OPINIÓN: Racismo reloaded

Enrique G de la GViernes, 27 de julio de 2018 9:07

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Cultura renace el racismo en el mundo

No podemos seguir creyendo en la ilusión del multiculturalismo, escribe Enrique G de la G.


Viva el multiculturalismo

Hace apenas unas cuantas semanas conmemoramos los 50 años del asesinato de Martin Luther King y el mundo recordó los 70 años de la fundación del estado de Israel, celebró los 100 años del nacimiento de Mandela y vio en la selección francesa una victoria labrada por jugadores de origen africano.


Mi generación creció creyendo que el racismo era cosa del pasado, que Mandela, Luther King, Dolores Huerta y muchos otros habían ganado esa dura batalla, y que los conatos que se veían eran simples excepciones. Admitimos la ilusión de que la Humanidad había alcanzado el estado de gracia del multiculturalismo, ese gafete que nos colocamos hace una o dos décadas para celebrar la muy moderna civilización del siglo 21.


La fuerza viva del racismo

Nadie contaba con que llegaría ese payaso nasty que es Trump a fastidiarnos la fiesta del multiculturalismo. Trump, el hijo de un antiguo líder del Ku Klux Klan, supo conducir la fuerza viva del racismo para su beneficio. Con sus desplantes racistas, los racistas de clóset salieron y los declarados se han vuelto más intensos.


Las almitas biempensanties nos dimos cuenta de que fue un error estimar que estábamos ya en la etapa final de la lucha contra el racismo. El racismo es una fuerza viva que está renaciendo después de décadas de hibernación.


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El racismo sigue estando presente en la población. (Foto: Yahoo)


El racismo reloaded

Se puede argumentar que el racismo ha disminuido pero que ahora vemos más incidentes gracias a la ubicuidad de las redes sociales. Podría ser pero hay algunos sucesos recientes que van más allá de la visibilidad en las redes y que sugieren que el tan cacareado mito del multiculturalismo ya dio de sí.


Durante el Mundial, algunos jugadores de origen extranjero aseguraron que cuando su equipo gana, se les reconoce como parte de la nación para la que juegan; pero que, cuando pierden, son señalados por su país de origen. La inclusión del otro refleja una mentalidad colonialista cuando representa un beneficio (“los jugadores franceses de origen africano”) y una mentalidad racista su exclusión cuando significa un problema (“los migrantes africanos ilegales”).


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Por racismo, Mesut Özil renunció a la selección de Alemania. (Foto: Diario AS)


Más allá llegó esta semana el caso de Mesut Özil, quien renunció a la selección de Alemania. Es criticable en términos de política y de PR que el mediocampista se haya reunido con ese dictador represor de los derechos humanos que es Erdogan. Pero aquel encuentro no justifica los ataques racistas que Özil aduce haber sufrido en Alemania.

¡En Alemania! El país donde ha tenido lugar el programa de erradicación del racismo más profundo en la historia, el país que acaba de acoger a un millón de refugiados de guerra, el único país que ha reconocido su culpa –principal, sin duda, pero no exclusiva– en el Holocausto.

El país donde también hace poco un grupo de ultraderechas gritó a plena luz del día y a todo pulmón “Que se ahoguen, que se ahoguen” las 234 personas en exilio que buscaban puerto donde fondear.


El racismo legalizado

Y para sumar al aturdimiento, el gobierno de Netanyahu también acaba de pasar una ley con la que distingue dos clases de ciudadanos: los judíos y los no judíos. Los primeros pueden decidir sobre el futuro de Israel; los segundos, no. Es una medida racista en tanto que separa ciudadanos en lugar de unirlos, en contra del espíritu de los fundadores del país, quienes diseñaron un estado inclusivo, dada la experiencia de la II Guerra Mundial.

Es una vergüenza que Netanyahu distinga en legalmente entre ciudadanos de primera y segunda categoría. Resulta aún peor precisamente por el abominio de la Shoah. Muchos han levantado la voz, como Daniel Barenboim, quien calificó a la nueva ley de apartheid y dijo sentirse avergonzado de ser israelí.


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Urge un movimiento tipo #MeToo

Todos somos migrantes y/o descendientes de migrantes. Incluso quien se considere azteca de pura cepa sabrá que sus ancestros también migraron desde Aztlán. Es propio de la condición humana migrar, moverse.

El día que comience un movimiento tipo #MeToo de denuncia del racismo, nos daremos cuenta de dos cosas: de que prácticamente todos tenemos la amarga experiencia de haber sido excluidos y de que la mayoría de las veces los testigos no salen en defensa de la víctima sino que callan. Quizá ese sería un buen inicio, y las redes sociales serían de gran ayuda.


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Para leer


Dominic Thomas

Africa and France. Postcolonial cultures, migration and racism

Indiana University Press, 2013, 344 páginas


Los últimos mundiales habíamos celebrado a las selecciones de futbol como laboratorios del multiculturalismo: “¡Qué equipo tan plural!” El triunfo de Francia, compuesto por una mayoría de jugadores de raza negra, es decir, provenientes de antiguas colonias africanas, desató el debate: ¿ganó Francia o ganó África? La pregunta se puede responder hacia las dos direcciones dependiendo cómo se argumente, y dudo que lleguen a ponerse de acuerdo los defensores de una y otra postura.


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Para entender mejor la complejidad de la cuestión, podemos acudir a libros como este –en inglés– de Dominic Thomas, profesor de UCLA y la Universidad Humboldt de Berlín. Thomas recorre los estereotipos de la objetivización francesa de sus colonias francesas, ya sea como curiosidades de museo, como productos culturales o como amuletos del discurso oficial en torno a la migración. El lector entenderá mejor la apropiación postcolonial que ha hecho Francia de la identidad africana y cómo ha usufructuado con ella, a pesar de que la población negra siga en la periferia de la ciudad y de la sociedad. Thomas cita a Paul Gilroy: "Los racismos de las fases colonial e imperial de Europa anteceden a la aparición de los migrantes en el interior de la ciudadela europea. El racismo, y no la diversidad, fue lo que hizo problemática su llegada".


Excepto, como vimos todos, en el futbol; y por eso indigna a algunos representantes del discurso oficial que siquiera se plantee la pregunta de si fue África la que ganó el Mundial.


Por eso, ahora que el equipo con la mayor cantidad de jugadores de origen africano ganó el Mundial y que el debate está fresco, recomiendo este libro, que se puede hojear en Google Books.


Enrique G de la G

Contacto: [email protected]


*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.


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Enrique G de la G Enrique G de la G Ghostwriter y editor

Escritor fantasma y columnista cultural. Regio por nacimiento, berlinés por elección. Me muevo en bici y viajo en moto.

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