OPINIÓN: Príncipe busca príncipe, otra vez

Tristán RamírezMartes, 28 de agosto de 2018 15:56

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Cultura principe busca principe

Tristán Ramírez nos habla sobre la puesta en escena "Príncipe busca príncipe", en la Sala Xavier Villaurrutia.


A finales del mes pasado y principios de éste, un príncipe se enamoró de otro príncipe en un teatro del Centro Nacional de las Artes.


Sucedía con el estreno mundial de Rey y Rey en versión coreográfica de Demis Volpi, a cargo de la Compañía Nacional de Danza. Llevaban a escena el ya célebre cuento de las holandesas Linda de Haan y Stern Nijland, quienes se popularizaron por arrojarse a contar al público infantil la historia de un heredero de una corona en vísperas de un casamiento que se tornaba tedioso: para ascender al trono, debía elegir entre una serie de princesas, pero ninguna le gustaba, hasta que ante el último prospecto se le iluminaron los ojos. No sería ella, en realidad, el objeto del flechazo, sino el hermano que la acompañaba, con quién se casaría finalmente y vivirían felices para siempre, como en cualquier cliché de hadas.


En la columna que sobre la puesta entregué entonces, “Príncipe busca príncipe”, contaba las polémicas que el cuento de las holandesas habían levantado dentro del conservadurismo de diversos públicos alrededor del mundo, y me interrogaba sobre la recepción que la pieza de Volpi, coreógrafo argentino, tendría en México. Pero afortunadamente nadie se asustó, quizá porque estamos cambiando, o quizá porque la cultura, y menos la danza, apenas si trasciende y los conservadores no se dieron ni por enterados.


Y pues que así sigan, porque este fin de semana que acaba de terminar se abrió un nuevo camino y la historia volvió, aunque en versión teatral, en el Centro Cultural del Bosque (CCB), con la adaptación de Perla Szuchmacher y la dirección escénica de Artús Chávez.


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Príncipe busca príncipe se presenta en la Sala Xavier Villaurrutia. (Foto: INBA)


Su argumento, según resume el comunicado de prensa de la Coordinación Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, dice así: “El príncipe Tadeo deberá decidir entre casarse con una de las princesas que han arribado a su reino por invitación de su madre, la Reina Clementina, y lo que su corazón le dicta: conocer el lado maravilloso del amor”.


Y de eso se trata, de impregnar en los niños la noción de entender que el amor tiene otras formas, de vacunarlos contra la intolerancia a través de historias cargadas de inocencia, y en su lenguaje. No se trata, como un retrógrada quisiera ver, de asaltarlos emocionalmente e introducirlos en las malas costumbres, los malos hábitos, los caminos de la perversión, sino de ofrecerles, entre el espectro heteronormado de productos que el mercado les obliga a consumir, una historia diferente con el fin de entender a través de ella al otro, o incluso, si es el caso, entenderse a sí mismos y crecer sin miedos y seguros, como no crecimos yo y muchos.


No habrá sociedad más comprensiva que la que siembra en sus niños el respeto y la que, por otra parte, hace posible que un pequeño crezca siendo lo que quiera sin violencias y contento.


Así que saludo con las dos manos la aparición de esta nueva propuesta: Príncipe y príncipe, en cartelera todos los fines de semana en la Sala Xavier Villaurrutia del CCB, hasta el domingo 7 de octubre.


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