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DEPORTES

Mo Farah: el campeón olímpico que fue obligado a trabajar como sirviente en Reino Unido

El campeón confesó a la BBC de Londres que, además, fue traficado a Londres cuando era tan sólo un niño de nueve años.

Ahí está. De pie en la pista de tartán. Con la mirada fija, pensando en todo lo que tuvo que pasar para llegar hasta donde está. Mo Farah medita, clava los ojos en el cielo, levanta los brazos y se abraza. Abraza al triunfo, pero también al niño al que le dieron un nombre que ahora lo tiene en la élite olímpica. Un nombre que a los nueve años, cuando lo traficaron a Londres, recibió por una mujer a quien no había visto nunca en su vida.

Si Mo quería comer, tendría que trabajar cuidando niños y haciendo labores propias del hogar. El campeón olímpico en Londres 2012 y Río 2016, cuenta cómo fue traficado cuando era menor de edad y cómo lo esclavizaron durante su niñez, una que fue muy distinta a la que dictan las asociaciones de derechos humanos en el mundo. La historia de Mo Farah, contada por él mismo, refleja una realidad a la que pocos voltean a ver en África: el tráfico de menores y la esclavitud.

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‘Si quieres volver a ver a tu familia, no digas nada’

Hussein Abdi Kahin es su verdadero nombre, una identidad de la que fue despojado cuando tenía nueve años, cinco después de que su padre muriera asesinado víctima de una bala perdida, en medio de la violencia civil que aqueja a Yibuti, un país situado en África oriental y que hace frontera con Somalia. En el documental “El verdadero Mo Farah”, original de la BBC de Londres, el olímpico histórico cuenta cómo fue esta parte de su vida que terminó por marcarlo para siempre.

“Durante años bloqueé lo que realmente pasó”, dijo Mo a los micrófonos de la BBC cuando narró cómo fue que una mujer que nunca había visto en su vida, lo sacó de Yibuti a los nueve años y lo traficó a Londres, en donde para “ganarse la comida”, debía cuidar a los niños de otra familia, como si de esclavitud moderna se tratase. Mo estaba emocionado, nunca se había subido a un avión, sin embargo, no era para llevarlo hacia algo mejor.

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Cuando la mujer lo llevó a su departamento en Hounslow, en Londres, le quitó a Mo un papelito en el que tenía anotados los datos de su familia, en África. “Lo rompió y lo tiró a la basura justo frente a mí. En ese momento supe que estaba en problemas. Si quería tener comida en la boca, debía hacer las tareas del hogar y el cuidado de los niños”, dice en el documental. La mujer le dijo que “si alguna vez quieres volver a ver a tu familia, no digas nada”.

El único idioma de Mo, era el del deporte

Encerrado en el baño, llorando, abrazándose a sí mismo, como aquella vez en que ganó el oro en los 5000 y los 10000 metros en los Olímpicos de Londres y de Río, en 2012 y 2016 respectivamente, Mo Farah pensaba que la vida no podía ser tan injusta con él, como para sacarlo de su país, alejarlo de su familia, no volver a verlos y, encima, darse cuenta que lo habían traficado para convertirse en sirviente en una nación que no era la suya.

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En Reino Unido se manejó la historia de su llegada como la de un refugiado, sin embargo, sus padres nunca fueron a este país, pues tanto su madre como sus dos hermanos, viven en la granja de su familia en Somalilandia, que aunque declaró su independencia en 1991, sigue sin ser reconocida internacionalmente. Aunque no se le permitió los primeros años ir a la escuela, cuando Mo Farah cumplió 12, lo inscribieron en el Feltham Community College, en donde lo describieron como “despeinado, descuidado; un niño emocional y culturalmente alienado”.

‘Mo Farah: ese no es mi nombre’

Alan Watkinson, maestro de educación física de Mo, se impactó cuando el cambio del menor se dio en la pista de tartán: “El único idioma que parecía entender era el de la educación física y el deporte” y al ser Watkinson quien descifrara lo que pasaba con el deportista, decidió dar cuenta a servicios sociales para que Farah fuera colocado con otra familia somalí en Reino Unido.

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“Aún extrañaba a mi verdadera familia, pero desde ese momento todo mejoró. Sentí que me quitaron un gran peso de los hombros. Fue entonces cuando apareció Mo. El verdadero Mo”. Luego de diversos problemas a la hora de probar la ciudadanía británica, un abogado refirió que no podría perderla porque “en su caso, usted mismo se vio obligado como un niño muy pequeño a cuidar a otros niños pequeños y a ser un sirviente doméstico. Y luego les dijo a las autoridades pertinentes: ‘ese no es mi nombre’. Todo eso hace que disminuya el riesgo de que el Ministerio del Interior le quite la nacionalidad”.

La historia que Mo Farah se atrevió a contar en este documental, es porque como él, miles son víctimas no sólo del tráfico de personas, sino también de la esclavitud, una que trata de minimizarse a través del trabajo doméstico al que son obligados a desempeñar menores que como él, sólo se encontraban intentando disfrutar su niñez en medio de guerras civiles y de la invisibilidad otorgada hacia países de África a los que pocas veces volteamos a ver.

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