Así es la crisis sexual en Venezuela

Cultura ColectivaViernes, 1 de diciembre de 2017 19:15

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Derechos Humanos

Abstinencia obligada, falta de medicamentos y preservativos son sólo la punta del iceberg de las violencias en la salud sexual y reproductiva de los venezolanos.

Casi 20 años de políticas socialistas mal aplicadas y el colapso de los precios del petróleo, entre otros problemas económicos y sociales, tienen a Venezuela sumida en una de las recesiones más duras de su historia, con las tasas de inflación más altas del mundo.


Actualmente en Venezuela comprar pan, productos de la canasta básica e higiene personal es una odisea, pues si no tardas horas en filas a ver si alcanzas, de plano no están disponibles.


El asunto no es distinto con los medicamentos, cuya escasez está presente desde un analgésico hasta un fármaco para combatir el cáncer. Lo mismo ocurre con los anticonceptivos: ni condones, ni pastillas, ni DIU, ni inyecciones, ni nada. La situación es grave porque la violencia va más allá del dilema de tener sexo o no, implica arriesgar la vida.


Los periodistas Mariana Zúñiga y Anthony Faiola, de The Washington Post, fueron al fondo de esta crisis de salud sexual, con gente que ahora no sólo tiene que lidiar con la decisión de protegerse, sino de asumir consecuencias de actos que no cometieron en plena libertad.


Yorlenis Gutiérrez es una de ellas. A sus 28 años tiene que lidiar con su segundo embarazo, uno no deseado, uno que tiene gracias a que el sistema de salud no le permitió renovar su suministro de píldoras anticonceptivas y tampoco le dio la oportunidad de tener opciones.


«La abstinencia a largo plazo no es opción», para ella ni para su marido, quien tuvo cuidado también.

«Apenas si comemos tres veces al día», declaró a TWP, Yorlenis, quien fue peluquera en un salón de belleza, pero hoy no tiene trabajo por la crisis. «No sé cómo vamos a alimentar otra boca», remata.


Una caja con 21 píldoras anticonceptivas cuesta un tercio del salario mínimo mensual en Venezuela. (Fuente: Pixabay)


Aunque no se ha levantado una estadística oficial, los médicos venezolanos reportan un alza en enfermedades de transmisión sexual y en embarazos no deseados —por lo que muchas mujeres están decidiendo esterilizarse—.


Para nadie es secreto que en el mercado negro hay píldoras, dispositivos intrauterinos e implantes que se venden a precios exorbitantes, cuando hay, y que las charlatanerías como «remedios caseros» abundan de boca en boca e incluso se dispersan como chismerío en medios de comunicación con alto rating. Pero tampoco es secreto que no funcionan.


Muchos y muchas se las han ingeniado para conseguir mediante familiares algunos paquetes de anticonceptivos, pero no todos tienen la misma suerte.


Otro factor mortal en el país es que el aborto es ilegal —excepto cuando la vida de la madre corre peligro—, lo que supone otra piedra en el camino de la salud sexual y reproductiva de los venezonalos, en especial de los jóvenes.


Según datos de The Washington Post, la existencia de anticonceptivos orales cayó 90 por ciento desde el 2015, según la Federación Farmacéutica Venezolana. Y lo que queda implica que se vende, por ejemplo, a 120 mil bolívares (unos 223 pesos), lo que equivale a un tercio del salario mínimo mensual de Venezuela.


Por su parte, los condones también son inaccesibles, un paquete de tres puede costar en el mercado negro varios días de salario mínimo. Y ya se ven esas repercusiones: Maria Eugenia Landaeta, jefa de enfermedades infecciosas del Hospital Universitario de Caracas, declaró que el número de pacientes con VIH que reciben tratamiento de retrovirales ha aumentado de 3 mil en 2014 a 5 mil 600 en 2017.

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