ESPECIAL: ¿Cómo se supera un secuestro?

Shantale Carrera TolksdorffJueves, 30 de agosto de 2018 13:50

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Derechos Humanos superar un secuestro

De entre las historias de vida que te puedes topar, hay un suceso del que cuesta mucho trabajo salir, me refiero al secuestro y cuando me preguntan cómo lo he superado respondo con otra pregunta: ¿acaso se supera?


Debo decir que en carne propia sé lo que es, fui víctima de uno y sobreviví. Gloria a dios dirían algunos –la mayoría de mis semejantes de hecho– y sin embargo yo lo adjudico a que obedecí y a que mi misión no ha concluido aquí. Incluso a partir de ese hecho me percaté de lo fuerte que soy y de lo muy enamorada que estoy de la vida terrenal.


Señor, sí señor

No me conocen suficiente, pero créanme cuando les digo que no siempre fui dócil y obediente, literal aprendí a punta de madrazos… y de sustos. No fue tampoco un acto de magia, el primer día de mi cautiverio contestaba con ironía y ponía lo que conocemos como “jetas” a los captores. Pero en cuestión de unas horas me doblé y mi versión más educada y agradecida salió a flote (síndrome de Estocolmo le llaman) “sí señor”, “claro que sí”, “me lo como”, etcétera.


El dios omnipresente se tomó una siesta

Una de las cosas que a la fecha me molestan es que las personas que no tienen ni puta idea de lo que se siente perder la libertad y estar con pánico constante por días me digan “bueno, agradécele mucho a dios, porque al menos no te hicieron nada, pudo ser peor”. A ver, ¡siempre puede ser peor!, como si no lo supiera… también veo las noticias. Pero, el tema es que me convertí en un ser pragmático y que busca satisfacciones en esta vida porque ya no cree en lo que siga después (mujer de poca fe si así lo quieren ver).


Lo único que le digo a quienes quieren ser empáticos con alguien que tuvo una experiencia del estilo es, no lo intenten, lejos de hacer sentir mejor provocan rabia. En lo que he aprendido de desarrollo personal en muchas sesiones de terapia (de todo tipo) es que hay que dejarnos sentir, no sólo las emociones rosas y bonitas, sino todas y si eso te vuelve un impresentable pues que así sea; hay que vivir la rabia para sanar.


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Hay personas especializadas en negociar los rescates de los secuestrados. (Foto: SoHo México)


¿Qué haces con 23 años y una experiencia de estas?

Lo primero que pensé cuando me rescataron fue “ya valió madres mi vida, nunca voy a lograr ser feliz”, “nadie me va a querer y a entender después de esto” y desde luego viví con mucho miedo por meses, tal vez años. Todo me daba miedo, salir a la calle, parar en un Oxxo, ver las noticias por la noche, bueno hasta quedarme en casa y que sonara el timbre. Parecía que de verdad nunca me iba a reponer.


Mi ex me consiguió trabajo para ayudarme a volver al mundo y yo por supuesto me enojé mucho porque pues yo lo que quería era quedarme a auto compadecerme por siempre en posición fetal abrazando a mi mamá –la pobre tenía los brazos con marcas de que al dormir la abrazaba demasiado fuerte–. Mi siquiatra me decía que toda esa época sería un vago recuerdo un día, como cuando ves una peli de suspenso y sales del cine nervioso y con las uñas mordidas, lo comentas y sigues con tu vida. Tuvo razón. En mi caso lo escribí, lo hablé y efectivamente seguí.


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En entrevista en Contigo Dentro dando testimonio de vida. (Foto: Cadena SER Madrid)


Superar lo que se dice superar…

Al tiempo y después de mucho trabajo personal, de tratamiento tanto farmacológico como terapéutico, puedo decir con orgullo y que quede claro que no es un canto de victoria: sí volví a sonreír (y mucho), sí salgo a la calle y viajo sola (recuperé lo aventurera) y ¡sí me volvieron a querer! –entender ya es mucho pedir–, pero superar del todo... no sé. Creer en el dios del catecismo definitivamente ya no lo hago, lo que sí, me he volcado en buscar algo más profundo y más humano dentro de mí. Quiero ser generosa y lucho diario por serlo a pesar de que mucho tiempo me consideré víctima de la injusticia y la impunidad.


Al respecto y ahora que soy periodista –no lo era en aquellos días– busqué a Lisa Sánchez, directora de Mexicanos Unidos contra la Delincuencia (MUCD) para preguntarle lo siguiente:


Mi secuestro fue alrededor de las 7 de la noche un miércoles, ¿hay algún modo de operar de las bandas o fue simplemente mala suerte?

–Sí existe, suele ser por la mañana cuando los jóvenes van a la escuela o al trabajo y por las noches cuando van de regreso a casa.


Yo tenía 23 años, ¿eso fue también parte del 'casting'?

–Sí, la edad promedio de los jóvenes víctimas de secuestro es de 17 a 25 años. (¡Madres! Vaya que fui una víctima promedio, pensé)


Hablando de estadísticas, la experta compartió con Cultura Colectiva News que el 60% de los casos de secuestro ocurren en la CDMX, el 20% en el EdoMex, 10% en Puebla, 5% en Veracruz y 5% en Morelos. Asimismo, mencionó que el 80% de las víctimas de secuestro son de estrato medio-alto y el 20% restante al azar.

Por último le hice la pregunta que tanto temía hacerle sobre el porcentaje de personas que recuperan la libertad y su reporte es que "el 80% de los casos que llegan a MUCD salen con vida". Lo que me lleva inmediatamente a sentirme afortunada por formar parte de la cifra.

All we have is now

Concluyo con que no hay necesidad de acabar con la moral hasta el piso, hay esperanza. Neta sí. No niego que personalmente fue un parteaguas, que no soy la misma desde entonces, pero ¿quién lo es? Esta vida nos pregunta constantemente mediante situaciones de todo tipo y nuestro camino se trata de irle respondiendo. Lo único seguro es el cambio y yo sigo cambiando. El haber sobrevivido a un secuestro seguro me dejó temores, incluso tics, pero también sacó mi yo más sensible y potente. Ahora disfruto de las cosas simples de la vida, gozo con tener algo que damos por hecho: mi libertad.


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ETIQUETAS: Derechos Humanos violencia inseguridad
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Shantale Carrera Tolksdorff Shantale Carrera Tolksdorff Coordinadora editorial

Periodista I Bloguera I Aficionada de dichos y frases I Viajera empedernida @shantalecarrera

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