 2008, pasé por las llamas del Edomex y llegué al paraíso de la CDMX.

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