OPINIÓN: El famoso (e inesperadamente alentador) día después

Alex RuelasLunes, 2 de julio de 2018 19:00

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Elecciones 2018 el dia despues de las elecciones presidenciales mexico 2018

"Tan llena tuvimos la cabeza de nuestras propias ideas que necesitamos enfriarla, aunque sea vomitando incoherencias": Alex Ruelas nos cuenta cómo vivió el día después de las elecciones.


Se acabó. Las malditas elecciones terminaron y sabemos por fin quién será nuestro nuevo presidente. El nombre del ganador era importantísimo, sin embargo, tanto o más relevante era cómo nos íbamos a despertar como país al día siguiente. Y aunque seguimos crudos del ruido electoral, hay una calma que no creía posible.


De pronto, la nación que estuvo inmersa en una guerra de alarmismo, insultos y falsedades lo invadió la sensatez. Quienes hacía unos días entregaban gargantas y teclados al proselitismo ahora piden unidad. Todos somos mexicanos. Intentemos entendernos. Vamos para adelante.


Obvio, no faltan los ridículos a los que les duele México o se mueren de miedo ante el fantasma del socialismo chavista. Otros tampoco se aguantaron las infantiles ganas de despedir a quienes amenazaron con irse del país. Es normal. Tan llena tuvimos la cabeza de nuestras propias ideas que necesitamos enfriarla, aunque sea vomitando incoherencias. A pesar de todo, el discurso común que viene bajo los picos emotivos es mucho más maduro. Habló la voluntad de la mayoría, ahora nos toca a todos entrarle.


Semanas antes algunos ya hablaban de que el verdadero reto empezaba el 2 de julio. Diego Luna, Gael García y sus compadres impulsaron la ejemplar iniciativa El Día Después. Sin embargo, puede ser que ni siquiera ellos imaginaran semejante avenencia.


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"Esta vez no está el Zócalo tomado por gente enardecida o por 132 que se volvieron decenas de miles". (Foto: Santiago Arau)


Parece que la elección, más que darnos un presidente, despertó la voluntad política de los ciudadanos de a pie. De la sensación de que al fin nos convencimos de la necesidad de ser críticos, de involucrarnos más allá de la queja vacía para exigir en serio al nuevo gobierno y entender que todos estamos en el mismo tren.


Luego de meses de campaña que fueron brutales para las neuronas (juro que una semana más y se me empezaba a descarapelar la mielina), se siente como si nos hubiésemos recuperado de la jaqueca con ganas de no volver a enfermar de desacuerdo. Ya estuvo bueno de enfrentamiento. Vamos a darnos la mano como después del terremoto y reconstruir este desastre.


Desde los mismísimos candidatos vinieron también mensajes de concordia. Los derrotados aceptaron su capitulación con entereza; el ganado hizo a “todos los mexicanos” propietarios de su proyecto de país y llamó a la reconciliación. ¿Debemos este orden a que quien ha inflamado los ánimos antes es hoy el ganador? Tal vez. ¿Se debe, más bien, a que el margen de la victoria tornó su legitimidad incontestable? Puede ser. Como quiera, la lectura es la misma. Todo indica que tendremos una transición digna de una democracia real.


Es verdad que la jornada electoral estuvo lejísimos de la utopía. Nadie razonable puede estar conforme con comicios en los que asesinaron a cuatro, se denunció a miles y otros tantos se fueron arrestados. No pudimos poner siquiera las malditas casillas a tiempo. Sin embargo, no llegamos ni por asomo al nivel de caos de otras ocasiones.


Ahora no existen acusaciones de fraude. Esta vez no está el Zócalo tomado por gente enardecida o por 132 que se volvieron decenas de miles. Ya no tuvimos que correr candidatos de universidades ni aceptar márgenes absurdos “aiga sido como aiga sido”. Ayer no se cayó el sistema y nadie perdió la cuenta. Tampoco tuvimos que imaginar pelones maquiavélicos moviendo los hilos desde las sombras.


No pudimos despertar mejor. El gobierno que entra tiene un bono anímico del que tal vez no ha gozado ningún otro. Esperemos que el nuevo presidente sepa responder a la esperanza.


*Las columnas de opinión de Cultura Colectiva News reflejan sólo el punto de vista del autor.


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Alex Ruelas Alex Ruelas Periodista, ambientalista

Periodista, ambientalista y vagabundo en potencia. Predicador de la belleza de las palabras y el sarcasmo saludable.

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