OPINIÓN: Pesadilla Loo

Cultura ColectivaMartes, 29 de mayo de 2018 12:24

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Cultura Colectiva News difunde la columna "República de Cuba" de Tristán Ramírez. En memoria a Sergio Loo


Sergio Loo murió hace 4 años, a los 32.


Tenía 22 cuando ya había escrito un libro elemental que haría temblar a la poesía contemporánea, despeinarla, Sus brazos labios en mi boca rodando (2007), el poemario gay mexicano más importante de su generación y de lo que va del milenio, quizá, lanzado por el Fondo Editorial Tierra Adentro, entonces al cuidado de la pulcra Mónica Nepote.


Y entre ese libro estarían Claveles automáticos (Tierra Adentro, 2006) y Guía Roji (IVEC, 2012).


Pero aún muerto, Sergio siguió haciendo temblar a la poesía mexicana, con Operación al cuerpo enfermo (Ediciones Acapulco, 2015), por ejemplo, una bitácora poética del cáncer perro que terminó llevándolo a los 32, o Narvarte Pesadilla, novela publicada hace apenas unos meses por Moho.


Narvarte Pesadilla es una joya, la irrupción narrativa de un muerto que no necesariamente destaca por buena pero sí por rara, caprichosa, trasvestida, irónica, y que no ofrece más salida que conquistarte. De esos libros que no sabes cómo diablos pero acaban por doblarte. Leerla es como decantarse por la carne cruda antes que los términos medios. No cualquiera.


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Sergio Loo murió a los 32 años, en 2014. (Foto: Facebook En Memoria de Sergio Loo)


Lo pienso como un testamento con toques biográficos que desnuda sus odios, o al menos los odios del Sergio que aparece en la novela, más freak que paria. O más paria que freak, no sé. Un tierno asesino torpe, un indeseado signado por un descomunal miembro, grotesco, y una madre hija de puta, por decir lo menos.


Narvarte Pesadilla fue elegida para su publicación en la primera convocatoria de novela Moho en 2013, que tuvo como jurados a Kyzza Terrazas, Rodrigo Vázquez Tizano, Jesús Pacheco, Rubén Bonet y Guillermo Fadanelli, pero salió a la luz apenas el año pasado, 4 años después de un camino sinuoso, a decir de sus editores. Se atravesó en ínter, por ejemplo, las complicaciones del cáncer, y después su lamentable muerte.


Recuerdo que fue velado en la Funeraria García López de la Colonia Juárez la tarde-noche del 28 de enero de 2014. Allí estaban algunos de sus amigos, en la anunciada despedida, y estaba también su madre (no sé hasta qué punto la del libro), pero lloraba.


Se le sigue extrañando tanto a Sergio.


*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.


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