OPINIÓN: Porros en la UNAM

Enrique G de la GDomingo, 9 de septiembre de 2018 16:55

shares
Cultura porros en la unam

Los porros hirieron a dos estudiantes, lanzaron bombas molotov y causaron disturbios. No podemos permitir que unos pocos se hagan dueños de la UNAM, porque ya pasó.

La vulnerabilidad de la UNAM

Celebro que los estudiantes de la UNAM protesten y exijan mayor seguridad en la UNAM. Pero dada la huelga que paralizó  la universidad en 1999-2000, es imperioso que haya orden para que esta exigencia no sea secuestrada por porros u otros grupos ajenos a los intereses auténticamente universitarios. Porque la UNAM es vulnerable, como se volvió a ver esta semana. Y parte del problema es que desde hace casi 20 años hay grupos que controlan el auditorio Justo Sierra y que, por lo tanto, viven dentro del campus.


porros en la unam 1

La Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. (Foto: Archivo UNAM)


La huelga de 1999-2000

Por aquel entonces yo iba a la UNAM tres veces al mes para participar en un seminario de filosofía griega. Ocurrió que una horda de huelguistas la sitió primero y la ocupó después y terminó por instalarse en ella, a sus anchas, como si se tratara de su casa, durante diez meses. Mis estudios no se vieron afectados pero muchos amigos sufrieron problemas serios. El suceso no dejó indiferente a mi generación, y creo no exagerar si digo que incluso nos marcó.


Los meses corrieron hasta que llegó el 15 de septiembre. A media mañana, un amigo me propuso ir a la UNAM por la noche, brincarnos la barda, meternos a las bravas, y ver de cerca qué están haciendo los huelguistas (o huevistas, como los llamábamos entonces). Acepté de inmediato. Conseguimos ropa militar negra y roja, y nos saltamos la barda de la UNAM, frente a Odontología. Ahí vimos todo oscuro y desolado, así que nos fuimos a Rectoría. Transcribo a continuación mis anotaciones de ese día:


Aniversario de la Independencia, 1999


Decidimos ayer G. y yo ir a dar “el grito” a la UNAM. Queríamos ver con nuestros propios ojos lo que estaba pasando. Dos o tres amigos nos lo desaconsejaron, pero no podíamos desaprovechar la oportunidad. Desde abril no habíamos estado allí dentro. En la Facultad de Economía cuelga una manta inmensa, de unos doce metros por lado. Pone “ECONOMÍA”, donde la “A” es el logo de Anarquía. Tres hombres hacían la guardia. Junto a la banqueta había un Ford Cougar estacionado. ¿Quién será el anarquista que va en un carro último modelo?


Frente a Rectoría había una muchedumbre de unos cuantos miles. El griterío quemó un muñeco del rector Barnés. Ofensas e insultos constantes; eso sí, muy creativos. Se cantó y gritó que los estudiantes son quienes tienen la batuta de la universidad.


Una neozapatista encapuchada fue quien dio “el grito”. Profirió vivas en favor de los pueblos que luchan, de la UNAM y del EZLN. Ella misma incoó el Himno Nacional y nos sorprendió que equivocara algunas palabras del texto. Luego, la actriz Ofelia Medina tomó el micrófono para gritar que “todos somos indios” y que “todos tenemos corazón de indios”. Me pareció contradictorio que lleve el pelo teñido de güera si los indígenas son morenos.


Después del espectáculo pasamos a “nuestra” Facultad de Filosofía y Letras para ver en qué condiciones la tenían. Todas las paredes están pintadas con consignas, que abundan en faltas ortográficas. Es excepcional el mural que está frente a la cafetería: una parodia de la “Escuela de Atenas”, de Rafael, donde Marx y Engels ocupan los lugares centrales. Aparecen también ¡Hitler! (WTF), Sor Juana, el Che Guevara, Flores Magón, Zapata y el autorretrato del artista, un alumno de Historia, según averiguamos. Hay innumerables collages con burlas políticas, sociales, religiosas y nacionales.


Encontramos los baños en una situación insalubre; la cafetería es un lugar antihigiénico donde se come de pie; los salones son recámara, lugar de sobremesa, bodega, cancha de futbolito, según la hora del día y el ánimo de estos personajes, porque aquí han formado una especie de comuna.


Tras la primera impresión nos preocupó la biblioteca. Fuimos hacia allá para revisar el saqueo que imaginábamos irreparable. A medio pasillo nos tranquilizaron unas vitrinas y la Librería de Mascarones. Después de cinco meses están intactas. La apatía arraigó tan profundamente, que a ninguno de estos vándalos se le ha ocurrido hurtar algún texto de Rousseau, Aristóteles o Hegel.


El costo de la huelga

A causa de la huelga de 1999-2000, muchos estudiantes buscaron alternativas: se fueron a otras universidades, otros no pudieron estudiar exactamente lo que querían, otros se retrasaron todo un año académico. En términos materiales, se perdieron libros, se estropeó equipo técnico, se hurtaron documentos, se vandalizaron obras de arte, se robó equipo de cómputo, se vaciaron cajas con dinero en efectivo. Hubo experimentos científicos que zozobraron y programas académicos que no prosperaron. Durante un año no hubo mantenimiento a jardines y muchas rocas volcánicas del pedregal fueron pintarrajeadas. Hubo un amago por desconectar la supercomputadora que era una de las principales avenidas del internet en el país. Durante ese tiempo, en las inmediaciones de la UNAM, el robo a autos aumentó en un 150%, según reportó en su momento la procuraduría del DF. Alrededor de 300,000 estudiantes se vieron afectados. Fue necesario ajustar los semestres durante los siguientes tres años.


Que no se repita la historia

En aquellos días, Luis González de Alba escribió en su columna "La calle. ¿Y ahora qué sigue?” que había quedado evidenciado lo que ya todos sabían: “El secuestro de las instalaciones de la UNAM es decisión de una minoría”. No podemos tolerar que esa misma minoría, renacida 20 años después, vuelva a secuestrar a la UNAM.


***


Para leer


Guillermo Sheridan

Allá en el campus grande

Tusquets (2000), 256 páginas


Guillermo Sheridan lleva varias décadas observando de cerca las andanzas de la UNAM. El lector millenial no lo sabrá pero cuando la huelga de 1999-2000 terminó, Sheridan fue uno de los primeros en publicar un libro al respecto: Allá en el campus grande.


porros en la unam 2


Con su prosa ácida y luminosa, Sheridan desbarata los nudos de la huelga, pone los puntos sobre las íes de la responsabilidad educativa y política y no se amilana cuando se trata de decir las cosas con claridad y sentido común. El libro es divertido, porque Sheridan tiene esa chispa del humor, pero es trágico porque es una radiografía de la vulnerabilidad de la UNAM.


Quien quiera estar mejor informado sobre lo que sucedió hace casi veinte años en la UNAM y que no queremos que se repita debe buscar este libro. Le depara una formidable lectura.


Enrique G de la G

Contacto: [email protected]


*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.


Podría interesarte:


A desmitificar "Green Go!", la verdadera historia de la palabra gringo

Hey Google, ¡aguas!


ETIQUETAS: UNAM cultura Estudiantes
REFERENCIAS:
Enrique G de la G Enrique G de la G Ghostwriter y editor

Escritor fantasma y columnista cultural. Regio por nacimiento, berlinés por elección. Me muevo en bici y viajo en moto.

COMENTARIOS