OPINIÓN: Google, el SEO y el español

Enrique G de la GJueves, 13 de septiembre de 2018 15:47

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Cultura google el seo y el espanol

Las técnicas y políticas de SEO que estableció Google están transformando nuestra manera de escribir, y a nadie parece importarle demasiado.


Cómo escribimos

Abrir Twitter es como asomarse a la cuna del bebé: qué tierno se ve dormidito pero qué terror que se te despierte y chille hasta que te arrepientas de haberte acercado. Para mis pocas pulgas, las discusiones sobre el lenguaje incluyente es el bebé que está chillando, así que entro poco a Twitter, y siempre de puntitas.


Y aunque evite esta discusión, uno termina por darse cuenta de que a nadie parece importarle otra fuerza que está actuando irreparablemente en nuestra lengua: Google nos está imponiendo cómo escribir.

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(Foto: J. Kelly Brito, vía Unsplash)


Cómo quiere Google que escribamos

Hoy, a todos nos late que la página de nuestro negocio o el blog que ahora sí vamos a retomar aparezca amero arriba en el ranking de Google.


Pero el internet no es capaz de entender la chispa de tu encabezado ni las ironías de tu texto. Google funciona a base de algoritmos y solo reconoce palabras clave. Así que o escribes bien e inteligentemente, con ese toque tuyo tan característico y personal con el que vas a persuadir a tus clientes y seducir a tus lectores, o te ciñes a las palabras clave para caerle bien al robot de Google.


Y aunque a nadie le gusta que le digan qué hacer y aunque a ningún creativo le gusta que le digan cómo escribir, veo que claudicamos ya ante el monopolio de las búsquedas en internet y permitimos que nos tiranicen las políticas de la SEO (Search Engine Optimization). Ni qué remedio, estamos en la era de la eficiencia: keyword is money.


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(Foto: Stanley Dai / Unsplash)


Más útil que bonito

Hay una obra de Abraham Cruzvillegas que siempre me ha parecido alucinante: un óleo doblado cuelga de un tubo cromado que parece toallero. El título es elocuente de nuestra época: Objeto útil pero bonito. El objeto útil es la toalla; el “pero” del título es por el óleo: qué padre que tenemos una toalla pero –¡chin!– es un óleo. Ni modo, usemos el objeto útil como toalla, y sacrifiquemos el óleo, que se va a estropear con el agua.


Así es nuestra actitud ante lo que escribimos ahora: que sea útil, y casi que qué lástima que esté bien escrito, porque seguro que nos va a costar más tiempo o dinero ese copy. Es más, no importa mucho, casi nada. Lo importante es que estén los encabezados H1 y los H2 y los tags de las fotos bien rellenitos con sus palabras clave.


Yo sin Google no puedo vivir

Hace poco, incluso, tuve toda una conversación con un cliente para explicarle la conveniencia de escribir “México” en lugar de “Mexico”. ¿Ortografía? ¿Usos? ¿Prácticas? Hmmm... El argumento que importó fue cuando expliqué que Google te premia si respetas la ortografía. ¡Ah, entonces sí ponle ese acento! ¿Ah, verdad?


¿Pero qué pasará el día en que a Google le dé igual? ¿O cuando llegue un Trump del lenguaje a la Casa Blanca del Internet y se encapricha en todo lo contrario? Sí, el lenguaje es un molusco vivo sujeto a usos políticos y sociales, pero ahora lo estamos dejando en manos de la inteligencia artificial, de algoritmos, de unos y ceros, por meras esperanzas de rédito. ¿Vale la pena?

La escritura ya no está en manos del talento más ingenioso y persuasivo sino de agencias que con software especializado miden la cantidad de ocurrencias de un término clave. ¿Qué le dirían estas agencias a un chavo de veintitantos que está pasando apuros económicos mientras intenta escribir su novela si sugiriera hacerle publicidad a los pañuelos desechables escribiendo “Yo sin Kleenex no puedo vivir”. Seguramente le batearían la idea, porque no obedece al criterio de las palabras clave –“moco”, “catarro”, “resfriado”, “pañuelo”, “bolsillo”–, y se quedarían con el slogan que ya tenía la compañía: “No ponga el catarro en su bolsillo”. Por suerte, la propuesta de Gabriel García Márquez fue bien recibida, cambió por completo el mercado de los kleenex y ganó el dinerito que necesitaba para terminar su novela.


Pero eran los años sesenta, mucho antes de que Google le diera en la torre a nuestra lengua.


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Foto: Charles Deluvio / Unsplash


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Para leer


Miguel Ángel Furones

El escritor de anuncios

Suma de Letras (2013), 362 páginas


Esta novela es algo así como la versión literaria y española de Mad Men. Está bien, me divirtió bastante la autenticidad de la voz, pues el autor, Miguel Ángel Furones, lleva una carrera reconocida y respetada como escritor de anuncios, así que sabe de lo que escribe.


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Javier, el personaje, ama tanto las palabras, que se dedica enteramente a ellas. Por eso escribe, y escribe como nadie. Es un chingonazo. Y como Don Draper, Javier es también una figura trágica que no da una con las mujeres.


Pero eso no importa mucho, porque el verdadero protagonista de la historia no es Javier, sino las palabras. La novela está llena de reflexiones, de historias y de dribles verbales que no te dejan indiferente. Ningún algoritmo puede deshebrar las sutilezas palabreras con las que Furones nos muestra el mundo tras bambalinas de la industria de la publicidad.


Enrique G de la G

Contacto: [email protected]


*Las columnas de opinión de CC News reflejan sólo el punto de vista del autor.


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Enrique G de la G Enrique G de la G Ghostwriter y editor

Escritor fantasma y columnista cultural. Regio por nacimiento, berlinés por elección. Me muevo en bici y viajo en moto.

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