Fascismo en tiempos digitales y de elecciones

Karina EspinozaMiércoles, 24 de enero de 2018 18:18

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Cultura

14 puntos, según Umberto Eco, para saberse un fascista (intolerante y autoritario) de las redes sociales; no es un test pero parece.

Pocos procesos políticos son distintos desde finales del siglo XIX. Charles Peirce ya escribía en 1877, en La Fijación de la Creencia, sobre la sensación de dudar y creer. En resumen dijo:

La duda es un estado de inquietud e insatisfacción del que luchamos por liberarnos y pasar a un estado de creencia; mientras que este último es un estado de tranquilidad y satisfacción que no deseamos eludir o cambiar por una creencia en otra cosa. Al contrario, nos aferramos tenazmente no meramente a creer, sino a creer precisamente lo que creemos.

Así pues, dudar y creer son dos conceptos fundamentales en el orden político mexicano actual, más específicamente a los procesos electorales. Ejemplos sobran, basta con recordar el tema de precampañas presidenciales en México, llevarlo a la mesa o a las redes sociales para que —¡pum!— «aferrarnos a creer tenazmente en lo que ya creemos» sea la ley de argumentos.


Pero el pensamiento sobre el debate político es más complejo que la necedad, por fortuna. Entrama procesos de abstracción, comunicación y lenguajes armados y cíclicos. Umberto Eco lo expresó muy bien cuando en 1995, de rebote, retomó el pensamiento Peirceano y lo acotó al fascismo (y a la trivialización del término fascista), tan usado en "debates" políticos.


A modo fácil, Eco escribió en un ensayo para The New Yorker Review of Books, donde explicó una serie de características que organizan un sistema, como lo es la expresión y participación política. A lo largo del ensayo, Eco desmembró la palabra fascismo más allá del signo y la contextualizó a partir de los años 30, cuando los radicales estadounidenses la usaron para referirse a un policía que enjuiciaba sus hábitos de fumar. Luego contó su transformación la década siguiente, cuando la lucha contra el fascismo fue un deber moral para "los buenos estadounidenses". Después describió a la palabra como una manifestación cultural más para llamar a todo tipo de autoritarismo: ¡cerdo fascista!


Y así el fascismo dejó de ser fascista y se alineó a una mezcla de diferentes ideas filosóficas y políticas que describieran movimientos totalitarios. A esa tendencia la llamó Ur-Fascismo (o fascismo eterno). La concatenación de ideas aplica para otros conceptos, como el nazismo y su trivialización al feminazismo, cuya ignorancia de lo que implicó aquel régimen ideológico se desdibuja en la utilización de un término que se piensa socialmente humillante.


Pero Eco no paró en la historia de las palabras, creó un sistema para describir y aplicar el Ur-Fascismo y entender con ello un montón de interacciones sociales, incluidas aquellas que tienen que ver con los ciclos electorales partidistas, y toda la horda de detractores de movimientos sociales y religiosos, o incluso de las causas más sensatas, como aquellas en pro de los derechos humanos, o algo que, por supuesto, habrá quien llame corrección política. Pff.


1.Culto a la tradición.


2. Rechazo a lo moderno.


3. Culto de la acción por acción.


4. Desacuerdo es traición.


5. Miedo a la diferencia.


6. Apelación a la frustración social.


7. Obsesión con una conspiración.


8. La humillación, envidia y miedo al enemigo.


9. El pacifismo es el comercio con el enemigo. Deseo constante de guerra.



10. Desprecio por los débiles.


11. Todo el mundo es educado para convertirse en un héroe.


12. Machismo y armamento.


13. Populismo selectivo.


14. El Ur-Fascismo habla una especie de neolengua. (Algo así como empobrecer tanto el lenguaje, que se banalice todo razonamiento crítico).


Todo suena tan familiar.

ETIQUETAS: redes sociales fascismo México
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Karina Espinoza Karina Espinoza Periodista

Comunicóloga. Escribo y edito. Clavada del arte, la estética y el género. Marguerite Yourcenar y Julia Kristeva son mis superhéroes favoritos.

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